Enfermedades

TLP..

Pesan sobre sus espaldas una larga lista de colegios e institutos que los han expulsado, psiquiatras y psicólogos fallidos, terapeutas abandonados

El chico es moreno, de ojos profundos, pero distraídos. A menudo deja vagar la mirada y uno sabe que ya no escucha, que está en lo suyo. La chica es rubia, de ojos azules y tiene gestos nerviosos, de hiperactiva. Él tiene antecedentes tras agredir a un policía que lo multó por beber en la calle. Ella robó a una anciana a la que cuidaba. Pesan sobre sus espaldas una larga lista de colegios e institutos que los han expulsado, psiquiatras y psicólogos fallidos, terapeutas abandonados. Se subían a los estrados para hacer burla del profesor, llevaban bolas de hachís en los bolsillos del uniforme, vejaban a los débiles, desaparecían de clase. La poli suele irrumpir en sus casas cada vez que hay follón con la familia. No les importa demasiado, en realidad casi nadie les importa en absoluto. Saben que son superiores, que han sido bendecidos con algún don que los demás se empeñan en no apreciar. El chico compone rap, la chica escribe novela. Saben mucho de casi todo y experimentan un gran placer en adoctrinar. Su compañía son las personas que se les aproximan buscando afecto, como la polilla anhela ansiosamente la luz, porque ellos lo dan a raudales, obsesivamente, siempre y cuando se los adore en exclusiva. Esta prospección del afecto hace que el chico contraiga enfermedades venéreas una o dos veces al año. A ella, los padres han tenido que proporcionarle anticonceptivos desde que empezaron a temer los embarazos.

Hay veces que la convicción de haber sido elegidos, ungidos, se desdibuja. Amanecen entonces días umbríos, en los que se perfila una vida desparramada y huera, sin logros. En esas jornadas, ambos languidecen. Apenas pueden lavarse o salir de casa, pierden el impulso, hasta quieren morir. Acarician la tentación de un final acorde con una vida trágica y joven. Qué fácil, entonces, ayudarse de marihuana, coca, pastillas. Qué consuelo volver a la percepción vertiginosa y el verbo fácil y la actividad desenfrenada.

También hay días furiosos, en los que todo les parece por enseñar y los demás se revelan estúpidos y torpes. Ay, si el mundo sordo los escuchase. Si atendiese a esta sabiduría innata que atesoran sólo ellos, preferidos de unos dioses ocultos al resto. En esos días les es lícito saltarse los torpes controles sociales. Los pagos en el transporte público, los límites de la propiedad privada, las prohibiciones de cruzar las vías del tren o trepar a lo alto de un edificio.

Sus padres no los entienden, ellos sienten que los abandonaron cuando los necesitaban. Sus maestros tampoco, la sociedad es indigna de sus personas. El chico y la chica padecen Trastorno Límite de la Personalidad, TLP.