Entrevista

Juan Diego Botto: «Es metáfora de nuestra democracia no saber dónde está Lorca»

El intérprete lleva al TNC su espectáculo «Una noche sin luna», sobre el poeta granadino

El actor Juan Diego Botto, ayer, en el TNC
El actor Juan Diego Botto, ayer, en el TNCJoan Mateu Parra

Hace tiempo que Juan Diego Botto está de gira con uno de esos espectáculos que tocan al espectador, que no lo deja indiferente. Eso es lo que ha logrado con «Una noche sin luna», una producción que gira alrededor de Federico García Lorca. El espectáculo pasa estos días por el escenario del Teatre Nacional de Catalunya con todas las entradas vendidas. El intérprete habló con este diario.

Decía Manuel Vázquez Montalbán que Lorca era el muerto peor enterrado de España.

Indudablemente. Dice Ian Gibson, el mejor biógrafo que tiene, que Federico es el desaparecido más triste de España. Es una deuda pendiente demócratas. El hecho de que el poeta y el dramaturgo más excelso del siglo XX que hemos tenido sea uno de tantos en una cuneta, es una metáfora de la deuda de nuestra democracia, de lo que se ha hecho con nuestros represaliados. Hace poco, un profesor de literatura estadounidense me dijo que quería llevar flores a la tumba de Federico, pero no sabía dónde ir. Quedó muy sorprendido. Ese hecho es símbolo de lo que es un país.

Lleva mucho tiempo girando con esta obra. En este tiempo, ¿qué es lo que le ha aportado Lorca?

No solo en este sino en todo el tiempo. Siempre tenemos un poeta o un novelista que nos acompaña, que es tu amigo. Empecé con trece o catorce años a leerlo y quedé apasionado por la sonoridad de sus palabras. Me enamoré de su teatro, de su poesía, pero también de sus entrevistas y sus conferencias. Es una figura que me acompaña y todo está inspirado por las coordenadas que me provoca la obra de Lorca.

Siempre me ha parecido que Lorca es como una tela de araña en la que una vez que entras ya no se puede salir.

Es curioso porque cuando hacía el examen para ser abogado, creo que con Fernando de los Ríos como profesor, le preguntaron qué es el Estado y él respondió que «es una telita de araña». Estoy de acuerdo con esa definición. Sobre lo que me preguntaba debo decirle que cuando entras en él ya no puedes salir. Su figura personal debía ser así. Hay un video de Vicente Aleixandre, ya muy mayor, en el que decía que poetas excelsos hay muchos, pero figuras como él muy pocas. El atractivo que tenía era incomparable y acabamos quedando atrapados en ese magnetismo.

«Una noche sin luna», ¿tendrá continuidad más allá de los escenarios?

Es algo que me suelen preguntar, pero no lo veo. Sin embargo, no la veo como una adaptación. Podríamos hacer un especial, como hicieron unas compañeras para HBO o como hicieron con «Hamilton» con unas piezas concretas. «Una noche sin luna» es un espectáculo teatral con una estructura teatral. Sí, cierto, dan ganas de grabarlo porque al final los espectáculos solo perviven en el espectador. El teatro es como escribir en la playa, como decía Lluís Pasqual. Esos dibujos a pie de playa, que luego desaparecen con el oleaje, es su propia naturaleza.

Después de esta profundización a fondo en el universo lorquiano, ¿qué le queda por saber?

Cuando empecé a trabajar que es uno de los autores de los que hay más trabajo hecho. Hay muchas biografías, algunas de ellas muy meticulosas. Igualmente hay mucho trabajo hecho sobre el significado de su obra. Sin embargo, es difícil terminar de conocer a una figura que evolucionó tanto. No es lo mismo el Federico de sus primeros poemas que el de los últimos. No es lo mismo «Diván del Tamarit» que «Poeta en Nueva York», como no es lo mismo, desde el punto de vista teatral, «El maleficio de la mariposa» y «El Público». Creo que la gran evolución en su obra vino tras su estancia en Nueva York y Cuba. Pero es que hay un Lorca para cada espectador. Pese a todo, sí podemos aproximarnos a sus obsesiones principales, a su compromiso, a cómo fue cambiando su posicionamiento estético a lo largo de los años.

Es un autor del que ha padecido también apropiaciones de todo tipo, como el día que una diputada de Vox dijo que hoy Lorca los votaría.

Eso fue esperpéntico. Eso es algo que tiene mucho de folclore y de desconocimiento. En 1936 Federico firmó un manifiesto a favor del Frente Popular. Eso era algo con lo que sabías que te la estabas jugando. Él fue criticado por las derechas católicas por «Yerma», con algunos periódicos pidiendo incluso la intervención de la fiscalía porque una vieja en la obra dice que no cree en Dios. Por otra parte, todo su teatro está orientado a la liberación de la mujer. Pocos autores han sabido hablar de ese mundo angosto de la represión de la mujer como hizo el. Fue criticado por su homosexualidad o acusado de vivir de las subvenciones por las ayudas que recibió su compañía teatral La Barraca. Lo miraron con malos ojos porque en la última entrevista que concedió, la que hizo con Luis Bagaría, criticó que se hubiera expulsado a los moros de Granada. Federico decía que «odio al que es español por el simple hecho de ser español». Él representaba lo que odiaba la extrema derecha. Y además era alguien con éxito. Era el poeta y el dramaturgo del momento. Una afirmación así, como la que me comentaba, solo se hace desde el desconocimiento.

Lorca también decía que sentía más cercano el chino bueno que el español malo.

Sí y también que «execro al que ama su patria con una venda en los ojos». Cuando leí esas declaraciones suyas me acordé de lo que le cayó a Fernando Trueba por esta costumbre que tenemos de sacar de contexto unas declaraciones. Pero todo lo que decía Federico en sus declaraciones lo debió convertir en enemigo público número 1, lo veían algunos como la antiEspaña.