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Fuente de sombras

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Xesús Vázquez: el paisaje posterior al paisaje

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Sobre el autor

Pedro A. Cruz Sánchez

Pedro A. Cruz Sánchez es Profesor de Arte Contemporáneo en la Universidad de Murcia, crítico de arte y poeta.

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Título: Hinterland. Lugar: Sala de Exposiciones del Archivo Histórico Provincial de Cantabria, Santander. Fecha: Hasta el 29 de junio.

Hinterland” es un término alemán que sirve para indicar la tierra “interna” o “tierra posterior” a un lugar de acceso que suele ser costero. Que, en su última exposición, Xesús Vázquez haya bautizado su colección de paisajes con esta palabra semánticamente tan connotada parece indicar que el discurso que se construye en ella desborda con mucho un intento de precisión geográfica. De hecho, la “tierra interna” que representa en sus pinturas señala un paisaje posterior al paisaje, un “metadiscurso” desde el que el paisaje es examinado tanto como codificación cultural pretérita como posibilidad de futuro. Como bien expresa Alberto Ruiz de Samaniego en el texto de introducción al catálogo, la estrategia pictórica de Vázquez está imbuida de melancolía; y el melancólico –acostumbrado a vivir en el naufragio- “ve surgir lo perdido en medio de lo irrecuperable”. Sin embargo, la actitud melancólica no experimenta la ausencia únicamente como una tentativa de recuperación del pasado ya desaparecido, sino, en iguales términos, como una proyección de la propia muerte. Cualquier pérdida es interpretada por el individuo melancólico como un signo inequívoco de su futura extinción. Lo más trágico de las ruinas no es tanto que sellen una realidad pasada cuanto que rompen la vida futura. Los paisajes de Xesús Vázquez caen, en este sentido, dolorosos por sus dos vertientes: provienen de la nada y se aventuran al vacío. La eternidad –como sucede precisamente en la obra titulada Teorema de la eternidad (2012)- solo puede ser salvada del bifrontismo fatal del paisaje mediante una fórmula matemática, una abstracción sustraída del flujo destructivo de la imagen.

Y es que, en efecto, la metamirada que articula Vázquez en estas obras busca ante todo interrogar la vigencia del paisaje como código visual. Tradicionalmente, el género paisajista ha sido empleado como el “foreland” –lugar de acceso al “hinterland”- de una estirpe de experiencias vinculadas al sentimiento de lo “sublime”. A través del éxtasis proporcionado por lo sublime, el espectador era arrastrado a una grandeza que desbordaba su racionalidad. La clásica vinculación del paisaje con la naturaleza imperecedera de lo esencial y superior ha fundamentado su codificación como género desde los ejemplos conspicuos del romanticismo. Contemplar el paisaje era habitar un cuerpo superior que desafiaba la caducidad de lo carnal. En contraposición a esto, el “paisaje posterior al paisaje” que representa Xesús Vázquez es el de la muerte de su imagen como promesa de eternidad. Como se demuestra en varias de las obras expuestas, el paisaje ya no se sostiene como “sentimiento”, sino como “texto”. Si, metafóricamente, el “hinterland” fue otrora contemplado como un lugar para el crecimiento, ahora lo que queda de él es el puro convencionalismo del lenguaje, vaciado de cualquier presencia ontológica. La melancolía reside allí donde anida la muerte. Y, en este lugar vacío dejado por la vida extinta, Vázquez encuentra el silencio y la holgura suficientes para la meditación sobre la ruina de la imagen. Todos sus paisajes son un desfiladero, en la medida en que todos ellos lindan con el abismo.

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