El interior y el exterior de Abengoa

“Si no resuelve sus asuntos internos, con ella se habrá ido buena parte de lo que Andalucía necesitó para sacudirse el barro del terruño”

Imagen de la sede de la empresa Abengoa en Palmas Altas, en SevillaEuropa PressLa Razón

La paradoja en la que vive Abengoa sus últimos días antes de diluirse en la nueva Abenewco 1 S. A. U. es que está atrapada por asuntos internos que le dificultan acceder a un marco de oportunidades extraordinario que viene de la mano, en muy buena medida, de la “New Green” europea. Abengoa está embridada en asuntos internos mientras se le dibuja un paisaje sugerente que no alcanzaría de no romper las bridas.

Que nadie se equivoque. Aunque en las barras de bar de movilidad reducida sólo se hable de la minucia de los 20 millones de euros (M€) que ha pedido a la Junta de Andalucía para salvar a la multinacional sevillana, los problemas son otros. Para que Abengoa logre su tercer plan de rescate en cinco años necesita resolver cinco problemas internos: un acuerdo con las entidades financieras que les renovarían los préstamos, un acuerdo con los que prestaron dinero comprando bonos de la compañía, otro con los acreedores y proveedores a los que se les deben 153 M€ y que son la base del pre concurso de acreedores, otro que determine la participación que tendrán las Administraciones Públicas interesadas en el capital social de la nueva Abenewco 1 SAU y, el asunto más correoso, el “placet” del millar de accionistas sindicados en Abengoshares que han forzado la convocatoria de la Junta de accionistas extraordinaria del día 11 de noviembre.

Si se resuelve este puzzle, veinticinco de los actuales directivos se embolsarán unbonus” de 60 M€ como premio a su gestión, algo que cabrea sobre manera a los de Abengoshares pero que, estrictamente, es una cuestión de incentivos; si quieres en tu plantilla a un “Joaquín” que te resuelva un partido crucial tienes que pagarlo aunque esto sea difícil de entender, también para los 1.1.00 empleados que trabajan en el edificio de Palmas Altas sin cobrar su nómina.

Lo de llamarse Abengoshares (“share” en inglés significa acción) suena a la parodia de los Monty Python en pleno estallido de la burbuja inmobiliaria de 2008 cuando decían que hubiesen comprado cualquier cosa con el nombre de “Fondo reestructurado triple A al alza” aunque no tuvieran ni pajolera idea de lo que era. Llamarse Abengoshares parece que suena mejor que “Peña de pequeños accionistas y socios del Círculo Mercantil con caseta propia” pero pese al catetismo del nombre, gracias a su acción y a lo que les va a facturar el despacho Navas y Cusí, conocemos mucho de los entresijos de la empresa a la que tanto debe la industria andaluza y la proyección internacional de España.

Vayamos por partes como diría el carnicero. Las entidades financieras ya dieron su conformidad el 6 de agosto: un préstamo a 5 años de 230 M€ con garantía ICO -al que empujó mucho Vox- a los que se sumarían los 20 de la Junta de Andalucía y una línea de avales “revolving” (mira que hay términos en español) también a 5 años por 126,4 M€ ampliable a 300 M€. Los bonistas están dispuestos a modificar las condiciones de los cuatro tipos de bonos afectados (NM2, Abenewco 1MC, Senior Old Money y Junio Old Money). Parte del acuerdo (que afecta no sólo a la nueva Abengoa -Abenewco 1 SAU- sino también a la filial Abenewco 2) pasa por la conversión de los bonos en acciones pero -ojo- siempre que se evite la quiebra, esto es, no quieren ser accionistas a lo Banco Popular de una empresa quebrada con un valor cero.

Vistos los acuerdos para dos de los escollos internos (bancos y bonistas), vayamos con el tercero; los acreedores y proveedores sin cobrar. Las deudas de Abengoa con ellos suman los urgentes 153 M€ que, de no atenderse, obligarán al juzgado de lo Mercantil número 1 de Sevilla a poner en marcha el concurso de acreedores. La suma incluye a los denominados “acreedores de perímetro” porque impactan sobre Abengoa. Aquí el acuerdo consiste en ofrecer a los proveedores un canje de las deudas a cambio de participaciones en un préstamo sindicado a largo plazo emitido por la filial Abenewco 2 Bis SAU, precisamente por el monto de 153 M€. Esto es precisamente lo que enfadó a los pequeños accionistas hasta el punto de pedir una paralización cautelar del procedimiento que no fue atendida por el juez Javier Carretero. El temor principal de estos accionistas es acabar siéndolo de una entidad -Abenewco 1 SAU- heredera de la histórica Abengoa (a la que se le habían transferido todos los activos tóxicos), de mayor capital social al actual de Abengoa (35.865.862,18 €) y en la que la compañía histórica y con ella sus acciones, quedarían completamente diluidas en el nuevo capital social. Esta cuestión es clave y merece un comentario detenido.

Abengoshares pide que el peso de la histórica Abengoa en Abenewco 1 no sea inferior al 10%, mientras que la oferta del actual Consejo de Administración es del 2,7%. Además piden que pague por seguir usando el nombre de Abengoa como marca comercial, algo en lo que tampoco se ponen de acuerdo como suele ocurrir al poner precio a cualquier activo intangible.

Lo anterior tiene muchos más flecos que nos dejamos en el tintero por razón de espacio pero que, al menos deben mencionarse. Dos no menores son la necesidad de valorar qué pasará con los 99 M€ que se reclaman a Abengoa pero que ahora están todavía en litigio y la manera en la que se liquidarán 24 filiales de la matriz como parte del pago a los proveedores.

Si lo anterior son las interioridades que atan a la multinacional en el camino de su tercer rescate, en el exterior el panorama es muy diferente. Desde antes de la pandemia, la Comisión Europea se había abonado a la nueva verdad del cambio climático. Para hacer frente al mismo había decidido apoyar financieramente todo aquello que facilitase la transición a una economía neutra en emisiones de aquí al año 2050. La pandemia no ha hecho más que reforzar esta estrategia. La “Green deal” o política de frontera verde europea va a absorber buena parte de los 750.000 M€ a repartir entre los 27 socios en los próximos años. Este escenario va más allá de la tecnología termosolar -otrora bandera de Abengoa y hoy muy fuera de mercado-; es un marco abonado para la energía del hidrógeno y otras energías limpias, para el despliegue de redes inteligentes de transporte y distribución de electricidad, para el desarrollo de procesos anidados en la nube, etc. En definitiva, todo un campo de desarrollo en el que la multinacional mostró capacidad que no necesitó de labores de persuasión, bastó con su buen hacer y eso fue bastante.

Si Abengoa no resuelve sus asuntos internos, con ella se habrá ido buena parte de lo que Andalucía necesitó para sacudirse el barro del terruño, quizá el barro que impregna la lucidez de quien bautizó al plan de viabilidad de los minoristas de Abengoshares como “New people, new commitment”, “Nuevas personas, nuevo compromiso”. A veces no necesitamos que el PSOE entregue el español a ERC para que lo decapite; nos bastamos nosotros mismos.