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Diabetes: La innovación diagnóstica y terapéutica no llega a la consulta

El alto coste de las novedades, ya sean para el tratamiento o el control de la enfermedad, lastra su introducción en el Sistema Nacional de Salud, a pesar de que a largo plazo resultan coste-eficientes, pues evitan las bajas laborales e ingresos hospitalarios

  • De izquierda a derecha, Sergio Alonso, Celia Cols, Sharona Azriel, Mercedes Maderuelo, Carmen Montón y Julio Sagredo / Foto: Luis Díaz
    De izquierda a derecha, Sergio Alonso, Celia Cols, Sharona Azriel, Mercedes Maderuelo, Carmen Montón y Julio Sagredo / Foto: Luis Díaz

Tiempo de lectura 8 min.

30 de abril de 2018. 19:38h

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Eva S. Corada,  Luis Díaz.  30/4/2018

Cerca de 400.000 casos nuevos de diabetes se diagnostican en España cada año. Para ser más concretos, 386.003, según revela el estudio di@bet.es impulsado por el Ciber de Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (Ciberdem). El trabajo, llevado a cabo entre 2016 y 2017 –y presentado en el XXIX Congreso Nacional de la Sociedad Española de Diabetes, celebrado la semana pasada– cifra la incidencia de la enfermedad en la población adulta en 11,58 casos por mil personas/año. Valga como referencia este dato para poner de relieve la importancia presente –y sobre todo futura– que la prevalencia de esta patología crónica así como de las complicaciones asociadas que conlleva. Una auténtica pandemia que está íntimamente relacionada con la obesidad y los hábitos sedentarios de la sociedad moderna.

Sobre este asunto, así como sobre la situación de su abordaje en España se habló en la mesa redonda «Acceso a la innovación en diabetes», organizada por A TU SALUD y que tuvolugar en la casa de LA RAZÓN el pasado 17 de abril.

Como señaló Sharona Azriel, secretaria de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), «en los últimos cinco o diez años ha habido un cambio bastante radical en el tratamiento de los pacientes con esta patología. Ahora el abordaje es más integral y se va mucho más allá de la propia diabetes. No hay que olvidar que la enfermedad cardiovascular es la causa de muerte más frecuente en pacientes con diabetes tipo 2, y sabemos que eso es algo que también tenemos que tratar». Una cuestión que contemplan ya los nuevos medicamentos: «Disponemos de un amplísimo arsenal terapéutico, cada vez más seguro, que va más allá del control glucémico y que aporta otros beneficios, sobre todo cardiovasculares», coincidió Julio Sagredo, miembro del Grupo de Trabajo de Diabetes de Semfyc.

Azriel hizo hincapié en que otra de las enseñanzas aprendidas en este tiempo es que «un abordaje temprano y un arranque agresivo reducen las complicaciones. Hay que cambiar el paradigma hacia un tratamiento precoz, intensivo y global».

Los expertos también hablaron de la importancia de intervenir antes incluso de que la enfermedad aparezca. «Hay mucha diabetes, pero también mucho riesgo de tenerla. Por eso hay que empezar por prevenir, ver por qué hay tanta incidencia y evitarlo. Por eso tenemos que avanzar en el diagnóstico precoz, que es una labor de los médicos pero también de la Administración y de los medios de comunicación, fundamentalmente a través de la educación del paciente», aseguró Sagredo, quien señaló el ejercicio y la alimentación, junto con los medicamentos, como los tres ejes fundamentales para tratar la diabetes.

Y es que las cifras hablan por sí solas. Como apuntó Mercedes Maderuelo, gerente de Federación Española de Diabetes (FEDE), y según los datos de un estudio de la Sociedad Española de Diabetes elaborado en el año 2010, en España habría más de cinco millones de diabéticos, la mayoría del tipo 2. «Ahora esa cifra debe estar rondando los seis millones, pero el problema no son tanto aquellos que ya están diagnosticados como los que aún no lo están. Se estima que unos 2,5 millones de personas aún no están detectadas y cuanto antes se haga, antes se reducen las complicaciones derivadas de esta enfermedad», prosiguió.

