Covid-19

Los expertos alertan del riesgo de contagio en playas y piscinas

En el agua salina o con cloro el virus no sobrevive, pero sí en las aglomeraciones provocadas a su alrededor

Los estudios científicos han demostrado que el SARS-CoV-2 no resiste en agua con cloro
Los estudios científicos han demostrado que el SARS-CoV-2 no resiste en agua con cloroDreamstimeDreamstime

Las autoridades sanitarias mundiales ya han advertido de que los países del hemisferio norte, así como algunos de Latinoamérica, que disfrutan ahora de los meses estivales, experimentarán un enlentecimiento, que no un parón, en la infección por coronavirus con la llegada del calor. Playas, ríos, piscinas y otros medios acuáticos se convierten en los destinos más refrescantes para combatir la canícula del verano. Apenas se han desarrollado estudios específicos sobre la contingente transmisión de la Covid-19 en el agua, la arena o el césped que suele rodear las piscinas. Por ende, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha centrado sus recomendaciones en las evidencias científicas que existen para otros coronavirus.

En esas recomendaciones coinciden plenamente la normativa hecha pública por el conocido como CDC (Centro para el Control de Enfermedades Infecciosas) de Atlanta, Estados Unidos, y un informe emitido por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España. Los tres organismos están de acuerdo en que en agua dulce no tratada, como ríos, lagos o arroyos, es bastante improbable el contagio; no obstante, se aconseja antes del baño el lavado con agua y jabón de cara y manos.

Para infectarse es necesario estar expuesto a un número mínimo de partículas víricas, ya que los estudios y las observaciones epidemiológicas de la Unidad de Enfermedades Transmisibles Graves de la Universidad de Emory, en Atlanta (EE UU) revelan que cualquier secreción que caiga al agua, como las que se expelen al estornudar o toser, se diluiría de inmediato. Y resulta imposible en las piscinas, al estar tratada el agua con cloro, que mata al virus, y en el mar, por la salinidad, que también destruye a este microorganismo. Según el CDC de Atlanta, existen numerosos agentes patógenos que no pueden sobrevivir en un entorno salino, como el SARS-CoV-2, ya que el agua del mar posee una ósmosis o densidad de iones que anula su capacidad de contagio.

¿Y en la arena?

Por lo que concierne a la arena de la playa, en este caso su transmisión resulta sumamente difícil por la acción conjunta de la luz ultravioleta del sol, la salinidad que hay en la arena y la frecuente rugosidad de la superficie de la playa.

Ergo, como sostienen taxativamente la OMS, el CDC y el CSIC, el problema no estriba en el lugar de los bañistas, sino más bien en las grandes concentraciones poblacionales que suelen producirse. La única salvedad que apuntan es cuando un tramo de playa está próximo a colectores de aguas residuales de las ciudades que desembocan en el mar, donde sí se han encontrado trazas de la Covid-19. Por ello, es pertinente que las autoridades locales, conocido y demostrado este riesgo, tomen las medidas pertinentes para mantener alejados a los bañistas con un margen de seguridad garantizado.

Sin embargo, el incremento producido durante la quinta ola de contagio en las últimas semanas de julio ha generado un giro inesperado en las ordenanzas en cuanto al empleo de la mascarilla en lugares públicos. De modo que al recién implantado denominado decreto a la «nueva normalidad» de no emplear mascarillas al aire libre cuando se respeta la distancia de seguridad, los nuevos brotes por coronavirus han causado un cambio inesperado. Y ya es prácticamente mayoría el número de autonomías que exige la mascarilla al aire libre, incluidas playas y piscinas, cuando no resulta posible mantener el metro y medio de distancia de seguridad de forma clara.

