“Greenland”: Vuelve el cine de catástrofes en tiempos de pandemia

Gerald Butler, actor de “300”, un habitual de la acción y la adrenalina, vuelve a ponerse a las órdenes de Ric Roman Waugh y regresa con una producción catastrofista que llevará nuestro mundo, tal y como lo conocemos, al límite

Sin apenas tiempo para asimilar la naturaleza devastadora del cambio, el cielo se ha vuelto naranja. Una densa capa de polvo de meteoro abre su boca amenazante desde las alturas para invadir los rincones más inaccesibles de todas las ciudades. La Tierra se prepara para una aniquilación inminente mientras un ejemplar padre de familia americano con altos conocimientos de ingeniería hace acopio del arrojo suficiente como para sobrevivir al poder imprevisible e incandescente de los asteroides. Una de las virtudes más reseñables que posee la ciencia ficción apocalíptica como género es su capacidad de anticiparse a sucesos mastodónticos en los que la humanidad siempre se ve amenazada. Momentos en los que el ser humano adquiere conciencia de su diminuta dimensión y de su insignificancia como especie, pero que en el caso de los estadounidenses parece inocular la reflexión contraria.

En las superproducciones centradas en catástrofes, la industria de Hollywood siempre ha manifestado una tendencia bastante repetitiva a la hora de colocar al hombre en el epicentro del combate. Se trata de la escenificación abigarrada del individuo que lucha contra los elementos, aquel que es capaz de dominar a lo que nos domina, que sobrevive al fuego aunque para ello tenga que quemarse entero porque su capacidad de resistencia se sitúa por encima de la corteza del mundo. En esta ocasión, el director Rick Roman Waugh convierte a Gerald Butler en un digno representante de la figura de este superhombre que siempre sabe cómo salir airoso de una situación en apariencia tan poco asumible como la extinción del planeta.

Los medios de comunicación actúan en este caso como transmisores eventuales de la debacle. En el momento en el que aparece por televisión la noticia de que fracciones de un cometa se dirigen hacia la Tierra, el ingeniero John Garrity recibe un mensaje del gobierno ordenándole que vaya a una base con Nathan, su hijo de siete años, y Allison, su esposa, de la que se ha separado. En “Greenland” vuelven a sucederse los patrones argumentales y la espectacularidad técnica característica de las películas que a lo largo de la historia han sido capaces de salvar la taquilla en épocas de sequía audiovisual.

Roland Emmerich ya demostró hace un par de años su predictiva mirada en lo que a realidades adversas se refiere con “El día de mañana” y Alfonso Cuarón se arriesgó con la descripción de un mundo cambiado radicalmente por la inoperancia de las personas y trazó los límites de una amenaza más anómala que la colisión de fragmentos rocosos del espacio como la infertilidad global en la cinta “Hijos de los hombres”. Otros casos como “Soy leyenda”, protagonizada por Will Smith o la vanagloriada “Guerra Mundial Z”, de 2013, dan buena cuenta tanto del considerable impulso en la recaudación que generan sus estrenos como de lo recurrente que resulta el arquetipo de protagonista capaz de sobreponerse a la destrucción.

Reconoce Gerald Butler que una de las cosas que más le interesaron siempre de los proyectos en los que ha participado es la posibilidad de encarnar a alguien que se enfrenta a crisis tan rocambolescas como las que propone este filme. El acorralamiento de verse en una situación extrema. Cabe preguntarse al hilo de esta preferencia si realmente nos encontramos tan lejos de observar el día de mañana un cielo naranja. Conviene no mirar mucho hacia arriba. Solo por si acaso.