“Fuimos capaces de hacer feliz a María, que no necesitó los fármacos en toda la semana”

“¿Terapias que reduzcan el consumo de fármacos? Podría hablarte de estimulación sensorial, de animales para terapia asistida, de convivencias intergeneracionales o del poder de la risoterapia. Sin embargo, voy a centrarme en lo importante”.

Es la diligente respuesta de Laura Cantero, jefa de servicio de Clece Vitam —la filial de Clece que gestiona Centros Residenciales privados de Personas Mayores— ante la pregunta por la efectividad de las Terapias No Farmacológicas (TNF) como intervenciones que mejoran la calidad de vida de personas mayores, tanto sanas como enfermas. “Por supuesto que la intención de aplicar estas terapias es conseguir un beneficio en la persona”, confirma Cantero. “Es más, nuestro objetivo último, como profesionales de geriatría, es lograr la mejora de cada persona reduciendo sus fármacos, o, al menos, no aumentándolos. Y ahí está la clave: cada persona, a la que debemos conocer hasta el extremo, partiendo de sus necesidades y, sobre todo, de sus capacidades”.

Las TNF aplicadas al envejecimiento y las demencias, son un conjunto de intervenciones orientadas a estimular el rendimiento de los procesos cognitivos, aumentar la afectividad, recuperar autonomía en la vida cotidiana e incrementar la calidad de vida de las personas mayores. Muchas son las actividades y técnicas que aplican los distintos profesionales de atención geriátrica, no necesariamente médicos, como terapeutas ocupacionales, psicólogos, fisioterapeutas y trabajadores sociales que intervienen con las personas residentes, en los centros de día, en los domicilios, hospitales, etc., para intentar reducir el consumo de fármacos de las personas mayores. “Pero sin la comprensión de los ámbitos vitales de cada una de las personas mayores, es decir, del conocimiento del curso de sus vidas, no es posible averiguar qué hizo cada una de ellas para darle significado y sentido a su existencia, y por lo tanto, no existen terapias alternativas que ayuden o curen por sí mismas”, aclara la responsable de residencias.

¿A quién le puede hacer mal un taller de cocina?

“En cierta ocasión —relata Laura Cantero— una de nuestras personas usuarias con deterioro cognitivo y alteraciones de conducta con agresividad, sufrió un brote mientras participaba en un taller de cocina (labor que no había realizado en su vida) porque le fue imposible centrarse en una tarea que, en principio, le iba a suponer un beneficio. Tiempo atrás, cuando llegó a nuestro centro, su familia nos contó que siempre había sido un “manitas” y que le gustaba hacer chapucillas: cambiar bombillas, reparar goteras, dar una mano de pintura…, pero que ya no podía. Gracias a esa información, aquel día pudimos comprobar el poder terapéutico, no de una actividad, sino de una actividad significativa para esa persona mayor: cuando el técnico de mantenimiento le pidió ayuda para que sujetara la escalera mientras terminaba un trabajo y, en cuanto lo hizo, su ansiedad se redujo de forma inmediata”.

¿Terapia asistida con animales? Para Manuel, un perro no es una mascota

“En ocasiones —prosigue— hemos desarrollado programas de terapia asistida con animales para beneficio de nuestros residentes. Pero si antes no hubiéramos investigado, si no les hubiéramos conocido bien, podríamos haber cometido el error de hacerles participar a todos, en esa terapia, por su propio bien. Habría sido el caso de Manuel, que siempre consideró a los animales como herramientas de trabajo. Para él, un perro lleva las ovejas, las encarrila y se enfrenta a los lobos. En su vida ha visto un animal dentro de casa, ni mucho menos, uno que se suba a una mesa para que las personas lo cepillen, masajeen o mimen. Por eso, sabíamos que no le encontraría ningún sentido terapéutico a la actividad. Es más, no le hizo ninguna gracia y abandonó la sala”.

Su peor pesadilla tiene forma de perro, pero esa no es la única cuestión

“Fue lo primero que nos contaron de Rosa, sus cuidadores informales, cuando llegó a nuestra residencia: que había sufrido la mordedura de un perro en su infancia y, desde entonces, le infunden pavor. Si un perro le provoca tal ansiedad, ¿puede suponerle algún beneficio esa terapia? Avancemos un poco más: en cualquier caso, lo único importante es que le hemos preguntado a Rosa y que ella ha dicho que no quiere participar. Es lo que debe primar: su decisión de realizar, o no, una actividad. Respetarla es nuestro deber profesional”, sentencia Cantero.

¿Qué pinta aquí Bob Esponja?

“Imaginemos que le decimos a una persona mayor que se ponga a colorear a Pocoyó. ¿Acaso saben quién es? ¿Representa Bob Esponja algo para ellas? Decorar las instalaciones con dibujos similares a los de una escuela infantil, no es una actividad significativa para las personas mayores. No parece que tenga mucho sentido esperar que se encuentren mejor mientras pintan una piña que vive en el fondo del mar, pero ¿y unos aperos de labranza, cocina o pesca?”, sugiere.

Un caso de éxito que suena a tango

“María se apuntó al taller de danzaterapia que propusimos a nuestros residentes, pero no disfrutaba; más bien, se entristecía cuando intentaba bailar porque su dolor crónico se agudizaba. Como hija de inmigrantes argentinos y muy aficionada al tango en su juventud, pensamos: ¿por qué danzaterapia y no, simplemente, bailar tango? ¿Cómo se podría sentir…?

El beneficio fue mucho mayor del sospechado. Posiblemente estaba reconectando con un proyecto de vida. Posiblemente, recordaba aquellos años en los que bailaba y reía con sus amigos, quizá con una pareja, seguro que con su vida. María estaba realizando un ejercicio físico completísimo y no sentía dolor. Sonreía. Se apuntaba a la siguiente ‘sesión de danzaterapia’ y se lo contaba a todos. Fuimos capaces de escuchar, de comunicar, de hacer feliz a María. Y conseguimos que ese día, el siguiente y la semana completa no necesitara tomar medicación. Porque la única terapia posible comienza por conocer a las personas mayores”.

“Hasta hace muy poco, hemos aplicado un cuidado asistencialista a las personas mayores, con la intención de ser verdaderos profesionales, esos que cubren todas sus necesidades. Ahora, no somos nosotros y nuestras ideas, que pensábamos que eran lo mejor para la Persona Mayor, sino la persona mayor, la que ocupa el centro de la intervención”, concluye Laura Cantero.