No hay “Traición” sin beso

El Pavón Kamikaze reabre sus puertas con la función de Pinter, dirigida por Israel Elejalde, que se iba a estrenar el mismo día que se bajó el telón por la pandemia

Días antes del estreno en marzo, Israel Elejalde calificaba a Harold Pinter de “autor maldito” por estar condenado a salas pequeñas y a una reducida élite. Lo que no imaginaba el director es que la maldición no iba a recaer en exclusiva sobre la obra del dramaturgo británico, sino sobre todos. “Así que no le echemos las culpas al pobre Pinter”, ríe.

Y es que no le faltan motivos para sonreír. Desde que el 12 de marzo se bajase el telón sin fecha de subida, El Pavón Teatro Kamikaze había permanecido cerrado hasta ahora, cuando vuelve a abrir sus puertas (al 70% de su aforo, 290 butacas). Lo hace con esa “Traición” que se quedó colgada a pocas horas de su estreno en Madrid (sí llegó a hacer un pase previo en el Palacio Valdés de Avilés, Asturias), con ese triángulo amoroso entre Irene Arcos, Raúl Arévalo y Miki Esparbé, actores con “trastienda”, dice Elejalde, “que sepan generar misterio porque aquí lo que no se dice es importante como las palabras”.

Una trama con la ambigüedad “pinteriana” en la que se va hacia atrás en el tiempo: de la primavera de 1977 y al invierno de 1968. Nueve escenas que “pueden parecer una historia de cuernos, pero que no es solo eso. Es mucho más. Todos acaban traicionándose a sí mismos”, afirma la actriz. Arcos se mete en la piel de una mujer llena de misterios y preguntas: “Con demasiados silencios. Dice una cosa, hace otra y piensa otra más. Por lo que me ha costado descifrarla”, reconoce de un personaje ahora “humanizado” por Pablo Remón –autor de la versión– y Elejalde: “Pinter los presenta más robóticos y aquí se les ha traído a la tierra, se les ha dado corazón”.

Se ha negado el director a presentar una función sin alma y sin sentimientos, por lo que la pandemia no ha cambiado “nada” de lo que estaba programado a principios del año. Ni siquiera el roce: “No puedo montar ‘Traición’ sin beso. Entre que se den el beso y hablen a un centímetro de distancia no hay diferencia y, además, es como si fueran convivientes”, expone de un montaje que fuera del escenario sí que se ha ceñido a la norma que dicta la Covid.

Así, después de más de cinco meses con su Pavón Kamikaze cerrado, Elejalde celebra una vuelta “necesaria”, explica de un teatro que todavía está pendiente de presentar el nuevo curso: “No podemos hacerlo como antes por razones obvias de la debacle económica del sector y nuestra, pero sí queremos hacer muchas cosas para llevar la temporada hasta junio. De momento, estrenamos y daremos una programación hasta diciembre y luego iremos poco a poco. Queremos recuperar la actividad, los cursos de formación y demás. Lo que, desgraciadamente, no se va a poder abrir es el Ambigú porque no nos saldría rentable”, afirma.

Para el director, “la gente tiene ganas de recuperar parte de su vida normal. Y el teatro está visto que es de las partes más seguras que tenemos, a sabiendas de que la seguridad total no existe ni en tu casa. Pero la cultura ha hecho un esfuerzo ímprobo por cumplir la normativa e, incluso, ir más allá. Se han programado un montón de espectáculos durante todo el verano y no ha pasado nada –continúa Elejalde–. Así que es para estar orgullosos del sector porque se ha logrado un gran acto de responsabilidad a pesar de los meses de parón y de las dificultades para lograr las ayudas”.

De esta forma regresa la escena al escenario del Pavón con un Pinter que “sigue generando inquietud por su ambigüedad, por su gusto por el cripticismo, por su deliberada invitación al espectador a que sea él quien responda a las preguntas”, apunta el actor y director. El equipo de “Traición” tratará de rescatar ese lado oscuro de los seres humanos al que le gustaba hacer alusión su autor. “La incapacidad de mostrarnos tal y como somos por miedo a parecer vulnerables. En realidad, vemos una pelea por la represión de los deseos ocultos y por una concepción del poder basada en el aparente control sobre ellos. Es una crítica de ese mundo intelectual que cree estar a salvo de las pasiones más bajas”, cierra Elejalde.

Dónde: El Pavón Teatro Kamikaze, Madrid.
Cuándo: hasta el 4 de octubre.
Cuánto: de 23 a 25 euros.