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Misión: Salvar a la tierra de un asteroide

La misión AIDA, de la NASA y la ESA, evaluará esta posibilidad

  • Borja García, ingeniero de sistemas de la misión AIM
    Borja García, ingeniero de sistemas de la misión AIM
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

29 de noviembre de 2016. 17:21h

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J. V. Echagüe.  Madrid. 28/11/2016

Un asteoride del tamaño de Texas se aproxima a nuestro planeta. Los científicos creen que las consecuencias pueden ser apocalípticas: casi con certeza, el fin de la humanidad. Por ello, un equipo de astronautas es enviado hasta el meteorito con el fin de destruirlo antes de que colisione con la Tierra... Ésta es sólo la sinopsis «Armageddon» (1998), filme en el que Hollywood puso en marcha toda su parafernalia. Ahora bien, ¿podemos asegurar que un suceso de tal calibre jamás se va a producir? Con la finalidad de anticiparse a este desastroso evento nació la misión Asteroid Impact Mission (AIM), auspiciada por la Agencia Espacial Europea (ESA). Sólo dos pequeñas diferencias con respecto al filme de Bruce Willis: no se enviaría una misión tripulada, porque la nave estaría controlada desde nuestro planeta, y el asteroide no se destruiría, simplemente se desviaría. La tecnología está disponible. Ahora bien, ¿habrá dinero para financiarla? La cantidad está en torno a los 250 millones de euros, aunque podría bajar de los 200. «Una cifra relativamente baja en comparación con las grandes misiones científicas», asegura a LA RAZÓN Michael Kueppers, científico del proyecto.

Para el año 2020, la ESA tiene previsto lanzar la misión AIM en dirección a Didymos, un asteroide doble: está el principal, 65803 Didymos, de 800 metros de diámetro, y una pequeña luna que orbita en torno a él, Didymoon, de 170 metros. Tras 18 meses de viaje y unos 10 millones de kilómetros recorridos, el satélite AIM llegaría a estos dos asteroides. Allí liberaría dos nanosatélites, llamados CubeSats, que tomarían datos de su magnetización y de su composición química. Después, un pequeño «lander», Mascot-2, aterrizaría en Didymoon, y analizará su estructura interior. Unos cinco meses después de la llegada de AIM, la nave DART (Double Asteroid Redirection Test) de la NASA, que colabora con la ESA en el proyecto, impactará contra Didymoon a una velocidad de seis kilómetros por segundo. A partir de entonces, conoceremos si somos capaces de desviar a un asteroide de su trayectoria establecida.

Pero como en todo argumento de película de ciencia ficción que se precie, no podían faltar las trabas iniciales. Este jueves y viernes tendrá lugar en Lucerna, Suiza, la conferencia ministerial de la ESA –los responsables de Ciencia de los países de la UE; en el caso de España, el Ministerio de Industria– decidirá si el proyecto se financia o no. En las últimas semanas, los científicos expertos en asteroides Patrick Michel, Alan Fitzsimmons y Debbie Lewis publicaron una carta en la que defienden el proyecto. «Hay más de 1.700 asteroides considerados peligrosos en la actualidad. A diferencia de otros desastres naturales, éste es uno que sabemos cómo predecir y prevenir. Es crucial saber si un impactador cinético es capaz desviar la órbita de un cuerpo tan pequeño, en caso de que la Tierra esté amenazada», escriben. Cientos de investigadores ya han firmado la misiva, entre ellos los premios Nobel Richard J. Roberts de la Northeastern University,y Jack Szostak, de la Universidad de Harvard. Todas estas adhesiones servirán para hacer «presión» ante los ministros. Del mismo modo, han viralizado el hashtag #isupportaim («Yo apoyo a AIM»). Alemania sería el país que más aportaría, con 80 millones de euros. España, por su parte, tendría una contribución de en torno a 10 millones. Además, la empresa GMV se haría cargo del subsistema GNC (Guiado, Navegación y Control).

«Es la primera vez que veremos si hay posibilidades de desviar un asteroide, gracias a una técnica que en el futuro podría salvar a la humanidad. Con la misión de Rosetta –de la que AIM es heredera– vimos que este tipo de proyectos fascinan e inspiran a todo el mundo», afirma Kueppers. Sin olvidar, subraya, «que supone la pimera misión a un asteroide binario, estudiaríamos su estructura y probaríamos nuevas tecnologías».

«Que un país invierta en una misión como AIM tiene un rédito en imagen. Al ser algo que nos toca de cerca, puede atraer mucho a la población. En Alemania, ha llegado a la gente de la calle, y éso los políticos lo entienden mejor. Es la baza con la que jugamos para justificar la misión», dice Borja García, ingeniero de sistemas de la misión en el Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espacial (ESTEC) de la ESA. ¿Y si la respuesta es negativa? «La misión se cancela, aunque los países no pierden el dinero. Si la respuesta es afirmativa, habrá una primera fase de consolidación».

El asteroide bautizado como MD 2011 pasó hace cinco años a apenas 12.000 km de la superficie terrestre; en 2013, el meteorito de Cheliábinsk impactó a 60 km de esa localidad rusa; en 2014, un meteorito provocó un fuerte temblor al norte de Argentina... Como dice Kueppers, de no financiarse el AIM ahora, no se podrá abordar una misión similar hasta dentro de 15 o 20 años. Y lo que también es seguro es que Bruce Willis tampoco estará entonces para salvarnos.

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