James Dean, 65 años sin el “rebelde sin causa”

La leyenda del cine y primer actor nominado a un Oscar póstumo falleció el 30 de septiembre de 1955

Aunque solo le dio tiempo a legarnos tres películas, su recuerdo en la memoria colectiva será perenne. Un accidente de coche frenó el ascenso de una carrera meteórica con apenas 24 años y, un 30 de septiembre de hace 65, el protagonista de “Rebelde sin causa” se convertía en leyenda.

Nacido en 1931 en Indiana, Estados Unidos, el actor se convirtió rápidamente en un icono de la desilusión adolescente, el aislamiento social y la rebeldía en general. Entonces, como ahora, la generación que no había mirado de tú a tú al gran conflicto de las trincheras pero sí tenía que lidiar con las consecuencias de una crisis económica mundial, no encontraba voces que la representaran en la gran pantalla.

De la mano del reverenciado Elia Kazan, James Byron Dean debutó en los papeles protagónicos con “Al Este del Edén” (1954). Antes, había participado en otras producciones con personajes menores como en “Lo que hace el dinero”, junto al mítico Rock Hudson. Gracias a la colaboración con Kazan, que venía de dirigir a todo un Marlon Brando en “Un tranvía llamado deseo”, Dean se puso en la primera plana del cine americano pero no se encontraba a gusto con la fama que ello traía consigo. De hecho, ni siquiera asistió a la “premiere” oficial y pomposa que había preparado el estudio.

A medio camino entre sus dos últimos proyectos, “Rebelde sin causa” y “Gigante”, James Dean compró un Porsche Spyder 550. El coche, uno de los más punteros de la época y que uno de sus amigos, el corredor Bill Hackman, había bautizado como “pequeño bastardo”, acabó siendo el último en el que se subiría. Después de una reparación rutinaria, la versión oficial reza que la noche del 30 de septiembre se convirtió en fatídica cuando el Porsche se encontró con un Ford conducido por un estudiante, acabando con la vida del actor en el acto. Años después, las investigaciones han revelado que Dean no murió de manera instantánea, si no que salió despedido de su asiento al frenar a fondo para evitar al otro vehículo. De hecho, hay investigadores que se atreven a afirmar que se trató de un acto premeditado, como si se hubiera tratado de un suicidio.

Sea como fuere, James Dean pasó a la historia por su legado y por tener el triste honor de ser el primer actor nominado al Oscar de manera póstuma. A él se sumaron, en ceremonias más recientes, Peter Finch “Network, un mundo implacable”) o Heath Ledger (“El caballero oscuro”).