Fernando G. Benavides: “Lo que ha pasado en Cataluña era esperable pero evitable”

El epidemiólogo asegura que "la solución no es construir un hospital de campaña, es prevenir, y eso es la identificación de casos para aislarlos. Para evitar esto, es necesario contratar epidemiólogos de campo"

Fernando G. Benavides, epidemiólogo.
Fernando G. Benavides, epidemiólogo.La RazónLa Razón

Ayer se hizo público el informe anual de empleo de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) y España tiene un lugar destacado: es el país con más trabajadores (56%) en riesgo de contagio por COVID-19. Según el estudio más de la mitad de los trabajadores en nuestro país desarrolla su actividad laboral en un entorno de riesgo de contagio como consecuencia del elevado grado de proximidad física entre compañeros y con el público. Esto es visible en Lérida. Para Fernando Garcia Benavides, catedrático de salud laboral de la Universidad Pompeu Fabra y ex presidente de la Sociedad de Epidemiologia, «esto que está ocurriendo en Lleida era esperable pero evitable. Recuerdo que un profesor de salud pública de la Universidad de Sevilla, nos contaba un cuento. En una determinada localidad, para ir a trabajar, los habitantes debían pasar cerca de un precipicio. Y de vez en cuando alguien caía. La respuesta fue construir un hospital al fondo del precipicio… cuando la solución era poner vallas y señalización para advertir del peligro. Aquí se sabía que esto podía ocurrir porque volvíamos a trabajar, a tener contacto, y apenas había un 5% de la población afectada. El 95% restantes somos susceptibles. El virus quiere seguir viviendo, como nosotros. Los lugares de ocio, de trabajo, son lugares en los que vamos a estar en contacto con el virus».

El informe de la OCDE señala dos colectivos especialmente vulnerables. Las mujeres, porque tienen más probabilidades de trabajar en empleos «de riesgo» en todos los países de la OCDE y los empleados con ingresos bajos, que son quienes se ven forzados a aceptar empleos de mayor riesgo. «La primera fase de la pandemia puso ante nuestros ojos una lacra que todos conocíamos – explica García Benavides en conversación telefónica –, incluso personalmente: las residencias de ancianos. Se trata de una situación lamentable y ahora se está respondiendo a ello: aumentando los recursos, incrementando los salarios y las capacidades de quienes trabajan allí. Pero esta segunda fase pone ante nuestra mirada otra lacra que también conocemos aunque miremos hacia otro lado: la inmigración. Es algo que necesitamos. Necesitamos de ellos y hay que regularizarlos. Ese es el primer paso para que accedan a la salud, a un salario digno, a una vivienda. Y esto ocurre ahora en Lérida, pero ya ocurrió antes en Aragón o en Murcia. Y es lamentable, había que haberlos regularizarlos antes. No podemos ignorarlo. ¿Efecto llamada? Pero por favor».

Habitualmente se dice que podríamos haberlo evitado, que no hemos tomado las decisiones adecuadas, que se veía venir… Pero todo ello mirando hacia el pasado. ¿Qué ocurre si miramos al presente? ¿Cuáles son los espejos en los cuáles deberíamos mirar para aprender cómo gestionar adecuadamente la pandemia?

«Hay muchos en el mundo, pero también dentro de España: Asturias, La Rioja Ceuta y Melilla…» , señala García Benavides . Hay expertos dice, «que detectan un caso, investigan y rastrean, se aíslan, se hacen PCR. La solución no es construir un hospital, es prevenir, y eso es identificación de casos para aislarlos. Cuando esos casos comienzan a aumentar, ya es muy difícil. No podemos seguir pensando en curar a los que se caen en el precipicio. Para evitar todo esto, es necesario contratar epidemiólogos de campo. Esto no se resuelve con tecnología, con un teléfono o una aplicación. Hay que contratar a personas que saben de epidemiología, que conocen el terreno, que saben de comunicación. Eso lo ha hecho Alemania desde el principio y por eso ha podido controlar que no haya una explosión de casos».