Miel Gibson, una marca «maldita»

La abogada de Gibson no le prohibió usar el juego de palabras, solo la imagen

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Viajar por España este verano no sólo te reconcilia con tu pueblo natal. También reconforta comprobar lo parecidos que somos a lo largo y ancho de la geografía española. Una de las claves para aventurar esta teoría es la nomenclatura de los bares. ¿Por cuántos Casa Manolo hemos pasado este año? Por no hablar de Bar Paco o Bar Antonio, el equivalente al Zara de las barras y sin olvidarnos de los sutiles «La Esquina», «El Frenazo», «El Cruce», «La Estación» o El Paso». Eso sí, no son franquicias, y en cada uno el pincho y el encanto dependen del dueño. Otro rasgo que nos hermana a los españoles es el humor. En muchos locales de España, fue la guasa la que inclinó la balanza a favor de algunas nomenclaturas. En publicidad hay una disciplina que se denomina «naming» y hasta se hacen estudios de mercado para que las marcas encajen con el público objetivo. En la hostelería se tira de ocurrencias y de juegos de palabras. «Breaking Bar», «Las Birras de Brian», «La Tapilla Sixtina», «Con Dos Fogones», «Bar Knofler», «La Santa Sed», «Bar Kito», «Tasca Txondo», «Latina Turner»... Son todos nombres que deberían pasar a la historia de las marcas. Ahora bien, a la originalidad, hay que añadirle ciertas cuestiones legales, pues en estos tiempos, cualquiera se puede hacer una foto en el «Bar Simpson» y provocar que la Fox o el propio Matt Groening pidan su parte. Hace años, el banco británico hizo cerrar el «Bar Clays», con su fachada pintada de azul sucursal, de Sevilla.

Es lo que le ha ocurrido a una emprendedora chilena. La profesora Yohana Agurto se lanzó a la aventura empresarial después de quedarse en paro por la pandemia de coronavirus. Agurto vendería miel pura bajo su marca y eslogan: «Miel Gibson; Solo para corazones valientes». Para la etiqueta, la foto del actor en su legendaria «Braveheart». La profesora creó una cuenta en Twitter promocionando su miel. Pero, en la era de la globalización, hubo quien avisó al propio Gibson de la «start-up» chilena. «Quizás tus abogados quieran ver esto», le escribieron al actor australiano. Una semana después, llegaron las amenazas del equipo legal de Gibson. Una advertencia de que no podía usar la imagen de Gibson sin consentimiento. En el correo electrónico avisaban de que tomarían acciones legales si no retiraba la imagen del actor encarnando a William Wallace. Después de una campaña en redes sociales, la marca cosechó notoriedad y seguidores, pero también el silencio de Gibson cuándo le pidió permiso para usar su imagen. Agurto quitó la imagen de la miel (aún no hay etiqueta) y cambió el eslogan: «Extraída del corazón de los bosques del sur; 100% natural». Ni rastro de héroes escoceses. La abogada de Gibson no le prohibió usar el juego de palabras, solo la imagen.

Cuando parecía que habían terminado sus problemas legales, el pasado 17 de agosto, otra chilena decidió registrar la marca «Miel de Ulmo Gibson Chile» en el equivalente a la Oficina de Patentes y Marcas española de Chile. Justo un día antes de que ella finalmente hubiera registrado su recién nacida empresa. Por lo que Agurto aún no tiene total libertad para comercializar su marca. Tiemblo al pensar qué hubiera pasado si el primer «Casa Manolo» lo hubiera registrado...