Virgen de Torreciudad
Virgen de TorreciudadLa Razón

La imagen de la Virgen de Torreciudad se salva de la hoguera en 1936

La imagen románica se salvó de una situación límite, cuando la diócesis de Barbastro sufrió una de las persecuciones religiosas más violentas que se recuerda en la historia

El vecino de Ubiergo Joaquín Durán, recordaba que su padre había acordado con don José Muzás, prior del santuario de Torreciudad, el que ese año de 1936 le bajaría los corderos. “Mire, mosén, este año le bajaré los corderitos y los cría aquí y cuando llegue la comida de la familia nos los comemos”. Las familias de la zona solían ir al santuario de Torreciudad en los meses de agosto y septiembre, para pasar el día juntos, rezar el rosario, confesarse y asistir a la santa misa. Era algo que hacían desde más de ocho siglos los vecinos de la Ribagorza, Sobrarbe y Somontano de Barbastro (Huesca), que sentían devoción por esta advocación, tan famosa por curar los males relacionados con la cabeza (epilepsia, meningitis, etc.).

Aquel año, sin embargo, no se pudieron comer los corderos, porque en el mes de julio estalló la Guerra Civil y la diócesis de Barbastro sufrió una de las persecuciones religiosas más violentas que se recuerda en la historia. Don José Muzás tuvo que huir del santuario y refugiarse en casa Salamero de Bolturina con unos familiares; después estuvo en una caseta y finalmente se entregó a los milicianos de Graus el 17 de agosto. Lo asesinaron cuatro días más tarde.

El santuario de Torreciudad y la casa aneja fueron saqueados. Se expoliaron los vasos sagrados, los ornamentos, muebles y demás enseres. En la entrada, se apilaron muchos de estos muebles para hacer una pira, como las que estaban ardiendo ya en media España y en Barbastro, donde la noche del 25 al 26, tuvo lugar uno de los incendios más terribles de su historia. La imagen románica de la Virgen de Torreciudad estaba en ese montón delante de la plazuela de la plaza de la ermita.

Ermita y río Cinca FOTO: La Razón

Don Antonio Oliveras era un jovencísimo sacerdote en 1936. Años más tarde, escribió una nota en la que resumía cómo se salvó la imagen de la Virgen. Transcribamos ahora la mitad: “En día 23 de julio, día antes o después, se personó el párroco de Burceat, Dn. José Sesa, en su pueblo de Bolturina, (nativo) preguntó a su hermano Antonio, qué habían hecho de la Virgen de Torreciudad, contestó: toda la ermita saqueada, solo queda en su Camarín la imagen. Le rogó fuera a ocultarla. Llegada la noche bajó a la Ermita, tomó la imagen, la envolvió con unos sacos, tomó un pozal de los que se usan para el agua, a 400 o 500 metros del Santuario, en unas rocas, difícil de penetrar, bien conocidas por el Antonio, por ser cazador, la ocultó” (1).

La acción de Antonio Sesa estuvo a punto de costarle la vida, lo mismo que el haber alojado a su hermano sacerdote en su casa. En torno al 28 de julio, los milicianos llegaron a su casa en Bolturina y se lo llevaron. Don José Sesa los recibió con serenidad y les dijo: “No tenían ustedes necesidad de molestarse, con una simple comunicación me hubiera yo mismo presentado. No temo a la muerte. Gustoso moriré por lo que siempre he enseñado y profesado. Ahora mismo marcho con ustedes” (2). Don José Sesa murió fusilado con otras muchas personas, una de ellas don José Muzás, el prior.

Ya hemos visto que la imagen de la Virgen de Torreciudad se salvó en una situación límite. Pero, ¿cómo y dónde salvó la imagen de la Virgen? María Teresa Sesa, cuenta que su abuelo bajó con un borrico a por la Virgen. Que la salvó del montón que había delante de la ermita, preparado para la hoguera del día siguiente. Y que la escondió muy cerca de la ermita. Don Antonio Oliveras escribió que la escondió “a 400 o 500 metros del Santuario, en unas rocas, difícil de penetrar”.

Liberada la zona por los nacionales a finales del invierno y comienzos de la primavera de 1938, Antonio Sesa fue, a buscar la imagen de la Virgen. La llevó a su casa, Casa Fuster de Bolturina, donde estuvo unos meses, de abril hasta agosto. Así lo refiere don Antonio Oliveras en la nota ya citada: “Llegada la liberación, todos decían: la imagen no se quemó, ante el temor de haber sido robada calló, por el peligro que suponía. Pasaron bastantes días, bajó a buscarla, tal como la había dejado la encontró; la tomó entre sus brazos, la conduce a su casa. Se lo comunica al Párroco. Restaurado parte del Santuario, volvió a su Camarín, siendo una de las más importantes concentraciones que han existido” (3).

La noticia de que la imagen de la Virgen de Torreciudad se había salvado, causó una honda impresión en la comarca, pues muchos la daban por sustraída o quemada. Por eso, con buen acuerdo, pasados unos meses y restaurada ya la ermita que había sido saqueada y quemada por los milicianos rojos, se decidió conmemorar la fiesta de la Virgen, que se celebra siempre el domingo siguiente a la Asunción de Nuestra Señora, con la devolución a su santuario.

Se editó una vibrante proclama para anunciar dicho acto, que transcribimos a continuación: “¡Católicos!: la venerada imagen de Nuestra Señora de Torre-Ciudad, que por los años gloriosos de 1084 fue encontrada y entronizada por nuestros antepasados en la mezquita de los moros expulsados de su ciudad-torre, la Imagen ante la cual nos presentaron nuestras madres; la que invocaron nuestros enfermos en su agonía, nuestros labradores en sus aflicciones, nuestros soldados en sus combates, ha sido de nuevo encontrada, por singular beneplácito divino que gobierna para sus fines las humanas voluntades y será solemnemente entronizada en su secular Basílica de Torre-Ciudad el domingo 21 de agosto” (4).

Virgen de Torreciudad FOTO: archivo

Esta noticia se difundió mucho por la zona. Joaquín Durán, estando en el frente, se enteró de este suceso, una chica de Puy de Cinca, Basilia, le escribió contándoselo. Joaquín pidió permiso a su capitán y se lo concedieron. Así lo refiere:

“Y yo le pedí a mi capitán que siempre iba a la romería de Torreciudad y si me daba permiso. Y el día que nombraron los permisos me llamaron de la compañía y me dieron permiso para ocho días, para san Joaquín. Estaba en el frente de Madrid y tuve que venir por Ávila y ya me costó un día y de allí en el tren hasta Valladolid y de allí a Zaragoza, donde visité el Pilar. Y luego a Ubiergo: nadie se lo creía. Ese domingo, todo eran mujeres y hombres de edad, porque los de veinte años estaban de servicio. La bajaron muchas mujeres, la Carmen Flores que ya ha muerto, iba Lolita Nacenta, que aún vive, de la Puebla iban algunas chicas. Y entonces, a mitad de camino se la tomé a estas chicas y la llevé algún rato, de vez en cuando nos íbamos turnando, y la pude bajar yo. Y desde aquel he estado en Torreciudad todos los años” (5).

La Virgen de Torreciudad fue trasladada procesionalmente a las seis de la mañana de aquel día, desde la iglesia parroquial de Bolturina al santuario. Una misa rezada se celebró a las ocho, otra solemne a las diez, seguida del canto de la salve y la veneración de la imagen de Nuestra Señora; por la tarde, a las tres, se rezó el Rosario y fueron cantados los gozos de la Virgen.

(1) Archivo Histórico de Torreciudad, “Relato de don Antonio Oliveras, sacerdote, sobre cómo se salvó la Virgen de Torreciudad”.
(2) Santos Lalueza, “Martirio de la Iglesia de Barbastro”. 1936-1938, Barbastro 1989, p. 135.
(3) Archivo Histórico de Torreciudad, “Relato de don Antonio Oliveras, sacerdote, sobre cómo se salvó la Virgen de Torreciudad”.
(4) Cfr. Martín Ibarra Benlloch, “Noticias históricas sobre Torreciudad”, en Torreciudad, 2003 (1988), 3ª ed., p. 49
(5) Entrevista de Yago Martínez a Joaquín Durán, el 10-IX-1997.