Janis Joplin, la “mama” que venció al machismo pero no a la heroína

Holly George-Warren firma la biografía definitiva de la cantante a punto de cumplirse cincuenta años de su muerte

Estamos en el día 4 de octubre de 1970, en la habitación de un modesto hotel de Los Ángeles, el Landmark Motor. Está a punto de probar la heroína que el día antes por la tarde había comprado y guardado en el cajón de la cómoda del cuarto, compartiendo espacio con los materiales que empleaba para pincharse. Al pasar por la recepción, no se había dado cuenta de que había llegado a su buzón una carta muy esperada de un antiguo amante, David Niehaus, quien desde Asia le escribía: “¡Venga, mama! Me encantaría que estuvieras aquí... Vente a conocer Oriente. Dicen que en octubre, Nepal es increíble... escríbeme... si puedes venir unas semanas, o unos años... Te echo mucho de menos. Estando solo no es lo mismo... Te quiero, mama, más de lo que piensas”.

Nunca leería la carta porque ya no volvió a salir con vida de la habitación. Allí, sentada en el filo de la cama, la heroína la poseyó e hizo su efecto. Perdió el conocimiento y sangró al darse un golpe con la mesita de noche. La droga provocó que se le pararan para siempre el corazón y los pulmones. Tenía 27 años y desde ese día pasó a convertirse en una de las grandes leyendas de la música. Había muerto Janis Joplin. En unas pocas semanas se cumplirá medio siglo desde la inesperada desaparición de la cantante de rock y blues. En este tiempo se ha escrito mucho sobre ella, demasiado, pero faltaba un libro que pudiera pasar a ser la biografía canónica de este icono.

No ha sido hasta fecha reciente que la familia de Joplin ha permitido la consulta de sus papeles personales y ese es uno de los materiales fundamentales de “Janis Joplin”, publicado por Libros Cúpula y que firma Holly George-Warren, reconocida cronista musical y que ha sido directora editorial de Rolling Stone Press. Ella fue la elegida por Laura y Michael Joplin para escribir un libro que no escatima las sombras que persiguieron a una cantante que sabía expresar como nadie sensualidad y dolor en una misma canción con su descarnada voz.

El rock: un club de hombres

La historia de Janis Joplin, la que emerge de las páginas de este libro, es la de una mujer hecha a sí misma y que se apoyaba en sus canciones como válvula de escape. En este sentido, vale la pena recordar que solamente tres meses antes de su fallecimiento describió la música como el único aspecto de su vida que nunca la había traicionado. Asociamos el nombre y el sonido de Janis Joplin con la contracultura, con una época de cambio en la que se rompieron las cadenas de la cultura más conservadora de los años cincuenta. Sin embargo, como señala George-Warren, en los sesenta “el rock era un club de hombres y poco más, y Janis fue víctima del atroz machismo de la Prensa tanto comercial como contracultural, y del frío y a veces cruel desdén de los profesionales de la industria”.

Pero ella siguió adelante y pasó a ser la única heroína cultural de los sesenta, como la llamó la crítica musical del “New Yorker” Ellen Willis. Gracias a ella pudieron encontrar las puertas abiertas nombres como los de Patti Smith, Stevie Nicks, Cyndi Lauper o Chrissie Hynde. La biografía nos permite constatar que ella estuvo en todos los grandes momentos del rock en esos años. Se subió a los escenarios del Festival de Pop de Monterrey, el vibrante y colorista barrio de Haight-Ashbury en San Francisco, donde nació el llamado verano del amor en 1967, en los locales de música de aquella Nueva York nocturna que tanto le fascinaba; y en Woodstock, el encuentro de solistas y grupos con un público entregadísimo que lo cambió todo. Pero fue un recorrido con no pocos obstáculos. En junio de 1967, cuando Japlin llegó a Monterrey, apenas era conocida más allá de San Francisco.

El coproductor del certamen, Lou Adler, al verla llegar extravagante con su banda vestida con plumas y colorida ropa preguntó con cierto desprecio: “¿Y esta quién es? ¿De dónde sale, con esas pintas, qué hace ahí, al frente de un grupo de chicos?”. Su manera de cantar, su forma de interpretar, su característica voz quebrada fueron algunos de los materiales que empleó para acabar con esa primera impresión de muchos promotores y productores, todavía enfundados con ropajes machistas, pese a presumir de no serlo. “Uno no es más que aquello que se conforme con ser”, le dijo Joplin al periodista Howard Smith cuatro días antes de la fatal sobredosis.

Un éxito solitario

En todo este desarrollo progresivo de su personalidad, su estética y sus ademanes, también tuvieron mucho que ver las raíces, y, concretamente, su propio padre, Seth Joplin. Janis era la hija mayor de una familia que siempre estuvo muy unida y en la que destacaba la figura del padre, un auténtico intelectual que adoraba la música de Bach, además de ser ateo en una ciudad tan conservadora en aquel momento como era Port Arthur, en Texas, donde nació Janis Joplin el 19 de enero de 1943. “En su preadolescencia, Janis fue un chicazo alborotador, pero también era curiosa, cerebral, y una brillante artista visual, inclinación que sus padres la animaban a cultivar”, escribe George-Warren, quien también informa que su biografiada no tardó en adherirse a la Generación Beat y su mirada progresista hacia los temas raciales. En este sentido, la primera muestra de su perspectiva transgresora fue el ser una chica blanca que descubrió la fuerza del blues, una música que encontró en los bares de la costa del golfo de México y en los discos que iba comprando.

La biografía nos recuerda también que, pese al éxito, Janis vivía en soledad. “En los escenarios hago el amor con veinticinco mil personas, y cuando termino me voy a casa sola”, afirmaba. No le preocupaba el estrellato, aunque el éxito de sus discos y las giras empezaban a demostrar que su música tenía cada vez más y más adeptos. Ella era consciente de todo ello y apuntaba que “puede ser, quién sabe, que algún día yo llegue a ser una “estrella”. Pero es curioso: cuanto más probable es y más cerca lo veo, la posibilidad del estrellato va perdiendo su sentido. En fin, en todo caso, ¡yo estoy preparada!”. Todo eso se empezó a adivinar en Monterrey, en junio de 1967, con una actuación que todavía hoy está considerada como legendaria.

Joplin, como apuntaba certeramente la portada de la revista “Newsweek” publicada esos días, era “el renacimiento del blues”. Aquel concierto presagió, como dijo Phil Elwood en su reportaje para el “San Francisco Examiner”, que los sueños “se hacen realidad”. E, incluso, contando con el apoyo de sus padres. El 22 de junio de 1967, Janis recibió el siguiente telegrama: “Enhorabuena por salir en la primera página de Los Angele Times Festival Monterrey. Barbara nos manda ejemplar”. La firma del telegrama era: “Tu club de fans de Port Arthur”. Eran sus padres.