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La nueva forma de convivir en residencias a modo de hogares compartidos

Las residencias CleceVitam están estructuradas en unidades de convivencia, un revolucionario modelo de atención por el cual sus usuarios tienen una mayor autonomía y libertad en un espacio controlado, y se sienten “como en casa”. Tanto los mayores, como sus familiares y los profesionales que los cuidan se muestran muy satisfechos con el día a día en uno de estos hogares compartidos

Las unidades de convivencia permiten a las personas mayores vivir en grupos compactos, fomentando la relación diaria con compañeros y auxiliares.
Las unidades de convivencia permiten a las personas mayores vivir en grupos compactos, fomentando la relación diaria con compañeros y auxiliares. FOTO: Diego Sánchez La Razón

En un paso más allá por ofrecer el mejor servicio de calidad, CleceVitam, filial de Clece, lleva aplicando desde antes de la pandemia un modelo de atención diferente para sus usuarios. Se trata de las unidades de convivencia, una forma de relacionarse en sus centros que permite a los usuarios una mayor libertad, autonomía y mucha más tranquilidad.

En estas unidades, y como una familia, los usuarios de los centros CleceVitam comparten siempre los mismos espacios amplios, con todo tipo de comodidades a su alcance, con los mismos compañeros y los mismos profesionales.

Sentirse como en casa

“Las unidades de convivencia nacen cuando les preguntamos a las personas mayores qué querían”, cuenta Laura Cantero, jefa de Servicio de CleceVitam. “Para nosotros es muy importante conocer sus deseos, cómo quieren vivir, o cómo ven que pueden mejorar su día a día”. Y los usuarios fueron claros: querían “estar siempre con las mismas auxiliares, acompañados por las mismas personas, en su propio hogar.

De esta manera, las unidades de convivencia permiten a las personas mayores vivir en grupos compactos, fomentando la relación diaria, no solo con otros compañeros, sino también con las mismas auxiliares. Así, se forjan verdaderas relaciones de cariño, basadas en la cercanía y en una forma de atención directa, en la que los usuarios de la residencia están siempre rodeados de otros usuarios que los complementan y con los que son compatibles, y con sus profesionales de confianza.

Para Cantero, el beneficio es claro: “Existe una ayuda mutua, unos usuarios protegen a otros, porque el rol de cuidar nunca se pierde”. La convivencia entre amigos es mucho mejor, pero no solo eso: estas unidades de convivencia cuentan además con todo tipo de ayudas técnicas, como sillones geriátricos, un televisor muy grande que pueden ver juntos, la cocina a la que pueden traer sus propios alimentos… Esto hace que sientan más suyo el lugar en el que viven y puedan moverse libremente entre las habitaciones y el resto de dependencias compartidas donde tienen todo a mano. Y siempre, en un espacio controlado y más reducido que una residencia grande, lo cual es muy positivo para evitar la soledad.

Por último, esto no solo es beneficioso para los mayores: las auxiliares consideran que se trata de una forma de trabajar más cómoda, al estar mucho más cerca de los usuarios y saber de sus deseos, sus manías, etc.

Compartiendo gustos, actividades e intereses

“Es el estilo del cohousing finlandés”, comenta Cantero, “solo que, además, y gracias a que las auxiliares son sus personas de referencia y les conocen mejor que nadie, podemos dirigir actividades que son de su interés y que les hacen sentir en activo”.

“Una persona que ha sido ama de casa toda su vida no va a querer pintar siempre y, por eso, se le buscan actividades que puedan ser de su agrado, como por ejemplo, tener su propio huerto”, explica esta profesional. “Siempre se busca cumplir un objetivo”, completa.

Estas actividades son de tipos muy variados, ya que son el resultado de la comunicación fluida entre usuarios y auxiliares, pilar fundamental en estas unidades de convivencia, basadas en la interacción directa y constante. “Buscamos que nuestras auxiliares no sean solo meras auxiliares, sino que se conviertan en personas de referencia para los mayores, personas en las que puedan confiar”, con las que puedan compartir sus gustos y demás aspectos propios de una relación diaria en la que las auxiliares no tienen rotación.

Esta relación se extiende, además, a los familiares, con los que la comunicación es también muy buena y de los que también se extrae mucha información valiosa sobre los usuarios. “Al final se acaba entablando una relación y son muchas veces los familiares los que nos ayudan a recabar información sobre los gustos y las costumbres de sus seres queridos”, describe Cantero.

Unidades de convalecencia: cuidando de forma temporal

Estas unidades también están preparadas para atender convalecencias o estancias temporales con el tiempo necesario para que una persona se recupere de alguna dolencia concreta.

Por ejemplo, una persona que ha sufrido un ictus necesita rehabilitación neuropsicológica durante las 6 primeras semanas de su recuperación, ya que este tiempo es crucial para evitar secuelas.

Gracias a este servicio, puede ingresar en la unidad de convalecencia y es posible darle la atención médica y los cuidados necesarios las 24 horas del día. Esto es posible debido a que CleceVitam cuenta con todos los profesionales necesarios para llevar a cabo tratamientos de recuperación y rehabilitación, sin que conlleve un coste adicional al usuario.

Del mismo modo, estas unidades también existen para atender temporalmente al usuario cuando corresponda el “respiro” de su cuidador. Según la Ley de Promoción de la Autonomía Personal, los cuidadores familiares tienen 30 días al año para descansar de ese cuidado y poder aliviar esta tarea.

Se trata de una estancia temporal que, de acuerdo con los expertos, es un recurso muy importante, tanto para la persona a cargo como para la persona mayor, ya que permite cargar fuerzas al primero y estar totalmente atendido al segundo.

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