¿Vives en una ciudad segura? Diez intervenciones urbanísticas frenar la COVID-19 y mejorar la salud

ISGlobal propone urbanismo táctico y de bajo coste a las ciudades hasta que haya vacuna o tratamiento contra el nuevo coronavirus

Coronavirus lockdown easing in Spain
Vecinos de Barcelona sentados en una terraza de la turística plaza Real. Photo: Matthias Oesterle/ZUMA Wire/dpa 25/05/2020 ONLY FOR USE IN SPAINMatthias Oesterle/ZUMA Wire/dpa Matthias Oesterle/ZUMA Wire/dpa

El confinamiento ha redescubierto la ciudad a los vecinos. Paisajes de ciencia ficción, sin coches, sin ruido, turistas ni contaminación, que han dibujado en algunas ciudades, como Barcelona, postales de los años sesenta. Niños jugando a pelota en la mismísima plaza Real, donde antes del confinamiento, como cantaba Pau Donés, había “vino, whisky y tomateo“, según marcaba la demanda -de los turistas-. Los primeros días de mayo, en los que se permitió volver a salir, la gente descubrió que en las ciudades no había suficiente espacio para los peatones, porque el urbanismo se lo había dado a los coches. Para disminuir el riesgo de contagio de la COVID-19 y facilitar la desescalada, ciudades de todo el mundo, han experimentado con ideas. Milán, Berlín, Bogotá, Nueva York o la misma Barcelona son sólo unos ejemplos. A estos cambios rápidos se les llama urbanismo táctico.

“Se trata de intervenciones temporales de bajo coste que se pueden llevar a cabo rápidamente en una ciudad”, explica David Rojas, investigador de la Universidad Estatal de Colorado y colaborador de ISGlobal (Instituto de Salud Global de Barcelona). Rojas propone diez intervenciones en las ciudades para mitigar el contagio de la COVID-19 que a corto plazo mejoran la salud. Son medidas que deberían considerarse hasta que haya una vacuna disponible o un tratamiento efectivo para el nuevo coronavirus. Pero que podrían quedarse para mejorar la calidad de la vida de las personas.

  • En primer lugar, plantea unas recomendaciones generales: desaconsejar el uso del transporte y espacios públicos a casos positivos o sospechoso; alentar la distancia social de dos metros; facilitar la actividad física; evitar aglomeraciones; expandir los espacios públicos, o diseñar intervenciones y priorizar su implementación para grupos vulnerables, así como trabajadores esenciales.
  • En segundo lugar, propone cambiar la movilidad, aparcar el coche para ir a pie o en bicicleta. Apuesta por un urbanismo hecho a medida de los seres humanos, no de los coches, que pasa por ampliar el ancho, la longitud y la conectividad de las aceras. También por expandir los carriles bici y ampliar los estacionamientos para bicicletas. Para proteger a la población más vulnerable, propone implementar corredores y horarios pensados para los ancianos e inmunocomprometidos, por ejemplo.
  • En tercer lugar, habla de las ciclovías recreativas para apoyar la expansión de las aceras y de los carriles bici.
  • Para facilitar la distancia social, también plantea mantener abiertos grandes espacios públicos como parques y plazas, así como expandir espacios pequeños. La crisis de la COVID-19 en Barcelona ha servido para acelerar la reconversión de las calles Consell de Cent, Rocafort y Girona en ejes pacificados.
  • Para frenar el contagio del nuevo coronavirus, también es aconsejable adecuar la señalización y los límites de velocidad. Por ejemplo, cambiar los semáforos que requieran oprimir algún botón a semáforos automáticos o ajustar el tiempo de manera que favorezcan a los peatones y a los ciclistas. Actualizar la señalización para que sea clara y accesible. Incluir las recomendaciones de mantener la distancia física de dos metros. Y reducir los límites de velocidad.
  • Consciente de que para reactivar la economía, se debe reactivar la movilidad, propone implementar protocolos de limpieza estrictos y apoyar la ventilación en autobuses y vagones de Metro. Permitir que las personas puedan embarcar en el autobús por la puerta trasera. Suspender el cobro de tarifas en persona -Barcelona ha estrenado hoy el pago del billete sencillo a través del móvil- u ofrecer transporte público gratuito para evitar la interacción con los conductores de los autobuses o los trabajadores del Metro en las taquillas. También distribuir mascarillas y otro material de protección a los conductores. Reducir la ocupación máxima en el transporte público y aumentar las rutas que tienen mucha demanda. Y establecer horarios para poblaciones vulnerables y servicios de apoyo para trabajadores esenciales. Mientras apoya el uso compartido de bicicletas o sistemas de micromovilidad compartida como e-bikes o scooters para reducir la exposición a ambientes cerrados y de proximidad física, en las paradas de bus y Metros, desalienta los viajes compartidos (carpool, vanpool...).
  • Aunque puede crear un rechazo inicial de los ciudadanos, plantea concentrar el transporte motorizado en pocas calles y crear calles libres de coches. Y, cuando sea posible, concentrar el tráfico de vehículos de mercancías en las calles principales y fuera del horario de oficina para evitar conflictos con otras modalidades de transporte, por ejemplo, a primera hora de la mañana y a última de la tarde.
  • Pensando en la economía de la ciudad, propone adaptar los comercios esenciales. Ampliar las aceras teniendo en cuenta las colas de las tiendas, las nuevas terrazas de los restaurantes y los mercados al aire libre. También establecer zonas de carga y descarga.
  • En noveno lugar, facilitar acceso motorizado a los centros donde se realizan test de COVID-19 y otras pruebas de salud.
  • Y, finalmente, proporcionar y adaptar los servicios de acogida para personas sin hogar, de manera que puedan cumplir la distancia física y las medidas de seguridad que exige la COVID-19.

Aunque a corto plazo estas medidas están pensadas para mitigar la transmisión del nuevo coronavirus, también “mejoran la calidad del aire y ruido”, subraya Rojas. También, facilitan la actividad física, mejoran la salud mental, previenen los accidentes de tráfico y otras enfermedades transmisibles. “Todo esto se traduce en una menor demanda de los servicios públicos”, explica el investigador.

A largo plazo, la crisis de la COVID-19 es una oportunidad para rediseñar los espacios en los que viven las personas.