Cádiz olvidada

Hay tanto por resolver que, francamente, me indigna que PSOE y Podemos dediquen su tiempo a anunciarnos una enmienda a la Ley de Memoria que viene a resucitar a las cansinas dos Españas

FOTO: Javier Fergo AP

Es la provincia más bella y mágica, una España en miniatura. En Cádiz, al sur del Sur, encontrarás playas de ensueño, una sierra blanca y verde donde te perderías para siempre, con parajes nevados impensables, de postal. Y qué decirte del duende, la nobleza y la simpatía natural de sus gentes, de su cultura milenaria, de esa luz suya, única, capaz de devolverte años de vida.

El talón de Aquiles de mi tierra, siempre, ha sido la falta de oportunidades laborales. Cádiz vive desde hace décadas de una industria naval que se muere a cámara lenta, sin que nadie haya hecho nada para remediarlo. Y ahora depende, básicamente, de un turismo a merced de una pandemia ascendente. No hay más por allí, la decadencia le puede al inmenso potencial.

Observo las barricadas de fuego, los neumáticos ardiendo, las pelotas de goma volando, y retrocedo a la infancia, a esas mismas imágenes. Y huelo a pólvora, y siento la misma tristeza e impotencia de entonces. Y recuerdo por qué tenía ya la seguridad, en los años 80 y 90, de que me tocaría emigrar para buscarme la vida.

La huelga del sector del metal va mucho allá de la petición de una subida del IPC. Es la punta del iceberg de una situación de hartazgo y desilusión colectiva que viene de lejos. El paro galopante de mi provincia, un 23,16%, casa con su elevada abstención en las últimas elecciones generales. Quizá por periférica, no ha sido nunca prioritaria para los gobernantes. Los desencantos empresariales se acumulan allí: cerraron Tabacalera, Visteon, Delphi, Gadir Solar, Airbus Puerto Real. Ahora que protesta el metal, reina el escepticismo. Y unos cuantos violentos, por desgracia, se llevan los titulares del día.

Cádiz es un espejo en el que este Gobierno debe mirarse. Lo mismo que otros muchos lugares, con sus puestos de trabajo entre interrogantes. Las protestas irán a más por la coyuntura económica en la que estamos inmersos, con los precios de la luz y del combustible en máximos, con nuevos impuestos a la vista que no pueden permitirse los transportistas, con agricultores y ganaderos alborotados, viendo que los costes de producción se disparan a niveles desconocidos. Y, por supuesto, con una sexta ola de coronavirus que amenaza con nuevas restricciones en Navidades, con todo el perjuicio económico que eso conlleva.

Hay tanto por resolver que, francamente, me indigna que PSOE y Podemos dediquen su tiempo a anunciarnos una enmienda a la Ley de Memoria que viene a resucitar a las cansinas dos Españas, solo por complacer a sus socios independentistas. Y que luego, el Gobierno reconozca que, cuando la Ley de Memoria Democrática entre en vigor, «no aportará ningún cambio» y se le enfaden, de paso, en ERC. Menudo enredo. Cuánta cortina de humo, con tal de evitar los verdaderos problemas de este país.