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Política USA by J.M. Peredo

La llegada de Donald Trump a la Presidencia de EE.UU. ha generado incertidumbres en la política internacional y en la sociedad norteamericana. La posibilidad de que se produzcan cambios en la orientación de políticas como la medio ambiental o la de seguridad choca con la necesidad de una política exterior continuista. Los desafíos del mundo cuyas decisiones están aún por llegar. Este blog fija su atención en el proceso de transición que vive la primera potencia global

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Vencedores sin vencidos

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Sobre el autor

José María Peredo Pombo

es Catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea de Madrid, donde imparte Comunicación Política Internacional e Imagen Exterior y Diplomacia Pública. Dirige el Media Lab Europea Media y el Observatorio de las Relaciones Internacionales (www.relacionesinternacionales.media) en la facultad de CC. Sociales y de la Comunicación. Compatibiliza su trabajo universitario con el ejercicio del periodismo y el análisis político en diferentes medios de comunicación y espacios de debate. Sus principales líneas de investigación son la política exterior de Estados Unidos, la comunicación de lobbies y grupos de presión, la opinión pública internacional y la cooperación española. Ha sido investigador principal del proyecto Influencia de los Grupos de Presión en las Elecciones Presidenciales de 2008 en Estados Unidos y coordinador del libro USA 08: las elecciones que cambiaron el siglo XXI.

La normalidad democrática y el equilibrio de poderes han sido los ganadores en las elecciones del midterm en Estados Unidos. Los demócratas han recuperado el control de la Cámara de Representantes y han arrebatado los gobiernos de siete estados a los republicanos. Crecen y aumentan su protagonismo político y su credibilidad electoral. Los republicanos incrementan su ventaja en el Senado en dos senadores y mantienen así la capacidad de ratificar la política exterior del Presidente y de no ratificar un hipotético impeachment a Donald Trump. La prensa consolida su papel crítico a partir de ahora avivado con la posibilidad de que el Congreso intervenga en las cuentas y artimañas electorales de la pasada campaña presidencial. Y el trumpismo inicia una segunda etapa en la cual se pondrá a prueba la verdadera dimensión del fenómeno y de su inconcebible y carismático líder.

La América electoral ha confirmado la fractura de la sociedad polarizada entre unos americanos urbanos, multiétnicos y culturalmente progresistas y otros americanos rurales, blancos y políticamente conservadores. La polarización igualmente entre unos estados del medio oeste y el sur, republicanos, y otros estados y grandes ciudades en el este y el oeste, demócratas. La división entre poderes e instituciones y entre los medios de comunicación. Y finalmente la divergente visión sobre la política exterior, realista y centrada en el interés nacional para la Administración, más liberal y orientada hacia la reconstrucción de la gobernanza global en la oposición.

La economía ha jugado a favor del Presidente en estos dos primeros años para que ganara credibilidad dentro y fuera del país. Pero a partir de ahora, una sociedad más equilibrada y la presión de los demócratas puede terminar debilitando los efectos del discurso populista y antisistema con el que Donald Trump se hizo con el poder. Su carisma entonces pudo explicarse en un momento de pesimismo y hastío frente a las consecuencias de una globalización ultra liberal. Pero con una perspectiva más clara en torno a la reordenación de los mercados y a la recuperación del liderazgo americano en un mundo competitivo y estabilizado, el discurso de Trump deberá modularse.

Recuperar la confianza de países aliados, fortalecer la seguridad y el respeto a las leyes así como crear intereses comunes para captar nuevos socios, es una estrategia que, desde hoy, contará con el apoyo del Senado. Pero un Congreso dividido, con mayoría liberal y más mujeres en ambas Cámaras, forzará al Presidente a moderar los mensajes contra las minorías y abandonar el frentismo si no quiere ver su política paralizada en Washington. El populismo, si acaso, ha sido el único vencido.

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