Danza

«Le Songe»: Cuando bailar es reír con el cuerpo

El Liceo recupera «Le Songe», la gran coreografía de Jean-Christophe Maillot con sus Les Ballets de Monte-Carlo, basado en «Sueño de una noche de verano», de Shakespeare.

El elenco del Ballet de Montecarlo está formado por 50 bailarines, 36 de los cuales estarán en este montaje. Foto: Alice Blanguero.
El elenco del Ballet de Montecarlo está formado por 50 bailarines, 36 de los cuales estarán en este montaje. Foto: Alice Blanguero.larazon

El Liceo recupera «Le Songe», la gran coreografía de Jean-Christophe Maillot con sus Les Ballets de Monte-Carlo, basado en «Sueño de una noche de verano», de Shakespeare.

Cuando un hombre se ríe, agranda el espacio bucal de sus labios y si se ríe más comprime su diafragma y luego lo suelta hasta tambalearse. Cuando un bailarín se ríe, las manos se levantan, el gesto se funde en sensaciones deslizadas y las piernas empiezan a dar pequeños latigazos arriba y abajo. Cuando un hombre sufre, arruga el rostro y contrae y curva su espina dorsal, como si quisiese resguardarse lejos. Cuando un bailarín sufre, los brazos se convierten en suspiros, el rostro se estira, el torso palpita rápido y los tobillos se levantan hasta el infinito. Cuando un hombre se asusta, abre los ojos y echa el rostro hacia atrás, mientras sus caderas parecen desprenderse del eje y sus piernas le fallan. Cuando un bailarín siente miedo, los músculos se le aceleran y sus saltos se alargan y todo él se apunta, en el sentido que crecen sus ángulos, se afinan.

El hombre y el bailarín no son lo mismo, está claro. El único coreógrafo que ha conseguido acercarlos un poco es Jean-Christophe Maillot, desde hace 25 años director de los prestigiosos Les Ballets de Monte-Carlo. Su capacidad como creador ha hecho que sus coreografías capturen toda la teatralidad detrás del comportamiento humano y le ha convertido en un gran renovador de los clásicos, así como un excelente intérprete de textos clásicos al lenguaje de la danza.

El mejor ejemplo de todo esto, el espectáculo que encierra toda su sabiduría, es «Le Songe», su muy sui géneris versión de «Sueño de una noche de verano», de William Shakespeare. Estrenada en 2005 se ha convertido en un clásico posmoderno en sí mismo. Maillot creó esta coreografía en 2005, cuando llevaba 22 años al frente del ballet monegasco, y en ella consiguió condensar la esencia de todas sus obras anteriores. «Es mi pieza preferida», reconoció ayer con sinceridad.

El Gran Teatro del Liceo acoge del 16 al 19 de mayo este espectacular montaje, que cuenta con 36 bailarines sobre el escenario y una revolucionaria puesta en escena que divide la acción shakespeariana en tres apartados. Por un lado, existe el mundo de los atenienses, donde impera la técnica y la perfección formal. Luego está el mundo de las hadas, cuando el escenario se llena de fantasía, color y sensualidad. Y por último aparece el mundo de los artesanos, que incluye la teatralidad de los actores, el sentido del humor de los comediantes y todo lo que es fiesta y representación. «Tenía claro estos tres mundos y quería que conviviesen a la vez, pero se viesen sus diferencias, por eso tenía que marcarlas mucho más», señaló.

De esta forma, la primera parte, la de los atenienses, ha utilizado música de Mendelssohn para marcar su clasicismo. A la par, sólo involucra a bailarines jóvenes por las exigencias físicas que requiere el movimiento. La segunda, la de las hadas, bailada por bailarines en torno a los 35 años, mucho más maduros emocionalmente, se impone los bailes más sensuales y expresivos, con música electrónica compuesta por Daniel Teruggi. Por último, los artesanos son los bailarines más veteranos, en torno a los 40 años, y la música vuelve a cambiar, con una pieza acústica obra de su hermano, Bertrand Maillot. «Lo que me he dado cuenta con los años es que cuanto más viejo te haces, más ganas de divertirte tienes. Esto es lo que les pasa a los artesanos, no se toman tan en serio como esos jóvenes para lo que todo es grave e imperativo», señaló Maillot.

Una historia de amor

De las muchas lecturas que se pueden hacer de la obra de Shakespeare, Maillot ha elegido la amorosa y cada uno de los tres universos representan una manera diferente de amar. «Me interesa mucho la teatralidad de la danza y como conseguir explicar una historia sin forzar los movimientos y convertirlos prácticamente en clichés, haciéndolos así anticuados u hortera», aseguró este mago de la danza, discípulo aventajado de los Ballets Rusos de Diaghilev. Maillot regresa cuatro años después al Liceo después de triunfar con «La Belle» y después de una larguísima trayectoria con más de 40 coreografías a sus espaldas. «He tenido la suerte de estar en el lugar adecuado en el momento adecuado», afirmó.