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Confirmado: la vida en Marte es posible

La NASA anunció ayer la presencia de agua líquida salada en el planeta rojo. En 2011, se apreciaron posibles ríos en las laderas

de los cráteres. Hoy es un hecho

  • Confirmado: la vida en Marte es posible

Tiempo de lectura 4 min.

29 de septiembre de 2015. 01:05h

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Jorge Alcalde.  30/9/2015

Más que el título de una noticia científica, el anuncio parecía una frase que los guionistas escriben al comienzo de una escena, para describir fugazmente el ambiente: «Cañones de Marte. Coprates Chasma. El agua corre por una ladera durante el verano».

Pero eso es exactamente lo que querían anunciar Lujendra Ojha, investigador del Departamento de Ciencias de la Tierra y la Atmósfera del Instituto de Tecnología de Georgia, y su equipo, y para eso se convocó una rueda de prensa (de dimensiones planetarias por mor de las redes sociales) con el estrépito que la NASA sabe generar en estos casos. Se han encontrado signos definitivos de la existencia de agua salada líquida en el planeta rojo. Esos signos no son otra cosa que sales de percloratos, sales hidratadas que (hasta donde la ciencia sabe) sólo pueden haber sido depositadas allí en ese modo y cantidad por una fuente de agua corriente, salada y reciente. Hasta ayer, sabíamos que, de joven, el planeta Marte fue inundado por grandes extensiones de agua: ríos, lagos, quién sabe si un gigantesco océano. Pero eso fue hace varios miles de millones de años. Hoy, todo el agua que se creía remanente se limitaba a un minúsculo porcentaje de humedad en la atmósfera y a los grandes depósitos de hielo polares. Nada, que se sepa, de agua líquida corriendo por la superficie. Hasta ayer.

Para ser más exactos, hasta el año 2011. Fue entonces cuando empezó a fraguarse el descubrimiento que ahora ha cobrado carta de naturaleza. Entonces, el análisis de las imágenes del orbitador «Mars Reconnaisance» había revelado la existencia de estrías oscuras recorriendo las laderas de cañones, cráteres y montañas. Eran como arañazos en la superficie marciana, como los churretones de rímel bajo los párpados de una mujer que acaba de llorar. Tenía toda la pinta de ser el lecho de pequeños ríos que aparecían y desaparecían según las estaciones del año. En invierno parecían desvanecerse, en verano volvían a aflorar. Hay miles de estas líneas que enseguida sugirieron a los expertos su posible origen: ¿existen fuentes de agua en Marte que afloran en verano, tal vez por el deshielo o por la condensación de la relativamente poco húmeda atmósfera? Por desgracia, las imágenes obtenidas no permitían una respuesta certera a esta duda. El misterio quedaba aún sin resolver... hasta ayer. Porque la NASA anunció hace unos días que «el misterio marciano sería por fin desvelado».

El joven Lujendra Ojha decidió rastrear aquellas huellas con un instrumento de precisión, uno de los espectrómetros del «Mars Reconnaisance» que identifica tipos de moléculas según el modo en el que un terreno absorbe la luz. Imagine que está jugando con una pelota de ping pong. Seguro que, sin mirar, es capaz de identificar si la pelota bota sobre una superficie de madera o de cristal, sólo por el ruido que genera. Los astrobiólogos pueden detectar de qué está compuesto un suelo de otro planeta por el modo en el que la luz «rebota» en él. Aunque los espectrómetros utilizados no son finos como para enfocar en superficies tan pequeñas como la que se quería estudiar. Hubo que dividir las imágenes en píxeles y analizarlos uno a uno en busca de la huella de minerales. Y allí apareció la pista que todos buscaban, las sales de perclorato, sales que permiten que el agua permanezca en estado líquido a temperaturas muy bajas. Hay que tener en cuenta que, en verano, el día marciano pasa de 20 grados por la mañana a -80 por la noche. En esas condiciones, cualquier resto de agua debe de estar muy salinizada para mantenerse líquida. De hecho, más que ríos cristalinos lo que parece que aflora en Marte son fangos de salmuera licuados.

Pero ¿de dónde procede esa agua? Los investigadores todavía no son capaces de resolver esta cuestión. Aunque sólo hay dos posibles explicaciones: el agua viene del cielo o viene del suelo. En otras palabras, las sales encontradas podrían estar absorbiendo como esponjas la humedad de la atmósfera. Pero esta posibilidad es muy remota. El aire marciano contiene 10.000 veces menos humedad que el terrestre. Si todo su vapor de agua se condensase de golpe, apenas sería capaz de generar lluvia para hacer un charco de menos de un centímetro de profundidad. Una de dos, o los cálculos sobre la humedad relativa del aire en el planeta están mal hechos o el agua encontrada no viene del cielo. Quizá aflore de acuíferos subterráneos que se congelan en invierno (enterrados a profundidades donde la temperatura es extremadamente baja) y se derriten en verano. El agua sería filtrada por la roca hasta convertirse en riachuelos superficiales.

Sea cual fuere su origen, el agua corriente acaba de propiciar una de las mayores alegrías de la década a los astrobiólogos, los científicos que se afanan en buscar trazas de vida fuera de la Tierra. Agua en estado líquido, móvil, es el principal ingrediente necesario para que exista vida. Sabemos que Marte la tuvo hace miles de millones de años. Por eso creemos que entonces pudo albergar algún tipo de vida bacteriana. Pero se sospechaba que esa agua se evaporó para siempre llevándose consigo la posible vida que albergara (si es que la albergó). La certeza de que el agua no se ha ido permite mantener una doble esperanza: que los primigenios «bichitos» hayan seguido encontrando cobijo o que, durante estos miles de millones de años, Marte haya podido dar a luz a nuevos microorganismos. Pero de ellos, todavía no hay ni rastro. El siguiente paso será buscarlos porque, ahora sí, sabemos que tienen un ambiente propicio para anidar. ¿Cómo serán? Eso no podemos aventurarlo, aunque es evidente que tendrán que estar adaptados a un ambiente terriblemente hostil, ácido y seco, con temperaturas extremas. Algo parecido a algunos lugares del planeta Tierra donde se ha demostrado que la vida es capaz de adaptarse a las circunstancias más difíciles. ¿Tanto como para colonizar Marte? La respuesta, en el próximo anuncio de la NASA. Si se produce.

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