La película mexicana "Nuevo Orden", dirigida por Michel Franco, imagina una revolución proletaria contra las clases pudientes
La película mexicana "Nuevo Orden", dirigida por Michel Franco, imagina una revolución proletaria contra las clases pudientesLa RazónAcontracorriente

“Nuevo Orden”: México a través del espejo

El director Michel Franco estrena su violenta y polémica película, que imagina un México en el que los pobres se alzan contra los ricos con ayuda de los militares

Escribió Martin Heidegger, dándole vueltas al por qué somos, que la clave estaba en la angustia, porque es “la disposición fundamental que nos coloca ante la nada”. Sin el miedo no somos nadie, pero sin el miedo a perder porque nada tememos, nos podemos volver intocables. Esa es, más o menos, la tesis de la que parte “Nuevo orden”, el estreno más destacado de una cartelera española que sufre semana a semana y que encuentra en la nueva película del mexicano Michel Franco un espectacular y convenientemente violento salvavidas. Después de ganar el Leoncino de Oro en Venecia y hasta disputarle el mismísimo premio mayor a la “Nomadland” de Chloé Zhao, el relato distópico de Franco, que imagina un México corrupto por el narcotráfico y el poder militar en el que el pueblo se harta y empieza a cortar cabezas, como no podía ser de otra manera, viene envuelto en ruido y polémica.

Desde el lanzamiento de su tráiler, en el que muchos veían una demonización de las protestas callejeras, hasta un estreno tremendamente exitoso en su país de origen, incluso con los condicionantes de la pandemia, la última provocación del director, dice, no está vacía de contenido: “Cuando voy al cine me gusta que las películas me provoquen. Para eso pago una entrada. El chiste es que la provocación tenga sentido, vaya en profundidad y que no sea solo un provocar por provocar. Mi cine va más allá de eso. Si no, no hubiera ganado en Venecia. No me inquieta el señalamiento”, explica orgulloso.

Teoría caótica del “whitexican”

La contextualización del fenómeno hay que buscarla en lo identitario. Consideraciones artísticas aparte, el cine de Franco (“Las hijas de abril”, “Chronic”) está cruzado por su consideración, racial y social, de “whitexican”. Este término, usado muchas veces de manera despectiva pero que aquí nos sirve solo para lo descriptivo, hace alusión a los mexicanos de tez blanca y normalmente asociados a las clases pudientes. Bajando la pelota al piso, es un fenómeno parecido al de las telenovelas turcas, en el que los actores y las situaciones distan mucho de la Turquía “real” a la que están acostumbrados nuestros ojos inexpertos. ¿Se es menos mexicano por ser “whitexican”? Esa pregunta, dolorosa todavía para la gran mayoría de la población del país azteca, no tiene una respuesta clara, pero sí ayuda a entender las dudas de un territorio en el que los apellidos marcados por la “tz” tienen más dificultades, por ejemplo, para encontrar trabajo o acceder a mejores sueldos.

Lo cierto es que el color verde con el que los pobres manchan a los pudientes en “Nuevo orden”, más allá de un guiño a la bandera, pasa por la transformación, ya real, de la democracia potente de los noventa en un Estado donde lo militar cada vez está más presente: “Si la película ha sido tema de discusión en lo social y político en México, solo puedo estar feliz. Eso es lo que tenía que pasar con la película, que confronta al espectador con cosas de su realidad que le incomodan. Yo quería criticar la desigualdad social y la corrupción, pero hay quien en mi país se siente señalado”, relata el director, antes de continuar: “México se ha ido militarizando en los últimos 15 años y cada vez la cúpula del ejército cobra más fuerza, porque es la única manera que el gobierno ha tenido de tratar de controlar la situación y de plantarle cara al narco, que ha crecido mucho”.

"Nuevo Orden" está protagonizada, entre otros, por Naian González Norvind (en la foto), Diego Boneta o Darío Yazbek
"Nuevo Orden" está protagonizada, entre otros, por Naian González Norvind (en la foto), Diego Boneta o Darío YazbekLa Razón (Custom Credit)

En “Nuevo orden”, arterias principales de Ciudad de México, como el célebre Paseo de la Reforma, son pasto de las llamas y la destrucción asociada a la revolución de Franco. Lo que sorprende, más allá del impacto inicial, es la intención paisajística del desastre, filmada con los ojos de “voyeur” que nos ayudan a ser testigos de asesinatos y violaciones: “No fueron escenas difíciles de preparar ni mucho menos, porque partimos de la confianza. Los militares, además, no eran actores, pero fueron muy respetuosos siempre. A la protagonista (Naian González Norvind) la conozco desde que tenía 14 años, escribí el papel para ella, y hay muchas cualidades de la actriz en el personaje. Es un ejercicio de confianza en el que ella se pone en mis manos y yo de manera muy cuidadosa y respetuosa, hago que para ella la experiencia sea lo más interesante posible. Obviamente los actores lo que quieren es explorar todo tipo de emociones y agradecen mucho el trabajo conmigo en todos los casos”.

Gracias a una campaña publicitaria que la compara con “Parásitos” de Bong Joon Ho y a unos ecos críticos que ven en ella elementos del “Joker” de Todd Philips, “Nuevo orden” bien podría entenderse como la última mención honorífica de un nuevo cine del aceleracionismo en el que, con mayor o menor acierto, se trata la desigualdad y el estallido de las masas otrota silenciosas: “Más que una coincidencia temporal creo que existía una versión coreana y una versión americana de la misma moneda, y ahora tenemos la versión mexicana. Esto es apenas el principio de una serie de películas, porque vendrán muchas más, que hablan de esa urgencia y esa necesidad de cambio en todos lados. Y cómo, al no atenderlo, los problemas seguirán escalando”, remata el realizador, justo después de justificar la violencia explícita y casi festiva que salpica en un par de instantes el filme: “Es imposible hacer una película seria, que valga la pena y que sea creíble, sin mostrar las consecuencias más violentas de un estallido social que llegue a esos límites. La película es una distopía y no un documental, así que me tomo las licencias necesarias para ver algo en pantalla que espero que nunca llegue”.