Surrealista realidad
La superación de los límites, de las reducciones identitarias, todo eso que parecía inamovible empieza a resquebrajarse
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La primera vez que vi una pintura de Morandi fue en su ciudad natal. Una exposición en la Plaza Mayor de Bolonia nos recibía a los recién estrenados erasmus con sus bodegones, sus naturalezas muertas, su quietud y su tiempo como suspendido. Aquellas composiciones de objetos, a las que Fellini dejó entrar en «La dolce vita», tan estudiadas, tan pensadas y a la vez tan cotidianas condensaban todas las posibilidades vitales, todas las opciones de una Europa que se ofrecía, abierta y conectada, a una generación convencida de la trascendencia del proyecto común y de las ventajas de superar fronteras. Veinte años después (ay, lo que diría Gil de Biedma), una parte de la obra del pintor boloñés está de visita en Madrid, en la Fundación Mapfre, y resulta imposible no evocar a través de sus lienzos el laberíntico tránsito recorrido por la Unión Europea: de aquella asentada y compartida convicción unitaria al resurgir de los nacionalismos populistas y los retrovisores culturales que aspiran a inverosímiles pasos atrás. A Europa, en este tiempo, la ha amenazado un «grexit», se le ha consumado un «brexit» y ahora emerge, por el este y como a traición, el fantasma del «polexit». Ya avisó Morandi que «no hay nada más surrealista que la realidad». La dinamita que colocan a diario en los cimientos bruselenses los países de Visegrado (entre otros) ha detonado en Polonia: la decisión de sus tribunales de acabar con la preeminencia de las normas comunitarias desbarata su esencia, rompe con los acuerdos firmados y deja ver frente al espejo la imagen más deformada y limitante de los nacionalismos (que tan bien conocemos, además, en España). La superación de los límites, de las reducciones identitarias, todo eso que parecía inamovible empieza a resquebrajarse por ensimismamientos de cortísimo alcance y embestidas iliberales contra el carácter expansivo y solidario de un club que ha procurado décadas de prosperidad a países enfrentados durante siglos. Morandi esquivó los vaivenes artísticos de su época y captó la firmeza y la densidad de lo permanente en sus obras. Ahora que vuelvo a mirarlas pienso que ojalá Europa sepa hacer lo mismo.