Discutible zoofilia

No habrá ley coherente sobre los animales hasta que los españoles no reconozcan que aman a sus mascotas porque estas no les llevan la contraria. Confunden amor incondicional con sumisión

Restaurantes en los que dejan pasar a perros
FOTO: Pixabay

¡Qué grande la ley de bienestar animal que está preparando el Gobierno! Es una de las cosas más extraordinariamente contradictorias que en años se ha visto en el panorama legislativo. Va a ser una ley llena, de entrada, de excepciones y discriminaciones en su propia concepción. Unas discriminaciones que, obviamente, se aceptarán debido a que de animales se trata, porque si el objetivo de su aplicación fueran seres humanos provocaría tal escándalo por sus planteamientos arbitrarios que resultaría inaceptable. La arbitrariedad se debe a que el legislador sabe perfectamente que una regulación que responda al espíritu que pretende simular en esa ley es, ahora mismo, inaplicable. Y ahí está la gran contradicción: aspirar a redactar una ley cuyo texto va a ir en muchos fragmentos, por necesidades prácticas, contra el espíritu de la propia ley: ¿Para qué entonces la iniciativa? ¿Por qué meterse en ese jardín?

La respuesta en sencilla: puesto que el Gobierno ha sido incapaz de mantener en sus parámetros habituales el estado del bienestar para nuestros humanos, al menos quiere poder decir que lo ha mantenido para alguien: periquitos, hurones y otras mascotas. Confía en la conocida zoofilia de las últimas generaciones de españoles. Son legión los que se irritan cíclicamente por considerar que sus vecinos no tenemos el suficiente amor por los animales. Yo no es que no ame a los animales, sino que prefiero amar a las personas. Siempre me pregunto si estos filántropos que defienden a las mascotas no harían mejor gastando su dinero de veterinarios y croquetas deshidratadas en sacar de su triste situación a un niño soldado etíope.

No habrá ley coherente sobre los animales hasta que los españoles no reconozcan que aman a sus mascotas porque estas no les llevan la contraria. Confunden amor incondicional con sumisión. Si las mascotas les contradijeran comúnmente, muchas de ellas conocerían un fin prematuro ahogadas en oscuras bañeras y lavabos de nuestros pisos y adosados de clase media.