Sociedad

"Mi hija Olivia no me reconoció al verme. Yo a ella sí. Ha cambiado mucho, pero tiene la misma mirada que cuando tenía tres años»

La madre sustrajo a la menor y se la llevó a Polonia en 2011. Tras ocho años de pesadilla, Alberto Encinas ha logrado traerla de vuelta

El 31 de diciembre de 2011 comenzó la pesadilla de Alberto Encinas. Ese día tenía que haber visto a su hija Olivia que por aquel entonces tenía solo tres años. Su madre se la había llevado a Polonia con la excusa de ver a la familia materna. Pese a la orden de la Interpol, pese a que tanto los tribunales españoles como los polacos le habían dado la razón, seguía sin verla. Hasta que el pasado miércoles recibe una llamada diciéndole que acuda a Polonia.

No podía ni creérselo. «Conseguí un avión para ese mismo día. Me fui con mi hermana y con mi madre. Al día siguiente a las 08:00 de la mañama fui al juzgado», rememora. En ese momento pensó que de nuevo alguna traba iba impedir ver a su pequeña. «Creía que iba a entrar una psicóloga y que nos iba a hablar de ella y temía que algo pudiera pasar y de repente ahí estaba Olivia con su DNI, solo recuerdo mirarla a ella y mirar su DNI. Ella entró un poco desconcertada, miraba a un lado y a otro, me imagino que estaría un poco cortada. No me reconoció, lógico han pasado ya ocho largos años. Pero yo a ella sí, ha cambiado mucho pero tiene los mismos ojos, la misma mirada que cuando tenía tres años», dice notoriamente emocionado.

«Cuando le dije que si nos íbamos a comer un helado subió corriendo a recoger sus cosas», relata Alberto a este periódico. La pequeña no lo sabía, pero en ese momento alguien le dice a Alberto que se pongan en marcha lo antes posible, que salgan del país porque la abuela materna (con contactos en Educación) estaba moviendo ciertos hilos. Fue difícil, porque pese a que Alberto tenía el corazón en un puño, temiendo que de nuevo se la pudieran arrebatar, sabía que su pequeña necesitaba sus tiempos. Tiró de paciencia y se comieron ese helado no sin antes despedirse de Santiago, el cónsul, al que tanto aprecio tiene este padre, así como a los agentes de la Guardia Civil que tanto le han ayudado. «Recuerdo que nos fuimos al coche e hicimos una parada. Por fuera parecía estar tranquilo pero por dentro estaba muy nervioso. Quería salir de Polonia lo antes posible. Recuerdo que suspiré al entrar en Alemania y no chillé de la emoción para no poner nerviosa a mi hija».

Una vez en Alemania «jugando con Olivia me di cuenta de que le gustan las mismas tonterías que a mí. Ah, y tiene una sonrisa maravillosa. No sabe hablar español por lo que nos comunicamos en alemán. Mi hermana sabe más, así que me ayuda».

«El viernes regresamos a Palma. Recuerdo que al aterrizar tuve como un shock de realidad». Olivia por fin estaba en casa.

Le preguntamos si la menor que ahora tiene once años ha preguntado por su madre, algo normal en estos casos de secuestro parental. «El sábado le dije que me tenía que ir 30 minutos a hacer un recado y que si necesitaba algo. Me dijo, «bueno, hablar con mi madre». Le expliqué que no tengo su número de teléfono pero que lo iba a tratar de conseguir así que le dije que le grabara un audio y en él Olivia le dice que está muy bien, que la hemos llevado a la playa porque dicen que hay peces pero que ella no los ve, que está con la familia y que no se preocupe. No me ha vuelto a preguntar más por ella y eso no lo entiendo muy bien. Yo quiero a mi hija y aunque su madre hay cosas que no ha hecho bien quiero que de alguna forma tenga contacto con ella. Para mi hija es bueno tener una madre y un padre. Seguro que algo positivo tiene que aportarle a ella, a mí nada. Mi hija no es mía, yo soy parte de su vida y es Olivia la que tiene que decidir que se lleva de cada uno». De momento, hay que empezar por recuperar los años robados. «Lo mejor de tener a Olivia en casa es salvarla de la situación en la que estaba, ya que casi no se relacionaba con otros niños, no iba al colegio, mi hija no ha tenido una vida normal. Es por eso que ahora está tan feliz. Al principio preguntaba si podía hacer esto o salir de casa y ahora está todo el día fuera jugando con los animales».

Un sueño, recuperar a Olivia, que hace solo unas semanas parecía «casi imposible. Todo estaba en contra, las instituciones protegían a la madre, gente que ocupa estos puestos y que van a seguir en ellos». De ahí que no entienda como nada más aterrizar recibe «un mensaje de la autoridad polaca de mediación transfronteriza aludiendo a los derechos del menor. Se preocupan por mi hija ocho años después. Ahora me reclaman a mí que medie cuando ellos han estado ocho años sin hacer nada. Lo que he vivido ha sido una locura», concluye.

Más de 3.000 niños sustraídos por uno de los padres

«En Polonia conocemos ocho casos como el de Olivia, más dos casos más de padres que han contactado con nosotros tras el caso de Alberto. Hay más de 3.000 niños españoles sustraídos en el extranjero», asegura Javier Somoza, presidente de la Asociación Niños Sin Derechos (Nisde). Pedimos a Alberto Encinas que nos dé un consejo para el resto de progenitores que viven la misma pesadilla que ha vivido él: «Les diría que no hay que dar un paso atrás, que insistan y vuelvan a insistir una y otra vez, que pidan ayuda a la asociación Nisde para que sepan cómo actuar y evitar posibles errores que muchos abogados cometen y que pueden hacer que se pierda al niño. Y en una circunstancia así recomiendo también que desarrollen un hábito deportivo para tener más energía».