Tal y como puntualiza el profesor Víctor Cid, catedrático de Virología de la Universidad Complutense de Madrid, «la decisión tomada por el Gobierno de eliminar la obligatoriedad de la mascarilla en espacios exteriores no obedeció a razones médico-científicas, sino más bien a argumentos políticos, por lo que más que nunca debemos apelar a la educación y al sentido común de la ciudadanía». Este experto insiste en que han mejorado las condiciones epidemiológicas gracias a las tasas de vacunación, pero la población, especialmente los grupos jóvenes, que no tienen percepción del riesgo real, «han de permanecer vigilantes ante la Covid y respetar las normas de seguridad que siguen vigentes», añade.

Según subraya el virólogo de la Universidad Complutense, ha quedado muy claro que el agua y las actividades acuáticas, así como su entorno, no suponen un factor de riesgo añadido para contraer la infección, pero sí advierte de que las aglomeraciones que suponen este tipo de espacios sí, «por lo que siempre deben extremarse las precauciones y, particularmente en las piscinas, en la zona de vestuarios, donde se sospecha que se han podido dar casos de algunos contagios».

Exactamente en los mismos términos se pronuncia el doctor Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEI) y jefe del servicio de esta especialidad en el hospital público Universitario Marqués de Valdecilla, de Santander, al asegurar que «la humedad de los vestuarios y las duchas pueden ser un excelente caldo de cultivo para la Covid-19».

Con la vacunación a pleno rendimiento en nuestro país, «hemos establecido en el 70% la tasa de inmunidad de grupo, que presupone una protección teórica de toda la población, en función de la replicación del virus, de su capacidad de contagio. Por ejemplo, con el sarampión, se vio que era altísima, superior al 90%, por su elevada infectividad», explica el presidente de la SEI.

«Ahí está nuestra esperanza en la lucha contra la Covid-19 –subraya el doctor López Hoyos–. Y, no nos engañemos, porque será la única forma de recuperar la normalidad de la vida en todos los sentidos y de restablecer la economía de nuestro país. A pesar de que nuestros hospitales no están congestionados, como el año pasado, siguen muriendo personas por este virus y algunas bastante jóvenes. Por eso apelo a la educación cívica de los españoles, y especialmente de los más jóvenes».

En palabras del doctor Rafael Ortí Lucas, presidente de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (Sempsph) y jefe de la especialidad en el servicio del Hospital Clínico de Valencia, es normal que numerosas actividades de ocio, de descanso o de vacaciones se realicen al aire libre porque lo favorece la climatología: «El problema lo encontramos en que se suelen generar concentraciones y agrupaciones sin apenas distancia de seguridad en lo que al coronavirus se refiere y, en concreto, dadas las circunstancias de este año, ya hablamos de una quinta ola en España». En virtud de este experto, las aglomeraciones en playas y piscinas tienden a romper el 1,5 metros de separación entre unos y otros a fin de evitar la propagación del virus entre los congregados y por la noche los jóvenes celebran los botellones, donde no se respeta ninguna medida de prevención.

«Es muy ilustrativo –agrega– que en el verano de 2020, con la llegada del turismo a la zona de Denia y toda esta región del Mediterráneo, los chiringuitos de la playa se convirtieron en caldo de cultivo para el contagio. Y observamos claramente en nuestros centros de salud y hospitales un aumento significativo de casos, que remitió pasados los meses estivales». Y esto pasa factura, ya que ahora una de cada tres reservas del turismo internacional se están cancelando, cuando supone el 12% del Producto Interior Bruto.

¿Cuándo y dónde hay que ponerse la mascarilla?

A pesar de que el 24 de junio fue aprobada la norma por la que se levanta la obligatoriedad de la mascarilla al aire libre para todo el territorio nacional, siempre y cuando sea posible mantener el 1,5 metro de distancia de seguridad, el actual aumento en el número de casos ha generado que numerosas comunidades autónomas, especialmente las más turísticas por su oferta de sol y playa, hayan vuelto a imponer la mascarilla al aire libre. De este modo, la situación del uso de esta medida de seguridad resulta muy dispar en todo el país, a tenor de las decisiones autonómicas, lo que genera confusión y desinformación en la población en sus desplazamientos.