Y todavía quieren más

Pero es un hecho que la segunda oleada nos pilla con los sanitarios sobresaturados, muchos de ellos sin vacaciones, no se han cubierto bajas ni se ha contratado a más personal.

Me comentaba este fin de semana muy preocupado un dirigente autonómico que los sanitarios están «hartos». Cada día habla con el gerente, amigo personal, de uno de los principales hospitales de su «feudo», y el mensaje es devastador: aumentan las bajas, desánimo y poca capacidad de colaboración. Muchos profesionales sanitarios dejarían de trabajar, si pudieran, ante la segunda oleada de la covid.Ésta es la vida real, de la que no hablan en sus discursos quienes están ya echando cálculos de los pros y los contras electorales de un estado de alarma con el apoyo del PP o sin su apoyo. O de cómo hacer para que no afecte a los planes electorales de ERC, que quiere urnas como sea en febrero para ver si le puede tumbar el pulso a Puigdemont. El estado de alarma no permite convocar elecciones, salvo que lo autorice el Gobierno vía Real Decreto, y Pedro Sánchez hará lo que les venga bien a Oriol Junqueras y a Gabriel Rufián.De nuevo en la vida real, el citado presidente autonómico no critica el desánimo de los sanitarios, a diferencia de otros políticos que reclaman más esfuerzo y regañan al personal por no estar tan colaborativo como durante el primer estado de alarma. Todavía se atreven a pedir que la sociedad civil siga cubriendo todas las carencias que ellos han dejado al descubierto durante estos últimos siete meses. Más compromiso, más unidad, más entrega, todo el compromiso, la unidad y la entrega que a ellos les ha faltado en el ámbito de la gestión.En marzo pasado la pandemia nos cogió a todos por sorpresa y los sanitarios, el conjunto de la sociedad en sí, entregó más de lo que tenía para ayudar a los gestores a salir del agujero, y darles más tiempo para reaccionar y ofrecer soluciones. La política no ha estado a la altura, y hay que reconocer que muchos de nosotros tampoco por irresponsables, insolidarios o inconscientes.Pero es un hecho que la segunda oleada nos pilla con los sanitarios sobresaturados, muchos de ellos sin vacaciones, no se han cubierto bajas ni se ha contratado a más personal. Todo el foco vuelve a ponerse en las restricciones de movimiento y en confinamientos que no cumplen su función si no son aprovechados para hacer el diagnóstico de la población afectada, y para ello harían falta los rastreadores, los test y los refuerzos de los centros de salud que ya no llegan a tiempo. Y de los que ya apenas se habla.