Eva García Sáenz de Urturi, ganadora del Premio Planeta 2020: «Leonor de Aquitania fue una pionera en todo»

La escritora, superventas con la trilogía de «La ciudad blanca», desvela las claves de su nueva novela, «Aquitania»

Mucho ha pasado en la fulgurante carrera de Eva García Sáenz de Urturi desde que ella misma distribuía su primera novela al no tener editor. El Premio Planeta viene a confirmar el respaldo que ha logrado de público y crítica.

–Hablemos de la protagonista de «Aquitania». ¿Cómo definiría a Leonor de Aquitania, la protagonista del libro con el que ha ganado el Premio Planeta?

–Fue muy fuerte. Piense que desde los ocho años firmaba actas, quedando como duquesa de Aquitania a los trece. Hablaba cuatro idiomas y era cultísima. La fuerza que tuvo para casarse con un Capeto, el hijo de su mayor enemigo, e irse de Aquitania para manejar un territorio hostil como el francés, demuestra que fue una persona de una inteligencia política interesante y que cambió el eje del poder de lo que luego sería Europa. Todo eso lo hizo con trece años. Desde luego, estuvo muy bien educada por su padre, que fue un gran duque de Aquitania. No se puede olvidar que los duques del Medievo eran como los CEOS de una multinacional porque fueron grandes gestores de territorios inmensos y ellos legislaban. Aquitania era una tierra rica, inmensa, con grandes recursos naturales y sus duques lo que querían es que los aquitanos fuesen ricos como lo son. Sabemos que Leonor era muy buena gestora.

–También llegó a ser reina de Inglaterra.

–Ese es justamente el momento en el que la novela termina. Lo dejo ahí porque es el inicio de una nueva etapa, pero es que esta mujer daría para una enciclopedia.

–Sus novelas son muy conocidas por la gran documentación que suele manejar.

–En este caso ha sido durante dos años y cuatro meses.

–¿Cómo fue ese proceso?

–Tremendo. Me quería documentar sobre el Medievo francés, sobre el linaje de los Capetos, además de cómo era su administración y la de los duques de Aquitania. También me he interesado por los oficios, como la gastronomía aquitana. Me fui a Fontevrault-l’Abbaye, donde está su tumba, y allí visité librerías de viejo de donde me traje un montón de manuales de cocina medieval. Era tal mi obsesión por el día a día, por cómo se vivía en 1137, que quería saberlo todo, no solamente de la política. Por ejemplo, Luis Capeto el Joven, que fue su marido, lo convierto en iluminador, que haga libros de horas medievales. Para poder hacer eso me apunté a un curso de pigmentos naturales de iluminación medieval. Mi documentación llegó prácticamente a todos los aspectos.

–Pese a ello, usted afirma que su novela es una fusión de géneros literarios.

–Este libro no es para nada una biografía de Leonor, ni un ensayo histórico. Es un «thriller» que toma como telón de fondo diez años de la vida de Leonor de Aquitania. El libro trata de todo lo que tiene que hacer y todo su servicio de espías para saber a quién le conviene la muerte de su padre, que era un hombre poderoso y rico, además de respetable. Él murió envenenado en Santiago. Cuando fui a esa ciudad para documentarme encontré un libro difícil de hallar en una librería de viejo y que era «La leyenda de don Gaiferos de Mormaltán». Esa leyenda, que ha llegado a nosotros y que tiene mil años, es la historia de cómo el duque de Aquitania llega a la catedral de Santiago de Compostela y cómo cae fulminado envenenado. Es una historia muy bonita y que parte de un suceso histórico. Una trama de venenos y contravenenos, formas de matar que hoy ya no se estilan.

–¿Es la primer mujer poderosa de la historia de Europa?

–Con ese poder sí, sin duda.

–¿Fue una pionera?

– Fue una pionera en todo. No solo a nivel político. Se atrevió a reprender a los papas. Tengo cartas suyas de cuando le secuestraron a su hijo, a Ricardo Corazón de León, al volver de las Cruzadas. En realidad, no se podía secuestrar a un cruzado porque tenía inmunidad diplomática, pero es que detrás de todo esto estuvo el rey de Francia, que se hizo con el de Inglaterra. La única persona que intentó algo por liberarlo fue su madre, que en ese momento tenía 80 años. Durante dos años se recorrió todas las abadías a las que había dado dinero, además de las iglesias, y visitó a los señores de Aquitania y Francia recogiendo dinero. Bajaban carretas y carretas de toneladas de plata. Cuando juntó 40 toneladas de plata, esta mujer de 80 años se las dio al rey de Francia y le dijo que soltara a su hijo. Y escribió al Papa diciendo: «Yo, Leonor de Aquitania, por la cólera de Dios, le reprendo a usted por no hacer nada por mi hijo, que es un cruzado». Aquella mujer era impresionante.

–¿Esta novela es un descanso respecto al «thriller» o una vuelta a los orígenes?

–La gente me conoce por mi trilogía de «La ciudad blanca», que es un «thriller», aunque tiene elementos históricos. Antes había escrito «Pasaje a Tahití», histórica pura, y antes «La saga de los longevos» y «Los hijos de Adán», que no sabes qué género son. Siempre he jugado con muchos géneros, pero lo que hace que me decida es la historia y los personajes. Me dan igual los géneros. Esto es un mestizo ambientado en el Medievo, pero con todos los mecanismos del «thriller». No sé qué será lo siguiente que escriba, aunque no será una continuación.

–De la autora que empezó autoeditándose, ¿qué queda?

–Ha sido un camino de once años atípico. Empecé así. Sin conocer a nadie en el mundo editorial, sin contactos, sin hacer nada de publicidad, fueron las redes sociales y los bloggeros literarios –que empezaban en ese momento– los que hicieron que sin prejuicios se recomendara ese primer libro que estaba en Amazon. Fue el triunfo del boca-oreja, aunque suene cursi. Desde entonces ha habido mucho camino con muchos escalones con siete novelas en siete años.