Cine

«Claret», el arzobispo que Azorín defendió

Dirigida por Pablo Moreno, la cinta reivindica una figura imprescindible, aunque olvidada, de nuestra historia

Escena de "Claret", la nueva película de Pablo Moreno protagonizada por Antonio Reyes
Escena de "Claret", la nueva película de Pablo Moreno protagonizada por Antonio Reyes FOTO: Claret la película

Hay grandes figuras por descubrir en la historia. Personas que dedicaron su vida para que la de otros mejoraran, que sufrieron por romper moldes que hoy no existen y que, sin embargo, el paso del tiempo les ha llevado hacia el olvido o, peor, ha dañado su memoria. Es el caso de Antonio María Claret, un hombre con una vida inmensa, pero cuya historia se ocultó y tergiversó por ser sus ideas y aportaciones contrarias a las de los entonces poderosos. Ahora, Pablo Moreno dirige una película en la que ofrece una alternativa, «la visión que nosotros consideramos verdadera sobre Claret, pero sin querer vender ni adoctrinar, sino contar una historia interesante y reivindicar una figura que nos puede transmitir bastantes cosas hoy día, independientemente de las creencias».

«Claret» llega a los cines para revelar una historia que, en palabras de Antonio Reyes, que interpreta al arzobispo y misionero, «es fundamental». «Hay mensajes de Claret que tienen mucha vigencia», añade Moreno, «como el Black Lives Matter», pues en plena época de esclavitud y racismo, el religioso se encargó de impulsar los matrimonios entre personas de distinto color. «También en cuestiones políticas, puesto que el siglo XIX, como actualmente, fue una época muy rica a nivel cultural, pero en lo político fue un desastre, con mandatarios que no se ponían nunca de acuerdo y que no trabajaban por los ciudadanos, sino por su interés propio», apunta el director.

El de Claret, por tanto «era un pensamiento muy progresista para alguien del siglo XIX», confiesa el director. Por ejemplo, en cuanto a «la separación Iglesia Estado, que tiene que ver con el comportamiento que él tenía cuando le tocó estar en el poder, porque lo tuvo por obligación, pero él no quería ni mezclarse ni formar parte de él», continúa el cineasta. Y añade otro aspecto: «en lo que tiene que ver con la renovación eclesiástica, sabemos que en el siglo XIX la Iglesia estaba muy retrotraída, muy metida en la Sacristía, muy apologética. Sin embargo, Claret supo decir no, abrió las puertas y le dio vida, entendiendo y sabiendo que la Iglesia no se puede reformar sin formar muy bien al clero».

Entre Cuba e Isabel II

La cinta utiliza como hilo narrativo a Azorín (Carlos Cañas), quien en 1930 descubrió hasta qué punto se había propagado un engaño alrededor de la vida de Claret. Al conocerlo, emprendió una investigación en la que destapó una serie de interesantes vivencias. Como fue la de Cuba: el religioso vivió unos años como arzobispo en la que entonces era colonia española. En la cinta, se refleja «cómo los peninsulares lo hicimos mal, se traficaba con humanos pese a que estaba prohibido por las leyes españolas», explica Moreno. «No queremos meter el dedo en la yaga, pero sí decir cómo también hubo personas como Claret, capaces de transformar lo peor en algo bueno».

Con esto, para Reyes, que ha afrontado al personaje «de la forma más humana posible», la época más compleja y dura que vivió Claret fue «la de la Corte». Confesor de Isabel II, el misionero «se sentía enjaulado». «Le condenaron a una prisión pero, como siempre, buscó una salida para poder ayudar, intentando ayudar a la reina y entablando una relación casi paternofilial», explica el actor. «Disfruté muchísimo descubriendo esta época», dice Moreno, «y creo que al espectador también le resultará interesante».

De Salamanca al Vaticano

Tanto para Pablo Moreno como para Antonio Reyes, esta película ha sido un viaje, tanto literal -todas las escenas están rodadas en distintos puntos de España, Cuba es, por ejemplo, Salamanca-, como sentimental. Y sus emociones se multiplicaron especialmente cuando le dieron una copia de la película en DVD al Papa Francisco. “Fue una experiencia muy chula”, recuerda el cineasta, “confiamos en que la vea, pero somos conscientes de que el Papa tiene una agenda apretada”. “Hablar con él es una pasada”, continúa, “se nota que te escucha. Mi familia ha sido de pastores toda la vida y, si se escapaba una oveja la dejaban ir. Pero el Papa no, él sí que es un pastor que va a buscar a la oveja”.