Por ser mi esposa

“Posiblemente, no sea elegante distinguir con un escrutinio parlamentario a alguien sólo por ser la mujer del líder de un partido… pero es mucho más feo arrimarle unas decenas de miles de euros públicos en una fundación masivamente fraudulenta y a cambio de estrictamente ninguna actividad”

Carmen Ibanco, en la comisión de investigación de la Faffe del Parlamento andaluz. ALFREDO DE ANCA
Carmen Ibanco, en la comisión de investigación de la Faffe del Parlamento andaluz. ALFREDO DE ANCA FOTO: ALFREDO DE ANCA ALFREDO DE ANCA

Se duele, con alguna razón, Juan Espadas por la comparecencia de su señora en la comisión parlamentaria que investiga en las Cinco Llagas el macrochanchullo de la Faffe, quizás la madre de todos los chiringuitos junteros durante la pasada cleptocracia: «Es evidente que se la llamó por ser quien es, por ser mi esposa. Si no, hubieran llamado a muchos otros». El problema es que la frase es igual de cierta aplíquese casi el verbo que se le aplique y en ninguna de las demás versiones sale bien parada Carmen Ibanco, ayer trabajadora de funciones fantasmales y hoy aspirante a First Lady de la autonomía. «Es evidente que se la contrató por ser quien es, por ser mi esposa. Si no, hubieran contratado a muchos otros». «Es evidente que se le pagó por ser quien es, por ser mi esposa. Si no, les hubieran pagado a muchos otros». «Es evidente que se le permitió rascarse la barriga en horario laboral por ser quien es, por ser mi esposa. Si no, se lo hubieran permitido a muchos otros». Total: «Es evidente que se la enchufó por ser quien es, por ser mi esposa. Si no, hubieran enchufado a muchos otros». Porque, posiblemente, no sea elegante distinguir con un escrutinio parlamentario a alguien sólo por ser la mujer del líder de un partido… pero es mucho más feo arrimarle unas decenas de miles de euros públicos en una fundación masivamente fraudulenta y a cambio de estrictamente ninguna actividad a alguien sólo por ser la mujer de un viceconsejero. Luego está el papelón vergonzante de la doña, balbuciente rostro de cemento armado y sin dignarse siquiera a disimular el mangazo, que corrió exclusivamente a cargo de la compareciente. ¿Qué trabajo concreto realizaba usted?, le preguntan. ¡No voy a permitir que se me falte al respeto!, contesta. Hay que tenerla dura como el pedernal, o sea.