El Ministerio del Interior indemniza casi 4 años después al mosso que abatió a los terroristas en Cambrils

En 2018 se le reconoció la incapacidad total permanente

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El Ministerio del Interior ya ha indemnizado al agente de los Mossos d’Esquadra que abatió a los terroristas de Cambrils durante los atentados del 17-A en esta población y Barcelona. El agente está de baja desde febrero de 2018, y un forense le reconoció la incapacidad total permanente, pero no ha sido hasta tres años después, cuando se le ha abonado la cantidad correspondiente por la incapacidad, pero solo parcial.

Pocos meses después de los atentados, el mosso recordó que había logrado esquivar al vehículo tirándose hacia la izquierda, y observó desde su posición cómo volcaba el coche que se había abalanzado sobre ellos a la entrada del club náutico de Cambrils. Emergieron de él varias personas armadas con cuchillos, con chalecos adosados al cuerpo, fijados con cinta americana.

Eran, según logró apreciar, dispositivos bomba listos para hacer que todo saltara por los aires. Cuatro de aquellos hombres echaron a correr directamente hacia él. Y él sacó su arma para hacerles frente. Era la madrugada del 17 al 18 de agosto del año 2017.

De esta manera, un forense, tal y como consta en el fallo de la Audiencia Nacional, avaló que el agente 11.888, que no ha vuelto a ejercer como tal desde hace más de tres años, sufre “trastorno de estrés postraumático grave y una incapacidad permanente total para el ejercicio de sus ocupaciones habituales.”. También que hasta aquel momento, cuando prestó declaración, no había percibido “indemnización alguna”.

Durante el juicio, el policía relató cómo había cambiado su vida desde el ataque en Cambrils, donde abatió a cuatro terroristas. “Tengo miedo, estoy hiperalerta cada vez que salgo a la calle, inseguridad y mucho miedo a que se me reconozca”. El mosso formaba parte de una unidad de seguridad ciudadana, y la madrugada del 18 de agosto de 2017 vio un vehículo “a gran velocidad” encarar la rotonda del paseo marítimo del municipio y acelerar hacia la patrulla. En el coche viajaban cinco miembros de la célula yihadista que no murieron en la explosión de Alcanar.

Durante la vista en la Audiencia Nacional se pudo escuchar el estremecedor relato del agente de los Mossos que abatió a cuatro de los cinco terroristas que perpetraron aquel ataque.

El agente, con la voz trémula, al borde de quebrarse, ha tenido que revivir el escalofriante infierno por el que pasaron él y otros compañeros aquella noche en el segundo de los ataques del atentado, el que se perpetró en el paseo marítimo de Cambrils.

Desde aquel heroico episodio en el que logró eliminar en cuestión de minutos a la mayor parte de los atacantes, el agente no ha vuelto a trabajar. Tiene diagnosticado un trastorno de estrés postraumático grave. Ha padecido varios episodios de depresión. Se encierra a menudo e intenta aislarse consigo mismo.

“Tengo dificultades serias para dormir. Estoy tomando medicación para todo ello -relató ante el juez-. Tengo una hiperalerta constante cada vez que salgo a la calle. Padezco inseguridad, miedo a que se me reconozca, a que vuelvan a atacarme. Lo peor de todo es el sentimiento de culpa muy alto que tengo por cómo está afectando todo a mi familia”.

“Llevaban chalecos adosados al cuerpo con cinta americana que parecían chalecos bomba”, rememoró ante la Sala. Uno de los terroristas corrió hacia el mosso “a gran velocidad”, con un hacha en la mano, y gritó: “¡Allahu-Akbar [Dios es el más grande]!. No me dio tiempo a nada más, disparé hasta abatirlo”, relató. A este con un subfusil y, tras quedarse sin munición, neutralizó a los tres restantes con su arma reglamentaria.

Ahora ha sido indemnizado, pero Interior ha denegado la condición de víctima a otros dos agentes de seguridad ciudadana —el 11992 y el 11359—que abatieron en un camino de Subirats a Youness Abouyaaqoub , el conductor de la furgoneta de las Ramblas. Fue después de que este avanzase hacia ellos abriéndose la camisa y mostrando así “unos tubos metálicos con cables adheridos al pecho a modo de chaleco bomba, con la mano izquierda a modo de escudo y portando un objeto en la mano, también gritando ¡Allahu Akbar!”.

A consecuencia de la actuación, uno de los mossos —el 11992—, de 42 años, “presentó un cuadro de estrés agudo y luego un trastorno de estrés postraumático con expresión retardada, que requirió tratamiento médico y psicológico permaneciendo 21 y 54 días respectivamente de baja laboral”. No fue reconocido como víctima, recuerda el fallo. Su compañero —el 11359— “también sufrió un trastorno de estrés postraumático, que requirió tratamiento médico. Curó a los 180 días, 39 impeditivos, sin secuelas”. Tampoco ha sido reconocido como víctima de terrorismo.