Javier SierraAlberto R. RoldánLa Razón
Javier Sierra

“Consulto la novela ‘El ocho’ de forma permanente”

El escritor recomienda este libro de Katherine Neville, que fue el que introdujo en la literatura con 17 años: “Aborda tantos campos del saber que me atrapó desde el principio”

El Premio Planeta 2017 y autor del recién publicado “El mensaje de Pandora” no conoce límites en su curiosidad. Menos aún cuando se trata de escribir, pues toda su obra se basa en la sed de preguntas, independientemente de las condiciones de las respuestas. Para Sierra, un buen libro es “una máquina del tiempo” repleta “de casualidades”, que despierte el interés hasta el extremo. Por ello, recomienda una obra que incluye estos rasgos y que no falta en “mi estantería de libros de referencia”.

-¿Cuál es el suyo preferido?

-En cada época de la vida hay un libro. Mi entrada en la literatura la marcó “El ocho”, de Katherine Neville. Se publicó en 1988, cuando yo tenía 17 años. Entonces acababa de deslumbrarme con “En busca del unicornio”, el Premio Planeta de Juan Eslava Galán, y buscaba novelas históricas, pero que fueran también de aventuras. Y me tropecé con Neville.

-¿De qué trata?

-De un ajedrez de la época de Carlomagno que va pasando por distintas fases históricas: influye en los incursores de la Revolución Francesa o en la constitución de la moderna Argelia. Me fascinó la técnica de la autora, una experta en informática, a quien conocí junto a su marido, Karl Pribram, uno de los grandes neurofisiólogos del siglo XX. Nos hicimos amigos. “El ocho” se ha reeditado de manera casi ininterrumpida y, en 2007, cuando ya era un autor de referencia internacional, Katherine me pidió una frase para la nueva edición. “Esta es una de las pocas novelas que me llevaría a una isla desierta para releerla una y otra vez, siempre tiene algo nuevo que decirme”, escribí.

-¿Y qué le dice?

-Además de la Historia, habla de objetos malditos, de los cuadrados mágicos, de Pitágoras, de los tuareg, de Casanova, de Alejandro Magno, de numerología, alquimia, física cuántica... Aborda tantos campos del saber que me atrapó desde el principio.

-¿Cuántas veces lo ha leído?

-De cabo a rabo, cinco o seis veces, y lo consulto de forma permanente. Cada vez que tengo que enfrentarme al arranque de una novela dudo muchísimo, y en esos titubeos siempre acudo a este libro.

-¿Qué enseñanza destacaría?

-Que una buena novela es una máquina del tiempo. Katherine reconstruye varias épocas en diferentes momentos con una soltura maravillosa. También muestra que los escritores somos grandes buscadores de casualidades y, al tratar de descifrar una coincidencia, te das cuenta de que siempre hay un sentido oculto. Otra cosa, que parece muy sencilla, es la idea de que todos los grandes personajes de la Historia son humanos.

-¿Tendemos a ficcionar con el recuerdo?

-Mitificamos a los grandes constructores de la Historia desde la admiración. Pero, por debajo de eso, hay un ser humano que te enseña que tú también puedes llegar a hacer grandes cosas. Es una lección interesante. Y, luego, a nivel más anecdótico, el libro me reconectó con el ajedrez, un juego que te enseña cómo toda acción tiene una consecuencia. Esta idea se debe tener omnipresente a la hora de escribir: todo debe tener una consecuencia. De lo contrario, mejor ni la cuentes.

-Su curiosidad parece no tener límites...

-Tiene algo de culpa el haber sido periodista. Saber que, en cada momento, se están generando historias interesantes. Trato de educar así a mis hijos: el motor de todo es la curiosidad. Hazte preguntas, no te quedes con las respuestas porque éstas suelen ser hijas del tiempo. Las preguntas son el motor, es mejor quedarse con ellas.