Hijos y deseos

Familias en un parque
Familias en un parqueEUROPA PRESS EUROPA PRESS

Sí, cuando tenemos hijos casi todos caemos en el error de querer dirigir sus vidas. Queremos que sean lo que nosotros quisimos ser. Luchamos con denuedo por conseguirlo. Pero hay un momento que viene la revelación, ellos mismos te arrancan el velo de los ojos. Y nos damos cuenta de que aquello que deseábamos para él o ella, no es lo que él o ella desea.

Así que hay que apearse de la quimera y ver. Hay que verlos y escucharlos con los ojos y los oídos de otros, como si no fueran nuestros hijos.

Esto suele ocurrir en su adolescencia, cuando ellos mismos se rebelan y te dan la espalda. Es duro porque te la dan sin miramiento, pero es fundamental para comprender que esas criaturas, que has querido formar a tu parecer, van a hacer lo que quieran y puedan, como debe ser. Entonces, tú les miras y dejas de soñar desatinos.

Comienzas a soltarles con mucho cuidadito, aceptando que tus pretensiones han cambiado. Entonces, ya solo quieres que esa criatura pueda llegar a ser independiente, independiente de ti. Que se cuide y la vida le regale salud. Que disfrute de las pequeñas cosas. Que sonría, que se ría, que grite de placer. Que le llamen sus amigos y responda siempre contento. Que mire de cerca y de lejos. Que encuentre una profesión bonita y, si no la encuentra, que sea capaz de sobrevivir con dignidad. Que se sienta digno de amar y ser amado.

Y en lo que a una se refiere, queda un solo deseo, pero es primordial: yo solo deseo que mi hijo quiera estar conmigo a ratos.

Y que sepa, y que no lo dude, que me gusta y le amo, como es