Asunción: el confinamiento en primera persona

Con 95 años recién cumplidos, Asunción ha pasado el confinamiento en la Residencia Otazu, situada en León. En la que ha sido su casa durante los últimos dos años, ha vivido una experiencia que jamás había podido imaginar que viviría. Su testimonio es ejemplo de fuerza, positivismo y agradecimiento

Con 95 años, Asunción escribe diariamente una frase de motivación o agradecimiento en la Residencia OtazuCleceClece

El mes de marzo entró como de costumbre en la Residencia Otazu gestionada por Clece Vitam. La llegada de la primavera se atisbaba como el comienzo de un tiempo nuevo en el que el calor y la luz sustituiría a la lluvia y al frío, un chute de alegría muy necesaria para todos sus residentes. Sin embargo, la declaración del estado de alarma trastocó todos los planes, congelando esa normalidad imperante que se había vivido hasta el momento. Era 14 de marzo y tocaba estar confinado hasta que la situación mejorara.

Asunción es una de las residentes de Otazu, pero no es una inquilina cualquiera. A su avanzada edad de 95 años ha mantenido una actitud envidiable pese a las consecuencias tan negativas que estaba provocando la COVID-19 en todas las partes de España. Maestra de profesión, femenina pero sin ser excesivamente coqueta, con un desparpajo impropio de su edad y un espíritu juvenil intacto, ha conseguido plantar cara a la crisis sanitaria a base de positivismo. Una actitud que ha utilizado también para mantener al resto de residentes a salvo de inseguridades, miedos y aprensiones. Por eso, Asunción es ejemplo de vida, esperanza y superación.

“No creí que esta crisis llegara a este estado. Cuando comentaban que no se iba a celebrar la Feria de Abril en Sevilla o que no se iba a celebrar otra festividad en otro lado, no lo creía. Estaba siempre confiando en que no llegaríamos nunca a este extremo, me ha sorprendido enormemente, no lo esperaba. Pero lo he aceptado”, se resigna Asunción.

Su actitud ante las adversidades lo dice todo: “siempre fui muy positiva, pero los años nos cambian por lógica en todos los sentidos. Estoy conforme, he aguantado y pienso aguantar mientras Dios me deje. Tengo 95 años, tengo achaques y he perdido mucho en la vida, pero sigo dando gracias y deseo a todos que lleguen a mi edad como yo estoy”.

Motivar a través de la escritura

A medida que transcurrían los primeros días de confinamiento, viendo además que la situación empeoraba por momentos, Asunción empezó a ser consciente de que el virus quizás estaría entre nosotros durante más tiempo del deseado. No obstante, esto no lo vivió como una pérdida, sino más bien como una oportunidad. “Yo creo que sí era consciente de que esto iba a durar más de lo esperado. Tiene su parte positiva también, he aprendido y he madurado aquí en este centro que es mi casa y mi nave”.

Una de las reflexiones de Asunción durante el confinamiento en la Residencia OtazuCleceClece

Transmitir al resto de residentes su vitalidad en tiempos difíciles también ha sido parte de la rutina de Asunción durante el confinamiento. Su faceta como poetisa sale cada día a relucir cuando baja a escribir una frase de motivación o agradecimiento en una pizarra ubicada en una de las zonas comunes de la residencia. “Me he pasado la vida escribiendo. Mis escritos tienen ligeras rimas porque no entiendo de métricas, en realidad no sé de nada. Cuando bajaba, se me ocurría escribir cosas animando, felicitando y todo lo que podía agradar”, nos cuenta.

“El cuidado es una labor tan dura que yo no sería capaz de hacerla”

Asunción tampoco oculta la cara menos amable de esta crisis: “hemos sido obedientes porque es duro, muy duro, mantener la soledad en la habitación”. Cada vez que puede, hace referencia a la residencia, a los empleados, a su equipo directivo y al resto de residentes que la han acompañado en momentos de enorme preocupación, siendo las únicas personas con las que ha tenido contacto.

No tengo ninguna queja de todas las empleadas que nos atienden, al contrario, todos los trabajadores de aquí parece que han sido elegidos. Llevo 2 años y he conocido a todos los que han pasado y todo ha transcurrido siempre con normalidad, con cariño, lo que nos ha ayudado a ir superándolo. Ellos deben ser conscientes de que esta labor es tan dura que, créame, yo sería incapaz de hacerla”, zanja Asunción.

El positivismo de Asunción hace que cada día escriba una frase o reflexión para mantener los ánimos de residentes y empleados en la Residencia OtazuCleceClece

En este sentido, no solo ella se siente agradecida. José María Prellezo, director de la Residencia Otazu, también se siente afortunado por haber estado tan cerca de residentes como Asunción, quienes han hecho el confinamiento mucho más llevadero. “Cada vez que íbamos a las habitaciones, dedicábamos un ratito a hablar con ellos, preguntarles y ver cómo se encontraban, ya que éramos conscientes en todo momento que éramos las únicas personas con las que se podían relacionar, éramos su única compañía”.

En esas complicadas semanas ha sido esencial el trabajo de la terapeuta y de las fisioterapeutas, que durante todo el confinamiento han estado haciendo actividades individuales en las habitaciones tanto para favorecer el movimiento, con las limitaciones lógicas de trabajar en una habitación, como para favorecer la capacidad cognitiva y el entretenimiento, con dibujo, pintura, pequeñas actividades manuales individuales, o incluso como nos indica algún residente “volviendo a la escuela” con las sumas y restas.

“Una desescalada segura”

A la hora de evaluar el riesgo ante la pandemia, no es lo mismo una residencia en un entorno rural que una residencia urbana y Otazu está en pleno centro de León, a escasos minutos de la Catedral o de San Isidoro. “La situación privilegiada de la residencia puede elevar el nivel de riesgo y es por eso que estamos extremando las precauciones” nos indica el director de la residencia. “Cumplimos con todos los protocolos y requisitos que nos indica la Junta pero nosotros los estamos haciendo un poco más rígidos. Abordamos la desescalada con paso firme pero sin acelerar. Por ejemplo, cuando nos indicaron que podíamos volver a utilizar los comedores, nosotros establecimos unos turnos para extremar la precaución. Lo mismo hemos hecho con el uso del patio, el gimnasio, la sala de terapia y del resto de zonas comunes.”

Durante el confinamiento, los profesionales de la residencia hicieron un esfuerzo extra por facilitar la comunicación de los residentes con sus familiares apoyándoles con sistemas de videoconferencia pero ahora se van quedando en desuso ya que se han abierto las puertas y han comenzado las visitas. “Ha sido muy duro para las familias y los residentes pero todos han sido muy conscientes de que ese era el precio que había que pagar por la seguridad” nos explica Jose María Prellezo “estoy convencido que estas medidas son las que han hecho que no hayamos tenido ningún contagio entre los residentes”.