Sí, acoso a mi novia

Un estudio de Sanidad alerta de que un tercio de las adolescentes ha sufrido un control abusivo de su novio

Los jóvenes son el futuro de cualquier país, no sólo económicamente sino por su poder de cambio social. Son la gran esperanza a la hora de erradicar las actitudes más negativas de cualquier país, y la violencia de género es una de ellas. Sin embargo, los adolescentes aún no perciben el peligro que conlleva y menos si los «consejos» que reciben de los adultos que los rodean son «los celos son una expresión de amor» o «quien te quiere te hará llorar». Siete de cada diez adolescentes entre 13 y 19 años han escuchado la primera frase en boca de un adulto como destaca uno de los dos informes sobre ciberacoso y violencia de género que presentó ayer el Ministerio de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad.

Estos informes siguen la misma línea de los que se presentaron en 2010 y en los que la aceptación de los celos como una manifestación del cariño de una pareja no estaba tan extendida, bajaba cerca de un punto. «Esta frase no es más que la expresión de una realidad muy romántica que implica un componente de sufrimiento que se vincula con las relaciones. Los celos son una forma de control en nombre del compromiso», explica Miguel Lorente, ex delegado del Gobierno para la Violencia de Género y que ejerce como profesor titular de Medicina Forense en la Universidad de Granada. Los celos y el control de la relación están estrechamente relacionados porque, como explica Lorente, «de la preocupación por lo que hace tu pareja al ''mi marido me pega lo normal'' sólo queda un paso». El hombre, por esa sensación de no pasarlo mal, comienza a controlar a su novia y se traduce en «una relación de desigualdad que se traduce en un principio de maltrato». Ana Bella sufrió desde muy joven la violencia de género y ahora, al frente de la fundación que lleva su nombre, junto a otras «supervivientes» recorre los institutos de Andalucía y de otros puntos del país explicando cuáles son las señales para percibir el maltrato en el seno de una relación. «Nuestro mensaje es muy claro: los celos no son amor y debemos contraatacarlos», explica.

Pero la cultura heredada no es el único problema ligado con la violencia de género. Los avances tecnológicos que podrían ayudar a suprimir las situaciones de violencia verbal, psicológica y física contra la pareja no han hecho más que crear nuevas situaciones de acoso, pero en este caso, digital. La coordinadora del estudio, María José Díaz-Aguado, catedrática de la Unidad de Psicología Preventiva de la Universidad Complutense de Madrid, aseguró ayer que «hemos percibido un menor consumo de la televisión o de los juegos, mientras que las redes sociales y el uso de los móviles se ha extendido y se ha convertido en uno de los medios de ciberacoso entre adolescentes». En el estudio participaron 8.000 jóvenes y un tercio de las chicas reconocía haber sufrido un control abusivo por parte de su novio. El 25 por ciento reconoce que esa necesidad de saber dónde y con quién están en cada momento se produce a través del teléfono móvil. Ellos también entonan el «mea culpa» aunque no todos reconocen o son conscientes del control que ejercen sobre sus parejas, ya que sólo uno de cada diez reconoce haber intentado controlar a su novia «decidiendo por ella hasta el más mínimo detalle» y casi un 14 por ciento ha intentado ejercer ese control a través del móvil. Un dato escalofriante pero que refleja una realidad marginal es que el 3,4 por ciento de los chicos afirma que ha pegado a su novia. «Las nuevas tecnologías son un instrumento de doble filo: nuevas vías de ciberacoso, de limitar la libertad, de ejercer la violencia de género», añadió la ministra Ana Mato. «Aunque la sociedad avance y la juventud se forme, la cultura no tiene nada que ver con educar en igualdad y, por eso, toda la sociedad debe involucrarse en instruir de igual a igual», insiste Ana Bella.