Mejor un bocadillo... Ocho de cada diez galletas infantiles no son saludables

Un estudio de la OCU revela que 253 de las 305 galletas infantiles tienen un exceso de azúcar y de grasas saturadas

Un puñado de galletas
Un puñado de galletas

Hace años era habitual ver a la mayoría de los niños enganchados a una barra de pan rellena de cualquier tipo de embutido o incluso de tabletas de chocolate. Pero el aumento de la oferta de productos, el incremento del ritmo de vida y la consiguiente falta de tiempo ha hecho que muchos niños merienden solos o que los padres decidan ganar tiempo y no gastar energías en la lucha que conlleva que coman otro tipo de alimentos, con lo que acaban cediendo y dándoles alguna de las muchas variedades de galletas existentes en el mercado.

De tal manera, que a día de hoy constituyen en principal aporte nutricional de las meriendas de los más pequeños de la casa. Pero esto conlleva sus riesgos. De hecho, un estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha elaborado un estudio cuyo resultado es preocupante: ocho de cada diez galletas infantiles no son saludables.

La OCU, en el marco del Proyecto Alimentación saludable para el pequeño consumidor, advierte que 253 de las 305 galletas infantiles seleccionadas tienen una valoración D o E en Nutriscore, la más baja posible. De ellas, sólo 15 tienen una valoración A o una B y se trata normalmente de las que menos gustan a los niños porque son más “sosas”: las tipo María sin azúcares añadidos y con edulcorantes.

De hecho, el principal problema de la mayoría de estas variedades de galleta es el exceso de azúcar el que lastra su valor nutricional. Hasta tal punto que, de media, uno de cada tres gramos son directamente azúcar (¡un 33 por ciento!). Hay algunas marcas que evitan los azúcares, pero que en su lugar incluyen polialcoholes, edulcorantes que pueden provocar efectos laxantes sobre todo en niños, debido a su escaso peso corporal.

Pero no se queda ahí porque el resto de los ingredientes tampoco son buenos: las grasas saturadas, que pueden llegar a representar otro tercio del peso, harinas refinadas, aromas y todo tipo de aditivos. La poca fibra que tienen, un casi inexistente 3 por ciento, suele ser añadida, lo mismo que los “supuestos” minerales y vitaminas, innecesarios si se sigue una dieta variada y equilibrada. de esta forma, podemos llegar a encontrarnos con galletas compuestas en dos terceras partes por grasas saturadas y azúcar.

Por ello, la organización no pide que se deje de consumir este tipo de alimentos pero sí recomienda que se haga de manera ocasional y no en grandes cantidades. Esta recomendación es para todas las galletas, incluso para las que mejor calificación nutricional han obtenido en el estudio porque suelen ser productos ultraprocesados, con un gran número de aditivos.

En su lugar, es preferible consumir pan integral con aceite de oliva, queso, crema untable vegetal o tomate o incluso es más sano merendar un trozo de pan integral con chocolate negro que tenga un mínimo del 70 por ciento de cacao. No obstante, no se debe olvida que productos como la fruta y los frutos secos naturales (sin freír ni salar) también pueden y deben estar presentes en la dieta de los más pequeños.