Evitar que las cifras aumenten, sobre todo en niños –donde las tasas de obesidad están en torno al 26% en menores de 15 años– se antoja como algo fundamental. Pero, ¿cómo se puede reducir esta cifra? Los participantes en la mesa coincidieron en que, para lograrlo, la educación, especialmente sobre hábitos de vida, es primordial. También formar a los afactados. «Hasta el 70% de los casos se podrían evitar tan sólo con una buena alimentación. La clave está identificada pero la formación de los pacientes no se consigue. Sólo el 50% de las personas diagnosticadas ha recibido formación al respecto», lamentó la gerente de FEDE. De esta forma, continuó, también se conseguiría mejorar la adherencia al tratamiento, es decir, cumplir correctamente con la medicación prescrita por el facultativo. Y es que, señaló Maderuelo, «sólo el 56% de las personas con diabetes son adherentes, según otro estudio realizado por Farmaindustria el año pasado».

Implicar al Paciente

La visión institucional del problema la aportó la consejera de Sanidad de la Generalitat Valenciana, Carmen Montón: «Tenemos un reto muy importante porque también hablamos de la sostenibilidad del sistema sanitario. Por eso la transformación del sistema pasa por cambiar el modelo clásico asistencial, hay que establecer mejoras en la comunicación no sólo desde la consulta sino también intentar conseguir una mayor implicación del paciente».

Para alcanzar este objetivo, han puesto en marcha la Estrategia de Diabetes de la Comunidad Valenciana 2017-2021, entre cuyas iniciativas destaca la realización de un cribado automatizado de la enfermedad según el cual «a toda persona que pase por consulta, si presenta un mínimo de riesgo en las analíticas, se le efectúa un estudio completo», explicó Montón.

Esta estrategia, que se engloba dentro del llamado «Pla be», pretende un abordaje comunitario, continuado, integral y holístico de la patología. «Tenemos que romper la barrera asistencial. Y para lograrlo hemos empezado a prescribir actividad física. A aquellas personas a las que se les recomienda se les da un curso, se les hace un horario y se les diseña tablas concretas que se realizan en las instalaciones municipales y con monitores municipales», contó la consejera valenciana. Montón aprovechó también para solicitar apoyo por parte de la Administración central: «Además de buenas palabras se necesita un presupuesto. En nuestra comunidad, por ejemplo, hemos hecho un esfuerzo para financiar los medidores de glucosa ‘‘Flash’’ pero, por más eficientes que seamos, hace falta acompañamiento financiero».

Formar al médico

Lo que está claro es que el acceso a la innovación no siempre es tarea fácil. «El problema radica en que es vista siempre como un coste no como una inversión», señaló Maderuelo. Sin embargo, y como apuntó Sagredo, la mayor parte del gasto en diabetes surge de las complicaciones, por lo que «si conseguimos evitar los ingresos y las bajas usando innovación, ésto produce ahorro. Además, no sólo se puede innovar en el campo farmacéutico o de las nuevas tecnologías, también se puede hacer en estrategias o en educación».

El problema es que «no se premia a los facultativos que usan las novedades terapéuticas. Más bien al contrario: se da un “toque de atención” a aquellos que gastan más. Pero los médicos sabemos que tenemos que emplear lo mejor para el paciente y que, además, está aprobado por el Sistema Nacional de Salud», asegura Celia Cols, miembro del Grupo de Trabajo de Diabetes de Semergen. «Probablemente los nuevos medicamentos sean más caros, pero a largo plazo resultan más coste-eficientes pues evitan comorbilidades. El sistema no puede premiar a quien prescribe insulinas que sabemos por los estudios que producen más glucemias», añade Azriel.

Las trabas económicas no son el único problema para introducir la innovación. También está la inercia terapéutica, que sucede cuando al médico le cuesta adaptarse a los cambios y las novedades recogidas por las guías científicas. «Para evitarla es básica la formación del profesional, porque si no conoce las innovaciones seguirá empleando lo mismo que hace diez años», cuenta Cols. «Parte del trabajo del médico es formarse. Por eso la educación no puede quedar en manos de la buena voluntad del médico», concluye Sagredo.

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