Historia para niños, fácil de conseguir en Olmedo

No siempre resulta sencillo compenetrar la Historia con los hijos, pero Olmedo ofrece un excelente equilibrio para adultos y los más pequeños

Si Olmedo tuviese alma o boca por la que quejarse, y leyese el titular de este artículo, no bastaría el rico vocabulario castellano en materia de imprecaciones para calificarme de mangurrián para arriba. Esta recia localidad vallisoletana cuyo nombre se debe a la gran cantidad de olmos que la poblaban, hoy prácticamente desaparecidos, fue escenario de algunas de las batallas más cruentas, las traiciones más belicosas, las historias de amor más desgarradoras. Olmedo, hace no demasiados años, era el destino opuesto a lo que niños se refiere. Todavía queda el recuerdo de estos años de ira, un sabor agridulce serpentea fugaz entre sus calles de ladrillo desgastado; dulce porque hoy podemos zambullirnos en él y degustarlo, amargo porque fueron muchas lágrimas quienes lo cimentaron.

Al amante de la historia, del mundo rural, del medievo, con hijos por cuidar. Este es el lugar perfecto para saciar los límites de la curiosidad e introducir a los más pequeños de la familia en este mundo fantástico que es mitad fantasía, mitad realidad.

Corretear en el Parque temático del Mudéjar

Primera parada e imprescindible, sin importar la edad del viajero. Encajonado en una esquina de la villa se encuentra el Parque Temático del Mudéjar, una visita ideal para conocer de primera mano los detalles del mudéjar en el campo castellano. Se dice mudéjares a los musulmanes que habitaron tierras reconquistadas por tropas cristianas a lo largo del medievo, cuyas delicadas obras de arquitectura y orfebrería se encuentran diseminadas en la práctica totalidad de nuestro país. Sus ejemplos más famosos pueden encontrarse en Aragón, declarados Patrimonio de la Humanidad desde 2001, aunque no debe despreciarse el puñado de construcciones centenarias y pertenecientes a este estilo que motean la zona de Olmedo y los municipios circundantes.

En el parque, inaugurado en 1999 y conservado en excelente estado, se diseminan hasta 21 maquetas de edificios de Castilla y León pertenecientes al mudéjar más exquisito. Iglesias, palacios, castillos. Por una vez, breve pero cierta, las tornas cambian para que sea el visitante quien mira estas grandilocuentes estructuras desde una perspectiva superior. Todas las maquetas están hechas a escala 1:8, algunas rondan la decena de metros cuadrados, construidas en su totalidad con ladrillos del tamaño de un dedo. Es delicioso pasear por sus jardines de 15.000 m2 porque puede apreciarse con detalle cada entresijo que conforma estas estructuras, mientras los más pequeños tienen permiso para entrar dentro de sus réplicas y sentirse gigantes por unas horas. Gigantes subiendo las murallas del Castillo de la Mota, gigantes arrodillándose para cruzar la Puerta de Cantalapiedra.

Raíles de trenes, también a escala, complementan el escenario para aportar un toque ideal a la vista, circulando las maquinitas sobre los puentes que atraviesan pequeños riachuelos artificiales. Es útil conocer el parque, sobre todo si se dispone de poco tiempo. De esta manera podrán verse en una misma visita la Iglesia de la Asunción (Muriel de Zapardiel), la Puerta de Medina (Madrigal de las Altas Torres), el Castillo de Coca (Coca) o la Ermita de San Saturio (Soria).

Compartir romances con el Caballero de Olmedo

Para quién no conozca la famosísima obra de Lope de Vega, procuraré ponerle en contexto con la brevedad que permitan un puñado de letras: Don Alonso, el caballero de Olmedo, se enamora sin remedio de la hermosa doña Inés, con la mala suerte de que esta anda comprometida con otro personaje, odioso como pocos, de nombre don Rodrigo. Ocurren desvaríos amorosos, encuentros furtivos, resistencias, criados cómplices de la trama. El culmen de la obra llega de la mano del asesinato del desafortunado don Alonso, nuestro héroe, a manos de un desalmado don Rodrigo. Justo en el momento en que doña Inés se disponía a entregarse definitivamente a su amor. Doña Inés corre hecha un manojo de nervios al rey con su desgracia, el rey actúa justamente y ejecuta a don Rodrigo y su mejor amigo, don Fernando. Cae el telón.

Pues queda claro cuando dije que Olmedo era un escenario de violencias. Ficticias o reales. Para conocer esta obra con mayor profundidad de la que yo he expuesto, para empujar a las criaturas a conocer las palabras que componen nuestra bella historia literaria, no cabe visita mejor que el Palacio Caballero de Olmedo. Magia y ambiciones se barajan en las sucesivas salas del museo, escuchando la voz afectada de Lope narrándonos su opus magnum. Experiencias sensoriales, compenetradas con una amplia explicación de la simbología del maestro - plumas y espadas, religión y falsas galanterías - no cansarán a los niños. Más bien al contrario. Podrá sumergirles en otra época, otra mentalidad hoy desterrada, que facilitará explicarles nuestro pasado sin complicaciones ni necesidad de enmarañarse la lengua leyendo la compleja obra.

Escapada alternativa

Quizá sea adecuado cuando los niños estén cansados y se vayan al hotel, el momento ideal para rascar unas décimas nuevas de Historia a la excitante localidad. No me entretendré demasiado. Bastaría con dedicar una hora o dos a pasear las callejas de la villa, con el ojo atento para encontrar algunos ejemplos de arquitectura mudéjar que vimos en el parque temático, solo que esta vez a escala real y revistiendo todos los misterios que su larga vida les ha calzado. El viajero sabrá que ha conseguido una victoria al llegar a la Plaza de San Andrés y observar La Olma, un olmo con cinco siglos de edad que aparece en el escudo de la localidad y, lamentablemente, muerto recientemente debido a una grafiosis. Sigue en pie aunque sea cadáver, y no le vendría mal una caricia antes de ser talado.

Dato curioso: Olmedo recibe el nombre de “Villa de los siete sietes”, ya que poseía siete pueblos de su alfoz, siete arcos de entrada, siete iglesias, siete conventos, siete plazas, siete caños o fuentes y siete casas nobles. Entre las que caben a destacar la Casa de los Dávila y la Casa de los Ortega.

Dónde dormir y dónde comer

Olmedo se levanta bendecido por un buen número de excelentes restaurantes y asadores donde calmar nuestro apetito medieval. La comida, ya se sabe, vendrá servida con forma de lechazo, cochinillo, cordero, sopas castellanas, rabo de toro y si alguno está a régimen, ensaladas deliciosas de perdiz o codorniz. Son manjar de reyes, cocinados para saciar incluso al más regio de los paladares. Mi recomendación inmediata es el Asador Caballero de Olmedo, situado junto al parque temático. De estar abarrotado como es habitual durante los fines de semana, igual resultado conseguiríamos en el Asador Los Caballeros y el Mesón la Villa.

El alojamiento es más sencillo de encontrar. Si se buscan espacios amplios para que los chiquillos correteen y gasten su energía antes de dormir, relajarse durante un par de días del ajetreo de la ciudad y escuchar a los pavos reales llamarse los unos a los otros con su empaque habitual, el nombre tiene sitio y el sitio está rodeado de un amplio pinar que casi, casi nos hará pensar que nos hemos perdido en la época medieval. Fácil: La Posada Real del Pinar, a no más de 11 kilómetros de Olmedo. Sentado en su terraza he escrito este artículo, bien abrigado porque ya empiezan los meses de frío. Sin interés por estar en ningún otro lugar.