Fruta deshidratada, alternativa nutricional a la natural

Disminuye los problemas digestivos, mejora el sistema gástrico, previene los problemas de garganta y favorece el tracto intestinal

  • Su ingesta no es un invento reciente, formaba parte de la dieta habitual de las culturas que habitaron el Mediterráneo y Oriente Medio
    Su ingesta no es un invento reciente, formaba parte de la dieta habitual de las culturas que habitaron el Mediterráneo y Oriente Medio /

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07 de junio de 2019. 17:01h

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Pedro del Corral Madrid. 7/6/2019

El problema de los dulces es que es imposible comer sólo uno. De hecho, está más que demostrado que el azúcar es tan adictivo como cualquier otra droga y que, además, se encuentra siempre al alcance de cualquiera, dispuesto a tentar en los momentos de debilidad.

Esto ha llevado a muchas personas a recelar de todos los alimentos que tienen este particular sabor: desde las barritas de cereales a media mañana hasta los donuts de chocolate a media tarde. Sin embargo, la mayoría de ellas ha dejado la puerta abierta a otros snacks que, a pesar de su dulzor, consideran que son algo más sanos.

Es el caso de las frutas deshidratadas, cuyo consumo no para de aumentar en los últimos años. Según Global Industry Analysts, se espera que éste supere las cuatro millones de toneladas en 2020. ¿La razón de su éxito? Para muchos se ha convertido en la alternativa perfecta a su versión fresca, a pesar de que puedan resultar una fuente encubierta de azúcares.

«La fruta deshidratada ofrece un mayor aporte calórico con una porción mucho más pequeña. Por lo tanto, es probable que para saciar el hambre o la ansiedad se ingiera una mayor cantidad, lo que implica una mayor aporte energético y casi el doble de azúcar», subraya Rocío González, nutricionista de la Clínica Ruber Internacional.

Su ingesta no es un invento reciente, ya que formaba parte de la dieta habitual de las diferentes culturas que habitaron el Mediterráneo y Oriente Medio. Eso sí, con la diferencia de que hoy existen muchas más variedades. Sin embargo, el mango, la piña, el melón, la papaya o la manzana que se encuentran en el mercado ya no se desecan al sol como antes, sino en túneles de secado, en los que el aire caliente penetra para retirar el agua.

«Este proceso destruye alguna cantidad de vitamina C. Además, se les añade dióxido de azufre par darle algún color llamativo, como es el caso de los melocotones y albaricoques».Con esta reducción del contenido de líquido, aumenta también la concentración de nutrientes. Así lo recoge el estudio realizado por la Universidad de Budapest, entre cuyos hallazgos se encuentran, por ejemplo, que este producto contribuye a disminuir los problemas digestivos, favorece el tránsito intestinal, mejora el sistema gástrico y previene los problemas de garganta.

«También es un alimento que posee un elevado contenido en potasio y magnesio, por lo que está especialmente recomendado para personas que sufren hipertensión, que presentan procesos de malabsorción intestinal o que sufren alcoholismo crónico», mantiene María Julia Ocón, doctora del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición.

«Asimismo, presenta grandes cantidades de polifenoles con propiedades antioxidantes que pueden ayudar en la prevención de la enfermedad cardiovascular».Quizá esto último sea lo que más sorprenda, dada su cantidad de azúcares, pero hay que considerar que presenta un índice glucémico bajo, pues contiene una cantidad notable de fibra. «En los casos en los que no tienen edulcorantes añadidos, conservantes o colorantes artificiales, sí constituyen una opción saludable», aclara Pedro L. Prieto-Hontoria, experto en Tecnología de los Alimentos.

Lo que convierte a estas frutas en una alternativa sana a otras más extendidas. «Es importante saber combinar el consumo de productos frescos con otros sometidos a procesos de conservación, de tal manera que podamos aprovechar las ventajas de todos ellos», añade María Kindelán, especialista en Nutrición Consciente y Cocina Energética. Más ahora que el azúcar se ha convertido en el enemigo público número uno.

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