Ganaderías bravas (II)

«GretaThunberg tendría que haber conocido los beneficios del ecosistema de la dehesa y la ganadería brava»

El toro bravo también ayuda al medio ambiente
El toro bravo también ayuda al medio ambiente

Cuentan que fueron los jesuitas, quienes llevaron el toro bravo hasta sus territorios del Perú , para tenerlo como guardián de las propiedades que ostentaban. Y que Don Luis de Ascásubi mandó recoger los toros criollos que había por los páramos que rodean los volcanes del Ecuador, para realizar una tienta y sacar de ahí la primera ganadería brava situada en la mitad del mundo. En Colombia, Fermín Sanz de Santamaría seleccionó un toro encastado y fiero, para seguir conservando el legendario hierro de Mondoñedo. Fue su familia quien donó la Plaza de Santa María de Bogotá a la ciudad, siempre que su fin se destinara a los festejos taurinos. En Francia, la divisa de Viento Verde llevó sus toros de origen Murube-Urquijo desde las Marismas del Guadalquivir hasta los castillos del valle del Loira, al sur de París. El toro bravo se extendía desde los campos ganaderos de los Núñez de Tarifa, junto al mar de África, hasta casi el centro de Europa. Y en California, junto al Valle de San Joaquín, se asentaron varias ganaderías bravas, que lidian en plazas de Estados Unidos corridas incruentas. El toro bravo ha participado en festejos por gran parte del mundo: desde Indonesia hasta la antigua Yugoslavia; desde las primitivas plazas de Orán o Casablanca hasta las coloniales de Real de San Carlos, en Uruguay, o en la mismísima Plaza de toros de La Habana, en Cuba. Anécdotas y curiosidades aparte, la ganadería brava es ejemplo de biodiversidad, con más de 250.000 hectáreas destinadas a su cría. GretaThunberg, durante la Cumbre del Clima, tendría que haber conocido los beneficios del ecosistema que forman la dehesa y la ganadería brava. Y muchos políticos españoles. Para que sepan verdaderamente cuál es uno de los más claros ejemplos del bienestar animal. Ahora que está tan de moda.