Una vuelta de tuerca a la pandemia: rastreos retrospectivos, pruebas rápidas y foco en los super contagiadores

Europa, y España en particular, podría no estar usando las estrategias adecuadas para controlar la expansión del virus. Una nueva investigación publicada en The New England Journal of Medicine arroja algo de luz sobre como empezar a re-pensar la pandemia.

A la fatídica cifra del millón de muertos en el mundo a causa de la pandemia se suma la valoración hecha hoy por la Organización Mundial de la Salud, que estima que el número de contagiados alcanzaría los 780 millones de personas, el resultado de multiplicar por 20 la cifra real de 34,5 millones. Parece un momento apropiado para re-pensar las estrategias que se están usando en los distintos países, aprender de aquellos que han conseguido mejores resultados y probar nuevos caminos en la complicada tarea de contener el virus.

En este sentido, una nueva investigación recién publicada en la revista científica New England Journal of Medicine plantea como los test rápidos pueden ser más efectivos que las PCRs a la hora de frenar la expansión del SARS-Cov-2, y poder volver a cifras controlables. El artículo, Re-thinking Covid-19 tests sensibility. A strategy of contaiment explica por qué las pruebas rápidas (no PCRs) son muy útiles para controlar la pandemia, y es que permiten detectar con gran fiabilidad y de un modo sencillo, rápido y económico, a las personas que no tiene la enfermedad. Por ello, plantean que, en un momento como el actual, en el que los contagios han vuelto a dispararse en la mayor parte del mundo, pueda resultar interesante priorizar su uso frente a las PCRs como medida para distinguir a los no contagiados de los asintomáticos, que tienen el potencial de convertirse en supercontagiadores. “Necesitamos ampliar nuestro ámbito de visión y no centrarnos solo en pruebas con alta sensibilidad, sino en aquellas que tengan la suficiente para detectar a tiempo los contagios y prevenir la propagación”, afirman los autores. Un argumento con el que coincide un amplio número de epidemiólogos de primera línea consultados en un artículo publicado por el diario norteamericano The Atlantics hace escasos días, que, entre otros muchos aspectos, plantea que el modelo dominante de rastreo “hacia adelante”, es decir, el de identificar a las personas con las que un sujeto ha tenido relación desde el momento en el que se infectó, y la posterior prueba PCR a todos esos contactos no es necesariamente la mejor estrategia para frenar un virus como el SARS- CoV- 2, que “se crece” en los grupos de allegados más cercanos.

Objetivo: identificar a los supercontagiadores

Priorizar la búsqueda e identificación y de los individuos más “peligrosos" en tiempos de pandemia ha sido una de las claves del éxito de países como Japón o Corea del Sur en la lucha contra el nuevo coronavirus. Sin entrar a sopesar sistemas sanitarios y recursos científicos y tecnológicos que son incomparables, algunas estrategias como el uso de pruebas rápidas de modo masivo sí podrían aplicarse en países como España.

Una de las teorías más aceptadas por la comunidad científica, después de estos seis meses conociendo como se comporta el virus, es que se cumple el denominado principio de Pareto, que describe el fenómeno estadístico por el que, en cualquier población que contribuye a un efecto común, es una proporción pequeña la que contribuye a la mayor parte del efecto. Así, un mientras que aproximadamente un 67% de los contagiados no infectan a nadie, el 19% es el responsables del 80% de los contagios. La gran incógnita es de que manera podemos identificar a esas personas que, sin ser conscientes de que lo tienen en la mayoría de los casos, son los causantes del aumento exponencial de infectados. Antonio Burgueño, médico internista y gerente hospitalario especialista en infraestructuras sanitarias privadas, argumenta que el uso de este tipo de pruebas permitiría identificar a supercontagiadores en grandes núcleos de población,a bajo coste y con resultados rápidos. “En Madrid capital, atendiendo a los porcentajes estimados, podemos tener sobre 60.000 supercontagiadores paseando por las calles. Si se distribuyen test rápidos entre toda la población, que puedan hacerse en casa de un modo sencillo y económico- no costarían más de cuatro euros por persona- y, después, solo a los positivos, se les hiciera una PCR para confirmar el resultado, podríamos bajar la densidad de contagio a 45.000, la cifra que teníamos en julio”, explica.