Yolanda Díaz «for president»

La batalla interna en Podemos debe de ser monumental

Sandra Golpe

Todos en guardia ante Ómicron, esa misteriosa variante con más de 30 mutaciones que no se sabe de dónde viene aunque todos hayan señalado, apresurados, al cono sur africano. Ómicron contagia a los ya vacunados, ha causado el desplome de las bolsas y un miedo global que invita, de nuevo, al confinamiento colectivo. Mirad a los alemanes, que encierran ya a los negacionistas.

El problema, amigos, es que ya no podemos permitirnos económicamente otro repliegue. De modo que Europa, en un arranque de desesperación, abre el melón de la vacunación obligatoria y nosotros, aquí, nos enredamos en cómo frenar los contagios y la transmisión comunitaria a base de restricciones. El Gobierno sigue imperturbable, apostando por un tratado internacional de pandemias pero –adviértase la incongruencia– sin querer apostar antes por una Ley nacional, común para todos. Cada Comunidad, una vez más, va a su aire, pidiendo permiso a sus respectivos tribunales para poder limitar movimientos.

El caos de las restricciones se repetirá este puente, estas navidades. Caminaremos todos con el pasaporte covid bajo el brazo, con la mascarilla permanente y con la lejanísima esperanza de un 2022 libres del bicho. A los poquitos negacionistas españoles habría que ponerles en bucle el vídeo del líder antivacunas italiano, Lorenzo Damiano: se ha contagiado, ha pasado por la UCI. Son impagables sus últimas palabras de fe en la vacuna, desde un hospital, pidiendo a los italianos «seguir la ciencia, que cura y salva».

Aquí, en lo político, está el patio repleto de escépticos. Ciudadanos reza para no extinguirse en las próximas elecciones andaluzas. Y la frialdad entre Casado y Ayuso no puede esconderse ni siquiera en la presentación del libro de Mariano Rajoy. ¿Así es cómo pretende el PP ganar unas elecciones? Allá donde miremos, el panorama es turbio. ERC domina el espectáculo gubernamental, imponiendo ahora el doblaje al catalán en las plataformas audiovisuales. De ellos puede depender, incluso, que se señale, en una nota, a determinados periodistas «molestos» en el Congreso y que, en esa nota, aparezca la firma del PSOE. Ver para creer.

Pero sin duda, la protagonista del final de la semana se llama Yolanda Díaz. Marca perfil la vicepresidenta para desmarcarse de los suyos. La batalla interna en Podemos debe de ser monumental, ahora que Díaz anuncia la inminente presentación de su plataforma «transversal», alejada del espacio ideológico de extrema izquierda que ahora mismo ocupa. Ese rincón se le queda pequeño. Quiere ser presidenta y ego le sobra, lo mismo que a Sánchez. Eso sí, tendrá que explicar mejor por qué hace dos años, antes del 8M, este Gobierno conocía la gravedad del coronavirus, pero no se tomaron medidas a tiempo. Aquello ya se sospechaba, solo que ahora ella lo verbaliza, y duele. ¿Qué impacto tendría entre los votantes la candidata Díaz? ¿Cuánto daño haría al PSOE? Pronto lo sabremos.