Un cadáver en un armario de 35 millones de euros

El asesino se llevó el secreto a la tumba. Lo dice el aforismo inglés: dos personas pueden guardar un secreto, si una de ellas está muerta

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Todos guardamos secretos, por muy transparentes que nos creamos. Se ocultan para no hacer daño a los demás, o por puro egoísmo: para poseer algo que solo es nuestro. También hay mucho «postureo» en el secretismo. Personas que fomentan ese halo de misterio, pero a veces se pasan de rosca enigmática y se vuelven tan inaccesibles como repelentes. Quizá se tomen la sabiduría del refranero español al pie de la letra, pues «a quien dices el secreto das tu libertad».

Lo ocurrido este año en París es ahora un secreto a voces, pero logró permanecer escondido durante treinta años. En enero pasado, una discreta compañía neerlandesa subastó un enorme palacete de París. El precio inicial era de seis millones de euros. En apenas 15 minutos, la cifra se fue multiplicando hasta que finalmente cerró en 35 millones. La propiedad, ubicada en el exclusivo distrito 7, en pleno corazón de París, y a escasos metros de la Tumba de Napoleón o el Museo Rodin, lo merecía.

En los mentideros inmobiliarios, se denominaba a este extenso complejo como la última propiedad más atractiva de París: sus imponentes jardines propios y un bello patio interior la hacían aún más codiciada. Su comprador final, el influyente inversor bancario Jean-Bernard Lofonta, inició en febrero las obras de remodelación de esta villa de 1.580 metros cuadrados.

Por fin, después de decenas de años vacía, el número 12 de la calle Oudinot volvía a tener vida. Camiones, carretillas, arquitectos y un sinfín de operarios visitaban a diario el complejo para su rehabilitación. Sin embargo, a las dos semanas, el lavado de cara y los planes para devolverlo a su esplendor se frenaron en seco. Y no fue por el confinamiento provocado por la pandemia del coronavirus.

Los obreros hallaron un cadáver en el sótano del edificio principal. Hasta entonces, ni el dueño ni los administradores ni nadie había entrado en los bajos del lujoso edificio del siglo XVIII. ¿Cuantos años llevaba allí?

El cuerpo, según informaron los investigadores después a la Prensa francesa, era de un hombre de mediana edad. Llevaba unos treinta años en el sótano de la otrora fastuosa finca. Tenía signos de haber sido apuñalado y varios huesos rotos. El 26 de febrero se abrió una investigación criminal.

Meses después, se identificó a la víctima: Jean-Pierre Renaud y se avisó a sus hijos. Los investigadores creen que Renaud tenía un problema con el alcohol. Pero no pudieron concluir, debido al paso del tiempo, si fue asesinado en el sótano de la mansión o si su cadáver fue trasladado hasta allí. Tampoco se podrá averiguar ya, apuntan las autoridades galas, quién fue el asesino. Es más, las pesquisas de los investigadores les llevan a concluir que el sospechoso lleva años fallecido.

El asesino se llevó el secreto a la tumba. Lo dice el aforismo inglés: dos personas pueden guardar un secreto, si una de ellas está muerta.