«The Boys»: la última súper-vuelta de tuerca a un género casi quemado

La ficción de Amazon estrena su segunda temporada, arrasa entre los más jóvenes y anuncia un spin-off

Vivimos en una sociedad. Esta evidencia, desde lo más sesudo a lo más garrulo, ha sido la piedra angular del tebeo desde que algunos comenzaron a definirlo como novela gráfica a finales de los ochenta. Haya priapismo o no en sus tesis, lo cierto es que la madurez temática insufló vida al medio y vieron la luz clásicos incontestables como el venerado «Watchmen», la obra maestra de Alan Moore y Dave Gibbons.

En su oscuro estudio de la psique superheroica, guionista y dibujante imaginaron un mundo en el que los humanos con poderes se envidiaban, se sindicaban y eran plenamente conscientes de su poder transformador en la cultura popular. Además de salvar el mundo, los protagonistas intentaban salvarse a sí mismos, a sus sentimientos y, de paso, encontrar luz entre la obscenidad más misántropa. Si la primera etapa del héroe le idealizaba, haciéndole un altar por su privilegio, la crisis cultural del reaganismo le puso los pies en la tierra, lo convirtió en un paria por su evidente responsabilidad. En una tercera fase, más próxima a nuestros días, el estudio gamberro del súper hombre (y, en la serie, uno todavía más fino de la súper mujer) es el gran tema de «The Boys».

Mallas con derechos de imagen

Amazon produce y adapta el cómic original de Garth Ennis y Darick Robertson, la última vuelta de tuerca a un género que ha pasado de lo marginal a lo hegemónico al ritmo de Disney, y lo estrena a razón de un capítulo por semana en su plataforma.

Recién desenvolviendo la todavía más fresca segunda temporada, la serie no se escapa (ni quiere) de los excesos viscerales y sexuales del material original, pero les imprime una pátina de posmodernismo nada buenista. No hay que ser muy listo para darse cuenta de que el tebeo es una reacción a las atrocidades y torturas filtradas de los militares estadounidenses en Irak, y la serie, en cambio, es hija de una escuela de pensamiento mucho más inclusiva y cínica donde el olor a cerrado está conscientemente evitado. Más útil: aunque la muy recomendable adaptación televisiva comparta el gusto por el impacto, se encarga de mirar a la luna y no al dedo que constantemente señala el cómic.

Pero, ¿no estábamos hartos ya de mallas, mundos en peligro y debates morales con la profundidad de una salina? «The Boys» también, aunque juegue a que el espectador se deje llevar por las apariencias. Primero mirábamos a los superhéroes, luego nos devolvían la mirada y ahora, oferta indecente mediante, asistimos a cómo se embolsan millones de dólares en derechos de imagen. La serie de Eric Kripke pasa del intelectualismo con el que nos hemos acercado siempre al primus inter pares y acaba ofreciendo un producto mucho más inteligente que ese que domina la taquilla a golpe de látigo de relaciones públicas.

Por qué verla

Su coralidad. Aunque el camino del héroe se cuente en primera persona, «The Boys» se esfuerza por dibujar un paisaje en varios estamentos.
El montaje. Como si se tratara de un trabajo de los hermanos Safdie, la edición siempre busca el morbo y lo que en principio no querríamos ver.
Karl Urban. La flema británica de su Billy Butcher marca el ritmo de toda la serie.

Un spin-off competitivo y hormonal

Ayer Amazon anunciaba una buena nueva para los seguidores de “The Boys”: tendrá un spin-off. Según recoge “Variety”, la popularidad de la serie ha generado que los creativos de Prime Video aceleren un proyecto alternativo para darle más provecho a la ficción. De hecho, según los datos proporcionados por la plataforma, los nuevos episodios han llegado a aumentar la audiencia de “The Boys” un 89%.

En este spin-off, la historia se centraría en una universidad para superhéroes adolescentes administrada por Vought International. Exploraría cómo un grupo de jóvenes competitivos y hormonales ponen a prueba sus límites físicos, morales y sexuales. Todo ello, mientras “compiten por los mejores contratos en las mejores ciudades”.

Con esto, asegura “Variety” que el proyecto será una mezcla entre el clásico ambiente universitario y “Los Juegos del Hambre”, siempre y cuando se mantenga su característica identidad satírica.