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50 años de Ifni

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Tiempo de lectura 4 min.

22 de junio de 2019. 22:30h

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Tomás Torres Peral.  22/6/2019

En estos días se cumplen 50 años de la entrega del territorio de Ifni a Marruecos, llevada a cabo el 30 de junio de 1969, en cumplimiento del Tratado de Retrocesión firmado en Fez el 4 de enero del mismo año. El origen de la ocupación de Ifni se remonta al establecimiento español ubicado en un impreciso lugar de la costa occidental africana frente a las Islas Canarias, que se denominó Santa Cruz de la Mar Pequeña, y que fue fundado por Diego de Herrera en 1.476. Las razones de la permanencia española en la costa occidental africana hay que buscarlas tanto en motivos económicos, fundamentalmente pesca y comercio, como defensivos de la piratería berberisca. Este establecimiento se consolidó en el tiempo y así, en el Tratado de Cintra de 1.509 se reconocía que «La Torre de Santa Cruz que está en la Mar Pequeña y es de Castilla y debe quedarle». La Torre fue destruida en varias ocasiones por los ataques de la Berbería, siendo reconstruido en otras tantas veces hasta que en 1.524 se abandonó. Olvidado de la política exterior española durante siglos, pero presente en la memoria colectiva, sobre todo de los canarios, y después de algún intento anterior, con motivo del Tratado de Wad-Ras de 1.860 los empresarios canarios convencieron a su paisano, el general tinerfeño O´Donell, para que se incluyera en el mismo un articulo, el octavo, que establecía que «SM Marroquí se obliga a conceder a perpetuidad a SM Católica en la costa del Océano junto a Santa Cruz la Pequeña el territorio suficiente para la formación de un establecimiento de pesquería como el que España tuvo allí antiguamente».

Tras varios intentos frustrados, la ocupación efectiva de Ifni se retrasó hasta el año 1.934, en que el coronel Capaz, en nombre de la II República Española, toma posesión de una parte de la costa donde se presumía que estuvo Santa Cruz de la Mar Pequeña. En cumplimiento del Tratado se estableció una comisión para determinar la correcta ubicación de la antigua Santa Cruz, decidiéndose, no sin dudas, la determinada por el capitán de navío e historiador Don Cesáreo Fernández Duro.

La elección del lugar no pudo haber sido más desafortunada, el cronista Manuel Chaves Nogales, quien vivió personalmente la ocupación de Ifni, lo describe así: «A vista de pájaro, esta nuestra provincia española de Ifni no es gran cosa. Una faja de terreno de sesenta kilómetros de larga por veinticinco de ancha, surcada por cinco o seis riachuelos, casi todos sin agua; una costa dura e inaccesible que el mar bate con furia, pegándole dentelladas y haciéndole unos socavones impresionantes; unos poblados moros, el mayor de quince casas; tierra pobre, pocos árboles».

Recientemente el historiador canario Gambin García ha aportado pruebas que podrían acreditar que Santa Cruz de la Mar Pequeña estaba más al sur y en una zona mucho más apta para los fines que se pretendían: en la Laguna de Naila, frente a la isla de Lanzarote, el antiguo Puerto Cansado, que era el lugar que propuso el brigadier de Infantería de Marina Don Pelayo Alcalá Galiano.

La ocupación de Ifni fue una iniciativa civil y económica, propiciada fundamentalmente por comerciantes canarios, quienes siempre han tenido puesta su proyección empresarial en la costa occidental africana. Fue el gobierno de la II República quien ocupó efectivamente el nuevo territorio, y fue el laicismo imperante en aquella época (véase el Boletín de la Sociedad Geográfica LXXXIV) el que impidió la histórica denominación de Santa Cruz de la Mar Pequeña, prefiriéndose el nombre árabe de Ifni, en honor al santón lugareño Sidi Al n´Ifni. En la decisión de ocupar Ifni tuvo un lugar destacado el presidente del Gobierno republicano, Alejandro Lerroux, en cuyas memorias se puede leer «me pareció aquel un pequeño motivo de enorme satisfacción para el alma nacional y para la mía».

Tras una ocupación pacífica, años de mucho esfuerzo y un incipiente desarrollo económico, aunque sin cumplir las expectativas iníciales, las tendencias anticolonialistas de la época tensionaron la situación en el territorio, hasta el punto que en los años 1957-58 se libró una guerra que el general Franco quiso pero no supo evitar, ni tampoco pudo concluirla con éxito. En virtud del Tratado de Angra de Cintra de 1958, se renunció de facto a Ifni, ya que la ocupación efectiva quedó reducida a poco más que a la capital.

Finalmente, y tras las resoluciones de la ONU que así lo exigían, terminó retrotrayéndose lo que quedaba de Ifni el 30 de junio de 1969, en cumplimiento del Tratado de Retrocesión de Fez. El conflicto de Ifni tuvo su origen en una decisión política de la Monarquía Isabelina y en una efectiva ocupación de la II República, aunque posteriormente lo tuvo que gestionar el gobierno del general Franco. Resulta justo recordar a aquellos españoles que allí cumplieron con su deber, en defensa de los intereses de España a las órdenes de sus respectivos gobiernos y, muy especialmente a los cerca de mil militares muertos, heridos o desaparecidos en una guerra que el gobierno del general Franco silenció, y que los actuales tampoco han querido rememorar.

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