“Titane”, la Palma de Oro más radical

La directora Julia Ducournau, la primera mujer en ganar la Palma de Oro en solitario, se ha impuesto con su película en una edición excelente

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Spike Lee tiene fama de persona dominante, con mal carácter y opiniones radicales e insobornables. Sus películas tienen también un aspecto caótico, informal, digresivo. El carisma de Lee contagió a la ceremonia de clausura de la 74 edición del Festival de Cannes de un desorden impropio de un certamen tan rígido y protocolario, de manera que, desde el primero de los premios del palmarés, Lee ni siquiera sabía qué es lo que tenía que decir o hacer. Como afirmaba un personaje de “Cortina rasgada”, por un lado tiene gracia y, por otro, maldita la gracia que tiene. Esto es, despierta una cierta simpatía que el contestatario director de “Haz lo que debas” boicotee una ceremonia como esta, y por otra resulta extraño que los ensayos previos no hayan servido de nada. Tal vez era una manera, otra más, de las ganas que Spike Lee tenía de llamar la atención (otra era su traje, con el cielo impreso en su corte y confección). Felizmente, sus ganas de provocar encontraron un acuerdo imprevisible con el resto del jurado en una de las Palmas de Oro más radicales que se recuerdan, a la demencial, espléndida “Titane”, de la francesa Julia Ducournau.

Como ocurre cuando ves las películas de Lee, el palmarés del jurado que presidía nos dejó un contradictorio, paradójico sabor en la boca. No es habitual que un festival como Cannes conceda dos premios exaequo, y en categorías importantes. Eso significa que hubo dos jurados: el que presidía Spike Lee y el que consensuaban el resto de sus miembros. Habría sido fantástico asistir a las deliberaciones. Optar por “Titane” significaba dejar unos cuantos cadáveres exquisitos por el camino, como demuestran los premios de consolación a “Drive My Car”, de Ryosuke Hamaguchi (mejor guion) y “Memoria”, de Apichatpong Weerasethakul (premio del jurado exaequo con el agresivo, extremo alegato antiisraelita del Nadav Lapid de “Habere’ch”), los filmes más redondos de la sección oficial.

Un gesto de resistencia

En las sentidas palabras de agradecimiento de Ducournau, la directora de “Crudo” reconocía que su película no era perfecta. Frente a la incontestable majestuosidad de “Drive My Car” y “Memoria”, su bizarra fantasía cyberpunk, protagonizada por una asesina en serie que se queda embarazada de un coche, reinventa la Nueva Carne cronenbergiana y el debate sobre lo ‘queer’ en la sociedad contemporánea bajo el prisma del cine de horror más extremo y arriesgado que pueda imaginarse. El jurado presidido por Spike Lee ha premiado una película imperfecta, pero sus imperfecciones son todo un gesto de resistencia. Chapeau.

En esa línea, la de premiar películas imperfectas, imposibles y, por tanto, únicas, sorprende que Leos Carax haya ganado el galardón al mejor director por “Annette”. Conocido por su extraordinaria timidez, Carax dejó que los Sparks, autores del libreto musical de su filme, recogieran el premio, lo que no quita la emoción que despierta el reconocimiento oficial a un talento singularísimo que los festivales internacionales siempre habían evitado incluir en sus palmarés. Había una intención clara por parte del jurado por dar un espacio a películas pequeñas que merecían más atención que otros títulos que habían generado más consenso en las plateas de la Croisette. Solo así puede entenderse la dupla del Gran Premio del Jurado: frente al iraní Asghar Farhadi de “A Hero” sacaba el morro una sensible comedia romántica finlandesa, “Compartimento nº6”. En las categorías de mejor interpretación ocurría lo mismo con Caleb Landry Jones por “Nitram” (no pudo articular palabra por la emoción) y Renate Reinsve por “The Worst Person in the World”. La buena noticia del palmarés es que Spike Lee no sucumbió a la imagen preconcebida de él: el #blacklivesmatter quedó para los Oscar.