Cádiz: una milenaria relación con los terremotos

El Golfo registra temblores de tierra casi todas las semanas, que se dejan notar tanto en la zona litoral como en la Sierra gaditana

En las arenas del Cabo de Trafalgar están las piedras que llegaron con el tsunami de 1755
En las arenas del Cabo de Trafalgar están las piedras que llegaron con el tsunami de 1755 FOTO: La Razón La Razón

La historia de Cádiz, de su provincia, está ligada a movimientos sísmicos continuos. Fenómenos naturales que, si echamos la vista atrás y nos dejamos llevar por la mitología griega, escribieron una de sus grandes páginas cuando el poderoso dios Hércules, haciendo uso de su colosal fuerza, creó el Estrecho de Gibraltar. Proeza que supuso el origen de Europa y África y para la que, como refleja el escudo de la ciudad, se apoyó en dos grandes columnas, Gibraltar y Monte Macho, en Ceuta. Episodios mitológicos al margen, lo cierto es que el Golfo de Cádiz, junto a la zona del Mar de Alborán (Mediterráneo), es uno de los enclaves geográficos de España con mayor actividad sísmica.

Basta con echar una mirada al visualizador del Instituto Geográfico Nacional para constatar la presencia, casi continua, del Golfo de Cádiz en las tablas que, diariamente, registran los terremotos que tienen lugar en el territorio nacional y su entorno. Movimientos que afectan y han afectado a lo largo de la historia tanto a la zona litoral como interior.

Prueba de ello es la serie encadenada de terremotos (cinco) que hace apenas unos días tuvo lugar en el Golfo de Cádiz. Concretamente, entre el sábado 12 de marzo y el lunes 14, siendo el más intenso el que se registró en la localidad costera de Barbate. Localizado a 60 kilómetros de profundidad y con epicentro en la zona de la Sierra del Retín (al este del término municipal), alcanzó una magnitud relevante, 4,4 grados en la escala Richter; si bien, como tantas otras veces, apenas fue percibido por la ciudadanía. Terremotos a los que, como nueva prueba de la constante actividad sísmica en la zona, el 22 de marzo se sumaron otros dos, en esta ocasión con magnitudes de 2,4 y 1,5 grados y epicentro en aguas del Golfo de Cádiz.

Pero no ha sido solo Barbate la localidad que ha sufrido terremotos de 4 grados de magnitud o superiores a lo largo de la historia y, en especial, en los últimos meses y años. Este pasado enero se registró otro de 4,4 en aguas del Golfo de Cádiz, movimiento que, incluso, percibieron los ciudadanos de las localidades onubenses de Ayamonte, Cartaya, Lepe, Isla Cristina y Huelva. Asimismo, el municipio de Conil de la Frontera fue epicentro de un temblor de 4 grados de magnitud en octubre de 2018, no teniéndose que lamentar ni daños materiales ni personales.

A estos terremotos en zonas costeras se han unido otros en el interior de la provincia, en especial en la Sierra de Cádiz. Seísmos que han tenido como principal «epicentro» Olvera y su entorno (caso de la localidad sevillana de Pruna), como es el que se registró en octubre del año pasado. con una magnitud de 4,1 grados.

Asimismo, en octubre de 2019, Olvera fue también epicentro de uno de los movimientos sísmicos más fuertes de la última década en la zona. En esta ocasión, el terremoto, localizado al noroeste del término municipal, alcanzó los 4,5 de magnitud, produciéndose a una profundidad menos habitual, tan solo cinco kilómetros. Esto provocó que se registraran daños tanto en el Instituto de Enseñanza Secundaria de la localidad como en otro centro educativo de Alcalá del Valle, pueblo de la sierra gaditana en el que también se notó el temblor. Torre Alháquime, Setenil de las Bodegas, Villaluenga del Rosario, Grazalema, Prado del Rey, Villamartín y Arcos de la Frontera, entre otras, han sido las localidades que, directa o indirectamente, se han visto afectadas a lo largo de los últimos años por movimientos sísmicos de diversa magnitud.

Si buscamos el origen de estos fenómenos, tenemos que referirnos a la inestabilidad y características de la corteza terrestre del subsuelo de la provincia, que se enclava en la zona sísmica del Valle del Guadalquivir.

Y es que Cádiz se localiza en el límite de dos de las grandes placas tectónicas, la africana y la euroasiática; de ahí que los expertos se refieran a la existencia de numerosos fosos sísmicos en su golfo.

La cara de la moneda de esta realidad es que, pese al importante número de terremotos que se registran a lo largo del año, estos oscilan entre los 1,5 y los 4 grados en la escala Richter, no siendo catalogada como zona susceptible de sufrir movimientos superiores a los 8 grados.

1755, un año para la historia

Entre las catástrofes naturales que ha sufrido la provincia a lo largo de su historia, hay una que está muy presente en los gaditanos, el maremoto de 1755. Aquel año, un terremoto con epicentro en Lisboa provocó una enorme ola que arrasó gran parte de la costa gaditana, ocasionando inundaciones, numerosos daños y centenares de muertes.

Fenómeno que no pocos expertos en la materia señalan que está llamado a repetirse. Basta con recordar las palabras de Begoña Pérez, responsable de la división de Oceanografía de Puertos del Estado, en el documental «La gran ola»: «La pregunta no es si va a haber o no un tsunami, la pregunta es cuándo va a ocurrir el próximo tsunami».

Tsunami cuya huella, según los expertos, aún está presente en el Cabo de Trafalgar, arena en la que aún se localizan algunas de las grandes piedras (ya erosionadas) que lanzó a tierra la gran ola del año 1755.