Cushing, la enfermedad que compartimos con nuestras mascotas

Producido por un exceso de cortisol que genera nuestro cuerpo, este trastorno afecta tanto a personas como a perros, gatos e incluso caballos. Nadie está exento de padecerlo y sus consecuencias son fatales

  • Cushing, la enfermedad que compartimos con nuestras mascotas
Madrid.

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12 de septiembre de 2016. 15:52h

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Madrid. 12/9/2016

Hemos oído hablar sobre enfermedades transmitidas de los animales a los humanos, pero lo que muchos no saben es que algunas no se contagian, sino que se «comparten». Es lo que ocurre con la enfermedad de Cushing, un trastorno producido por un exceso de cortisol en sangre y que puede afectar tanto a personas como a mascotas, especialmente a los perros. Juan Carlos Galofré, coordinador del área de conocimiento del tiroides de la Sociedad Española de Endocrinología (SEEN) y consultor del departamento de Endocrinología y Nutrición de la Clínica Universidad de Navarra explica que «puede ser de dos tipos, que el propio cuerpo genere ese cortisol (endógeno) conocido también como enfermedad de Cushing) o iatrogénico (exógeno), esto es que el paciente reciba como corticoides en exceso para tratar alguna enfermedad para la que se administra este medicamento. Es más frecuente este último caso, pero las manifestaciones son similares». Galofré destaca que «el paciente tiene la piel fina, sufre acúmulo de grasa retrocervical y una obesidad que se concentra en el abdomen y el tórax». También tienen estrías rojas en el abdomen, se nota cansado y puede sufrir depresión.

Y muchos de estos síntomas los comparten los perros (razas como Caniche, Yorkshire Terrier, Boston Terrier, el Bichón Maltés o Teckel tienen mayor predisposición), gatos o incluso caballos que también sufren esta dolencia. Carlos Meliá, director gerente del Hospital Clínico Veterinario de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y responsable de Medicina Interna de la Clínica Veterinaria Atlántico, aclara que «es más frecuente en perros y caballos que en gatos y personas. En humanos se estima una prevalencia de 1-15 casos por millón al año, mientras que en perros es de 1-12 casos por mil. Y aunque puede que la frecuencia no sea alarmante, sí lo son sus consecuencias. «Puden ser terroríficas si no se diagnostica y trata a tiempo. Si es de carácter endógeno y no se corrige la causa el afectado va a tener infecciones, problemas circulatorios, diabetes, hipertensión... es mortal a medio plazo. Y cualquiera es susceptible de padecerla», dice Galofré.

Cómo actúa

Se produce por un tumor en la glándula suprarrenal o en la hipófisis. La frecuencia es del 10 y 90 por ciento respectivamente según explica Galofré. «La hipófisis produce la hormona ACTH que estimula las glándulas superarrenales para producir cortisol. Un tumor (generalmente benigno) produce exceso de ACTH que a su vez estimula la suprarrenal a producir cortisol. El tumor suprarrenal (puede ser benigno o maligno) produce directamente un exceso de cortisol». Lo mismo ocurre en los canes, salvo que en ellos se denominan glándulas adrenales y no suprarrenales porque «están localizadas al lado del riñón. En ambas especies la glándula consta de las misma capas internas y producen el mismo tipo de hormonas glucocorticoides, mineralocorticoides y sexuales», dice Meliá.

No obstante, en los canes hay signos determinantes que no ocurren en humanos. «Beben y orinan más de lo normal, y al producir a mucha orina su vejiga suele estar dilatada lo que contribuye a que tengan un aspecto distendido del abdomen. También se produce un aumento del tamaño del hígado por acumulación de grasa», matiza Meliá. Otros síntomas son«la alopecia, principalmente en el tronco, aumento del apetito y jadeo excesivo, incluso en reposo».

Tratamientos

Cuando el trastorno surge por un tratamiento con cortisona, los médicos se encargarán del control y seguimiento, pero si es endógena, «el tratamiento pasa por cirugía para eliminar el tumor, aunque no es la única opción, tal y como explica el miembro de la SEEN. «Existen fármacos que regulan la producción de cortisol pero, por sus efectos secundarios, no pueden tomarse durante periodos largos de tiempo. Por ello se prepara al paciente con un tratamiento para disminuir los niveles de cortisol y luego realizar la cirugía. Si no es suficiente se puede recurrir a radioterapia. También existen nuevos tratamientos que regulan la producción de las hormonas hipofisarias y que en algunos pacientes funcionan bien y en otros no».

En cuanto a las mascotas, «tanto en el perro como en el gato se usa con éxito el trilostano, un medicamento inhibe la síntesis de cortisol y permite regular la producción de glucocorticoides. Los perros suelen responder al tratamiento y en las primeras semanas mejoran el cansancio, debilidad, consumo de agua y producción de orina», concluye Meliá.

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