Cómo afecta el clima a la caza

Los cambios del tiempo y del clima durante el año ejercen una gran influencia sobre las especies cinegéticas y más concretamente sobre las especies de caza menor.

El cazador de campo, de morral a la espalda y arrugas en la frente, ese cazador incansable que patea campos y campos año tras año es el primero en ver los efectos que está teniendo en la caza el ya innegable cambio climático que se está produciendo en nuestro planeta. Por todos es sabido que los cambios del tiempo y del clima durante el año ejercen una gran influencia sobre los animales y más concretamente sobre las especies de la caza menor. Un año de sequía puede suponer que charcas y pequeños cursos de agua no existan en invierno por lo que los patos no encuentran su hábitat natural. La falta de lluvias también puede dejar asoladas las praderas de modo que perdices, conejos y liebres pasan por un calvario alimenticio. No obstante una sequía así en la primavera también reduce la tan temida mixomatosis.

La naturaleza en sí misma es un equilibrio donde la balanza a veces se inclina más a un lado o a otro, pero donde entorno y animales acaban ajustándose. El tiempo atmosférico si bien es muy cambiante durante el año, guarda un cierto orden que en nuestra península está marcado por las estaciones del año y donde cada vez vemos veranos más calurosos y largos y primaveras y otoños cortos y secos.

Primavera: en la primavera los días se alargan y aumentan las horas de luz lo que estimula el celo de las aves, la construcción de los nidos y las puesta e incubación de huevos. Siguen produciéndose heladas por la noche y los cielos amanecen despejados. El sol y la lluvia se alternan durante estos meses mientras el frío se va retirando poco a poco y el aire cálido del sur se va colando en nuestras latitudes.

Es en la primavera cuando a la península llegan las codornices y las tórtolas que vienen huyendo de los calores africanos, pero también es la estación en la que los gansos y patos nos abandonan buscando un ambiente más frío hacia el norte donde acabaran anidando.

La hierba crece abundantemente y las plantas florecen beneficiándose así los herbívoros.

Verano: Con la llegada del verano los días se hacen más largos y calurosos por lo que encontraremos a los animales resguardados en el monte y frecuentando las aguaderos o bebederos. En esta estación las lluvias son muy escasas y con carácter tormentoso. En esta época aumenta el riesgo de incendio suponiendo un peligro para los montes y pastos que deben ser convenientemente vigilados. Al llegar el mes de junio empezamos a ver por el campo los primeros bandos de perdices y codornices pudiendo saber así como se ha dado la cría.

En el verano los cazadores desempolvan morral y canana y tras la parada primaveral salen a dar caza a codornices y tórtolas al abrirse la conocida como “media veda”. Durante esta media veda se da también la emigración de estas aves hacia África. Ya desde hace años vemos como la apertura de esta media veda en nuestras tierras suele llegar tarde ya que los fuertes calores del verano y la primavera aceleran las cosechas produciendo la migración de las codornices de vuelta al continente africano al no encontrar comida ni refugio suficientes en nuestros campos.

Otoño: Esta estación supone el reverso de la primavera: los días se acortan, llegan las lluvias que refuerzan las masas de agua y las aves de Europa llegan a España huyendo del frío. Se abre la veda. Si las lluvias son oportunas, retoñan rápidamente los pastos y la caza menor dispondrá de buen alimento hasta que la hierba sea castigada por las posteriores heladas. No olvidemos que en el otoño se abre la veda general.

Invierno: La estación preferida por el cazador que tras la apertura disfruta de las emocionantes monterías, los ojeos de perdices y la caza en mano. El invierno es la antítesis del verano: los días son muy cortos y fríos con intensas heladas en las zonas llanas y acumulación de nieve en las montañas. La falta de hojas en muchos árboles reduce el refugio de los animales.

Migraciones de aves

El clima y sus cambios provocan uno de los espectáculos más bonitos de la naturaleza: la migración de las aves. El hecho de que cientos de miles de aves agrupadas atraviesen cientos de kilómetros para encontrar un lugar mejor lleva produciéndose desde que se recuerda y se repite año tras año.

Migraciones de primavera: Al empezar la primavera y durante los meses de marzo y abril las codornices comienzan a cruzar la zona del estrecho de Gibraltar soliendo emigrar cuando se produce una situación meteorológica en concreto que es la formación de una borrasca entre las islas Canarias y las Azores, gota de aire frío en altura que por lo tanto determina vientos de componente sur hacia la Península Ibérica. Estos vientos cálidos son utilizados por las pequeñas aves africanas facilitándoles la labor para cruzar el estrecho.

Estas mismas condiciones atmosféricas son también las que hacen llegar durante el mes de abril a las tórtolas.

Migraciones otoñales: Cuando al llegar octubre y noviembre el frío se apodera del norte de Europa suelen venir a España las primeras bandadas de palomas torcaces y al igual que la migración de las aves africanas, estas se aprovechan de una situación meteorológica en particular. Emigran cuando hay borrasca entre las Islas Baleares e Italia y anticiclón sobre las islas británicas suponiendo así una entrada de aire frío en la península ibérica que es el empleado por las aves para volar. Estos vientos fríos soplan del noreste y guían los bandos teniendo que sobrepasar el Cantábrico y los Pirineos.

Las palomas torcaces aprovechan los vientos menos fuertes y cuelan a mayor o menor altitud según sean éstos. Cuando vuelan bajo pasan por los portillos del Sistema Central y de los Pirineos navarros alcanzando posteriormente las dehesas extremeñas. Por otro lado, si las aves pasan altas, no cruzan los pasos de Euskadi y Soria y directamente llegan a las dehesas de Salamanca y Segovia.

Este aire frío suele traer las primeras nevadas y con ésta situación es cuando emigran a nuestro país los patos y gansos.

Conclusión

Famoso es el refrán “Nunca llueve a gusto de todos”. Y esto se hace cierto incluso en la vida animal. La escasez para unos puede suponer la abundancia para otros y las ventajas tornar en desventajas según el prisma desde el que observemos el campo. Debemos ser conscientes de la enorme riqueza ambiental y cinegética que tenemos en nuestro país. Disfrutamos de animales africanos que vienen huyendo del calor y por otro lado también nos deleitamos con los patos que buscan aquí mayor temperatura que el frío europeo del que huyen. Si queremos seguir conociendo la caza en nuestro país tal y como la conocemos necesitamos cuidar del medio ambiente. El actual cambio climático perjudica seriamente la actividad cinegética.