Delirio genial: cuando Martes y Trece entrevistaron a Madonna

El dúo realizó una absurda entrevista a la reina del pop en 1991 llena de sus tics humorísticos que termina en el completo delirio

Millán Salcedo, de Martes y Trece, junto a Madonna, que sostiene una bandeja de palomitasRTVE

Era la superestrella del momento. Madonna había publicado su álbum “Erotica”, y su libro “Sex” y acaparaba las portadas con su imagen transgresora y empoderada. Sin embargo, la ambición rubia no contaba con enfrentarse con las dos personas más famosas de España en aquel tiempo. Iba a ser la primera entrevista de la Reina del Pop para Televisión Española y no se sabe ni se sabrá por qué razón, pero decidieron enviar a hacerla a Martes y Trece. Lo que pasó a continuación fue un perfecto delirio. “Spoiler”: Millán Salcedo terminó sobre la superestrella percutiéndola cual perrillo en celo en un sofá. Ante las cámaras, claro.

Para Juan Sanguino, que recoge la anécdota en “Cómo hemos cambiado” (Península), un libro sobre eventos míticos y absurdos por igual de nuestra historia cultural más “pop”,la decisión de enviar a Josema Yuste y Millán Salcedo a entrevistar a la estrella pop más importante del mundo fue “una idea subversiva, una obra de arte dadaísta y una tronchante deconstrucción de la fama. Pero también fue una falta de respeto y una paletada”, dice el escritor y periodista sobre una delirante entrevista que, en efecto, combina la vergüenza ajena con la estupefacción más absoluta. Algo semejante es inconcebible hoy en día.

Para la cobertura informativa, el dúo cómico viajó al lujoso Hotel Albergo Michelangelo de Milán, donde se realizaba la jornada de promoción europea. El día de la entrevista, Madonna estaba de muy mal humor porque los fans no la habían dejado dormir en toda la noche pese a los intentos del propio Millán, en pijama, para que detuviesen sus cánticos. Los seguidores terminaron abucheándole. Al día siguiente, como recordaba años después el propio Salcedo, todas las señales eran negativas. La relaciones públicas del sello discográfico de la cantante les advertía del carácter irascible de la estadounidense, de sus ataques de divismo, y del humor de perros que tenía aquella mañana por culpa de los cánticos. Corría el rumor de que le había soltado un mamporro al presentador de la televisión alemana. Y lanzó una advertencia: nada de preguntas sobre “Evita” ni Antonio Banderas.

“Josema y yo nos miramos, cerramos los ojos a la vez, y dejamos de vernos. En nuestras caras podía leerse un poema tragicómico. Madonna entró en el estudio derrochando antipatía. Hicimos las presentaciones im-pertinentes y ella se limitó a decir helous como quien eructa después de beber sal de frutas. Iba vestida como el culo y solo le faltó tirarse un cuesco”, escribió Salcedo en un artículo en “El País” años después.

El caso es que Madonna se sienta y la primera pregunta es si todo la excita. Ella, con “cara de jamón de york” en palabras de Yuste, contesta que nada de lo que ve le resulta excitante. Sacan una bandeja de palomitas, pero a la estadounidense no le gusta tampoco. Millán empieza a lanzarlas hacia el cielo para que lluevan sobre él. para encauzar una entrevista que no fluye, le preguntan: “¿Dónde se pone Madonna el termómetro cuando tiene “fever”?”. Y la artista le pide a su entrevistador que se mueva al otro sillón, cometiendo un error garrafal. En ese momento, Salcedo imita a un cachorrito que castigan y la mueca de Madonna pasa de desprecio a simpatía. Y entonces, la traca final: “Dado que nunca tienes dinero para ropa interior, te hemos traído para que tengas, ¿te gusta?”. Y le enseñan unas bragas color carne de talla extragrande. La respuesta de Madonna es ponérselas al humorista en la cabeza, que ya no hace prisioneros.

Millán termina la entrevista con las megabragas en la cabeza, sacando la lengua y guiñando un ojo. Ladra e imita a un perrillo. “Todavía no doy ni crédito. Le hice el perrillo salido y me la folleteé. Bendita sea la improvisación”, dijo en una visita al programa de televisión “El Hormiguero” junto a su compañero de fatigas. “Y menos mal que hice eso, porque si no, no se puede emitir ni un minuto. Qué borde la tía”, recordaba el humorista. Lo cierto que las preguntas de martes y Trece fueron de lo más bobo y probablemente el espectáculo habría sido diferente de haberse tratado de cualquier otro artista. Pero las cosas son como son. Aquí está el escaso minuto largo de gloria televisiva.