Cinco pueblos imprescindibles para conocer la costa asturiana

La mejor manera de exprimir los días de vacaciones pasa por disfrutar en estas localidades

Existen dos maneras de conocer los deliciosos pueblos costeros que se desarrollan, semejantes a un piadoso rosario de buen comer e historia concentrada, en las rocosas y siempre fieles costas del Cantábrico: con el mapa a mano, deteniéndose en cada uno de ellos y sin importar lo pequeños que sean; o seleccionando, uno a uno, aquellos que nuestras escasas vacaciones den tiempo a visitar. Para los del segundo grupo - aunque siempre es recomendable pertenecer al primero -, he elaborado esta pequeña lista de cinco pueblos imprescindibles. Sus zonas más emblemáticas y algunos pequeños secretos que esperan, agazapados con su travesura habitual, a que los descubra el visitante.

Antes de lanzarse a la aventura, es necesario buscar la base de operaciones adecuada. Será nuestro refugio si arrecia la lluvia asturiana. A saber, debe contar con vistas excelentes de la ría de Villaviciosa, dominando el llano desde las montañas preliminares a los Picos de Europa y donde dormir sea sinónimo de soñar. Es una esquina escondida al turismo habitual, la casa rural de la aldea de Pando.

Solucionado el tema del alojamiento, nos ponemos manos a la obra.

Luarca

El primer plato siempre contiene un fuerte sabor y, tras abrir el apetito, permite fluir al resto de la comida con mayor facilidad. Quizá esta sea la razón que nos lleve a visitar Luarca en primer lugar, comenzando por el Bosque-Jardín de La Fonte Baxa. Este parque de 20 hectáreas conlleva zambullirse en las capas más profundas del frescor norteño, el verde de los bosques lo rodea mientras un núcleo coloreado con un verde deliciosamente intenso hace de este jardín botánico privado, el más grande de Europa. Una humedad arrolladora envuelve al visitante, casi no lo quiere soltar, y los meses que florecen sus más de 300 variedades de hortensias, el verde se mancha con nuevos colores. Así adquiere una tonalidad ideal para los sueños.

Como todo buen puerto pesquero, el de Luarca exige una mesa en terraza para degustar una comida de dos horas, con vermú y digestivo después del postre. Si esto no se hace, la visita no cuenta. La calidad del producto es máxima y evita complicar los platos, que han sido cocinados, sin importar el local, con un mimo y una naturalidad solo disponibles en las regiones del norte.

Tazones

Cuenta la historia que cuando Carlos V todavía era príncipe, decidió viajar a España para conocerla, desembarcando la comitiva en el puerto de Santander. Pero no conocía nuestra tierra e ignoraba, pobre muchacho, que el Cantábrico no permite pasar a nadie sin pagar peaje, ni siquiera al que sería el rey más poderoso del planeta. Una furiosa tormenta obligó a la comitiva imperial a buscar resguardo en una de las bahías desperdigadas por la costa asturiana y quiso el destino, o la buena suerte, que el joven heredero diera con sus reales huesos en el pequeño pueblo de Tazones. Dato curioso en la curiosa situación: al lugareño que llevó a Carlos V sobre su espalda para evitar que se mojara los zapatos, se le concedió el título de Marqués Real del Transporte.

Historias de este estilo hacen que merezca la pena una visita. Pero hay más. En el barrio del puerto, uno experimenta la extraña sensación de haber viajado a una Hondarribia en miniatura. Al igual que la famosa localidad vascuence, este pequeño pueblo asturiano decora las barandillas y ventanas de sus casas con las coloridas pinturas sobrantes de sus barcos, y el encanto que manan es difícil de comparar. Incluso una pequeña casa, en este mismo barrio, está decorada en su totalidad con conchas y graciosos mensajes del estilo: “Disfruta mientras vives porque luego vas a pasar mucho tiempo muerto.” Y no le falta razón, que le vamos a hacer.

Lastres

Inclinada hacia el mar. A un segundo de zambullirse. Esta estupenda localidad, considerada uno de los pueblos más bonitos de España, la conforman una pendiente de casas, sensaciones e ilusiones. Todas ellas desembocan en el mar. Desde el mirador de San Roque puede apreciarse esta exquisita inclinación, calculada a la perfección para rozar las aguas sin llegar a molestarlas.

Uno de los puntos favoritos de Lastres es el Museo del Jurásico de Asturias, ideal para visitar con niños y creado para complacer todos los deseos del amante de la paleontología. Resulta que esta zona fue hace 150 millones de años el rincón favorito para numerosas especies de dinosaurios, en torno a 8.000 fósiles han sido hallados por los alrededores, y muchos de ellos se exponen hoy en los tres edificios del museo.

Para quienes buscan playa, nada más que diré un nombre: La Griega. Pura playa asturiana de rocas altas y mar contenido.

Ribadesella

Quizá sea el pueblo más conocido de esta lista, aunque siempre queda algo nuevo por descubrir. Ribadesella es famosa por sus divertidísimas fiestas durante el mes de agosto, hasta aquí acuden habitantes y veraneantes de todo el norte español, no importan las edades, a inyectarse las dosis pertinentes de diversión. Y aunque este año condenado nos haya privado de su espectáculo, es excitante comprobar que la vida bulle en Ribadesella con su ánimo habitual. Las terrazas palpitan abarrotadas y - algunos no querrán oírlo -, en ocasiones parece que el coronavirus no existió nunca. Solo vienen las mascarillas, el gel y la distancia de seguridad a recordárnoslo.

Un paseo por la calle Ricardo Cangas, paralela a la Playa de Santa Marina, muestra algunas de las casas de indianos más bonitas de Asturias. Aunque la mayoría continúan siendo propiedades privadas, lanzarles un vistazo a través de las puertas de rejas transporta a otra época más selecta que la de ahora. Aquellos indianos sabían vivir y lo que es mejor, tenían un gusto exquisito para decorar las fachadas de sus casas.

Pero en Ribadesella hay para todos los gustos y colores. A los deportistas les recomiendo llamar a cualquiera de las escuelas de piragüismo que rodean el pueblo y jugar a los piratas de río mientras descienden el Sella. Disponen de tres recorridos: uno del río completo, otro de 14 kilómetros y el más corto, de 7 kilómetros.

Llanes

El postre de toda comilona requiere dulzor, buen sabor y cierta elaboración en la presentación del plato. Aquí aparece Llanes como el postre más dulce de la costa asturiana. Un paseo por la calle peatonal Marqués de Canillejas constituye la primera cucharada. Busca y aquí encontrarás los helados caseros más sabrosos de la región, además de graciosas tiendas que ofrecen recuerdos, quesos de olor fuerte, como nos gustan, y cajas refrescantes de sidra recién salida de la fábrica.

Aunque quiero pensar en Llanes como un destino más allá de sus bonitas casas de colores. Sus olores, el tacto de la tierra que se ablanda al pisarla, incluso el sabor amargo del viento que trae el mar, cobran una forma física en esta localidad. Es un sabor que lleva repitiéndose a lo largo de los cuatro pueblos anteriores, aunque aquí cobra una intensidad todavía mayor. Es el sabor de Asturias. Sin edulcorar. Y puede aprovecharse al máximo con una visita a los Bufones de Pría. Estos agujeros en los acantilados expulsan amplias bocanadas de agua de mar los días de tormenta, cuando sube la marea; después de dar sabor, empapan a los turistas con su inconfundible esencia.