Prueban un tratamiento que reduce la mortalidad en casos críticos de covid-19

El medicamento ha sido probado en 13 pacientes intubados en ventilación mecánica

A diferencia de los tratamientos médicos habituales, aquellos que se realizan con fármacos celulares conllevan más precisión, pero también requieren más entrenamiento a la hora de manejarlos. Los medicamentos celulares, aún en los inicios de la medicina, son regenerativos y, en contraposición a los tratamientos usuales que se realizan a partir de moléculas, en este caso se usan células. Así lo explica Bernat Soria, profesor de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche e investigador del Instituto de Investigación Sanitaria de Alicante (ISABIAL). Para trabajar con Medicina Celular es necesario un «equipo médico entrenado», porque «las células mal manejadas pueden ser dañinas». Y, en esta línea, asegura que ha contado con grandes especialistas a la hora de desarrollar el proyecto BALMYS-19, estudio íntegramente realizado en España y en el que, liderado por la UMH junto con otras 6 universidades y 6 hospitales españoles, se ha probado un tratamiento que reduce la mortalidad un 70% en pacientes críticos de coronavirus.

Ayer, a través de la revista «The Lancet EClinicalMedicine», la UMH anunció que «un medicamento celular probado con 13 pacientes intubados en ventilación mecánica ha demostrado ser eficiente para la mejoría clínica de casos críticos de Covid-19». Aseguran que el estudio, «el más amplio publicado hasta el momento en estas condiciones» según la institución alicantina, demuestra que «el tratamiento avanzado reduce la mortalidad de dichos pacientes del 85% al 15%». Sin embargo, la crisis sanitaria actual exige prudencia, tanto en la responsabilidad individual como en la actitud ante este tipo de estudios. Insiste Soria que no se deben lanzar campanas al vuelo, sino que «son solo 13 casos» y subraya que la investigación «no es un ensayo clínico», proyecto que sí tienen previsto realizar ante el indicio del estudio.

El catedrático inició su investigación sobre la aplicación de medicamentos celulares en la universidad ubicada en Elche y, posteriormente, en el National University Hospital de Singapur durante la epidemia asiática de SARS-1 (2003). Fue entonces cuando «observó el intenso infiltrado pulmonar en las biopsias postmortem de estos pacientes», explica la UMH. Por su parte, a diferencia del SARS-1, «en la infección por coronavirus SARS-CoV-2 el cuadro clínico muestra una respuesta hiperinflamatoria generalizada, daño tisular –de los tejidos del organismo–, hipercoagulabilidad y distress pulmonar intenso». Esto obligaría al paciente a ingresar en la UCI, situación donde se ha centrado el estudio co-liderado por Soria, junto con el profesor Damián García-Olmo de la Fundación Jiménez Díaz.

Una vez obtenidos los resultados en pacientes de coronavirus ingresados en UCI, se compararon con la evolución clínica y mortalidad de casos similares. El estudio concluye que «el tratamiento celular no produce reacciones adversas, pero sí conlleva mejora clínica y radiológica generalizada». Sin embargo, tanto Soria como su equipo insisten en que solo son indicios, así como que este tratamiento celular «no es un antiviral ni cura la enfermedad», aunque «sí evita las complicaciones que te llevan a la muerte». El que propone Soria es un «medicamento seguro», pero subrayan que «debe ser utilizados por personal cualificado y producidos por unidades acreditadas por la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios».